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Martes, Noviembre 24, 2020

PerúSAT-1: Sacarle el jugo

PerúSAT-1: Sacarle el jugo

Por: Antero Flores-Aráoz

Hace pocos años, cuando se cuestionaba la adquisición y luego operación del satélite de observación, bautizado como “PERÚSAT-1”, recordé que cuando estudié hace una década el tema, por la función pública qué en ese entonces desempeñada, nos encontrábamos en la disyuntiva de comprar un satélite o seguir alquilando “imágenes satelitales”.

Nos inclinamos por el alquiler o la adquisición de imágenes satelitales, ello porque era menos onerosos que tener satélite propio y porque siendo rapidísimo el avance tecnológico, en pocos años nos veríamos precisados a sustituir al satélite por otro más moderno ya que el inicial caería en obsolescencia.

Abundando en razones se podrían centralizar la adquisición de imágenes por los organismos públicos, con lo cual se conseguirían mejores precios por el servicio, con ahorro sustantivo al Estado.

Luego en el Gobierno de Ollanta Humana, se decidió adquirir un satélite, opción también valedera, y que hoy se cuestiona por alguna deficiencia del propio satélite o del software que lo acompaña.

Lo antes señalado lleva a preguntarnos, y ahora ¿qué hacer? Lo sensato nos parece determinar inequívocamente la falla, si la hubiera, estudiar el contrato de adquisición del satélite, ver que garantías otorgó el vendedor y los compromisos de Francia como país, y las penalidades que pudieran haberse pactado, para luego exigir a la contraparte el cumplimiento de sus obligaciones.

Como quiera que toda eventualidad también abre ventana de oportunidad, es momento de dilucidar si la información que se tiene gracias al satélite adquirido por el Perú, nos está sirviendo para ubicar los campamentos y columnas de los narcoterroristas en el VRAEM, las pistas de aterrizaje para las avionetas que sacan droga, las caletas en la costa por las que se embarca esta última, los campamentos de minería ilegal en Madre de Dios, así como también los campamentos de explotación ilícita forestal que está depredando nuestros bosques.

Si se concluyera en la investigación que por el ancho de la franja de territorio que se visualiza desde la órbita del satélite y por la cantidad de veces que el mismo recorre el país, no es suficiente para detectar situaciones como las enunciadas en el párrafo anterior, habría que estudiar las posibilidades de ampliación de cobertura directa o mediante convenios de reciprocidad con operadores de satélites de otros países.

Pudiere ser también que la Agencia Espacial del Perú (CONIDA), desde su Centro Nacional de Operaciones de Imágenes Satelitales (CNOIS) en Pucusana, tuviera toda la información necesaria para combatir y terminar con el narcoterrorismo, con la deforestación, con la minería ilegal, e incluso con la prevención de desastres, pero tal información no sea utilizada por las autoridades responsables de todo ello. De ser este el caso, el Gobierno debería poner correctivos, así como la Contraloría y el Congreso, poner en práctica sus prerrogativas fiscalizadoras.

Más allá de todo ello, visitar el CNOIS en Pucusana es una aleccionadora experiencia, no solo por la conservación de sus instalaciones que difiere en términos generales a las de otras entidades públicas, sino también por la mística de servicio que se aprecia en su personal.

PerúSAT-1: Sacarle el jugo

Por: Antero Flores-Aráoz

Hace pocos años, cuando se cuestionaba la adquisición y luego operación del satélite de observación, bautizado como “PERÚSAT-1”, recordé que cuando estudié hace una década el tema, por la función pública qué en ese entonces desempeñada, nos encontrábamos en la disyuntiva de comprar un satélite o seguir alquilando “imágenes satelitales”.

Nos inclinamos por el alquiler o la adquisición de imágenes satelitales, ello porque era menos onerosos que tener satélite propio y porque siendo rapidísimo el avance tecnológico, en pocos años nos veríamos precisados a sustituir al satélite por otro más moderno ya que el inicial caería en obsolescencia.

Abundando en razones se podrían centralizar la adquisición de imágenes por los organismos públicos, con lo cual se conseguirían mejores precios por el servicio, con ahorro sustantivo al Estado.

Luego en el Gobierno de Ollanta Humana, se decidió adquirir un satélite, opción también valedera, y que hoy se cuestiona por alguna deficiencia del propio satélite o del software que lo acompaña.

Lo antes señalado lleva a preguntarnos, y ahora ¿qué hacer? Lo sensato nos parece determinar inequívocamente la falla, si la hubiera, estudiar el contrato de adquisición del satélite, ver que garantías otorgó el vendedor y los compromisos de Francia como país, y las penalidades que pudieran haberse pactado, para luego exigir a la contraparte el cumplimiento de sus obligaciones.

Como quiera que toda eventualidad también abre ventana de oportunidad, es momento de dilucidar si la información que se tiene gracias al satélite adquirido por el Perú, nos está sirviendo para ubicar los campamentos y columnas de los narcoterroristas en el VRAEM, las pistas de aterrizaje para las avionetas que sacan droga, las caletas en la costa por las que se embarca esta última, los campamentos de minería ilegal en Madre de Dios, así como también los campamentos de explotación ilícita forestal que está depredando nuestros bosques.

Si se concluyera en la investigación que por el ancho de la franja de territorio que se visualiza desde la órbita del satélite y por la cantidad de veces que el mismo recorre el país, no es suficiente para detectar situaciones como las enunciadas en el párrafo anterior, habría que estudiar las posibilidades de ampliación de cobertura directa o mediante convenios de reciprocidad con operadores de satélites de otros países.

Pudiere ser también que la Agencia Espacial del Perú (CONIDA), desde su Centro Nacional de Operaciones de Imágenes Satelitales (CNOIS) en Pucusana, tuviera toda la información necesaria para combatir y terminar con el narcoterrorismo, con la deforestación, con la minería ilegal, e incluso con la prevención de desastres, pero tal información no sea utilizada por las autoridades responsables de todo ello. De ser este el caso, el Gobierno debería poner correctivos, así como la Contraloría y el Congreso, poner en práctica sus prerrogativas fiscalizadoras.

Más allá de todo ello, visitar el CNOIS en Pucusana es una aleccionadora experiencia, no solo por la conservación de sus instalaciones que difiere en términos generales a las de otras entidades públicas, sino también por la mística de servicio que se aprecia en su personal.

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