Fundada en 1987 como rama palestina de la Hermandad Musulmana, Hamás —acrónimo de ḥarakat al-muqāwamati al-islāmiyyati (“Movimiento de Resistencia Islámica”)— es una organización política y paramilitar suní, de carácter yihadista, nacionalista e islamista. El 7 de octubre de 2023 perpetró un genocidio en el sur de Israel, lo cual, y según la definición de la Real Academia Española, es el “exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”. La palabra proviene del griego genos (estirpe) y del sufijo latino -cidio (matar).
Organización terrorista para la Unión Europea, Estados Unidos, Suiza, Israel, Argentina, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, la OEA, el Reino Unido, Paraguay y Costa Rica, persigue un objetivo manifiesto: destruir al Estado de Israel y reemplazarlo por un Estado islámico. Eso fue lo que puso en práctica cuando, en ataques que recordaron las tácticas de los Einsatzgruppen nazis, salió a cazar judíos.
Herederos ideológicos del muftí de Jerusalén, Amin al-Husayni, criminal de guerra aliado de Adolf Hitler, Hamás es un compedio de prácticas nazis y métodos medievales comunes a otros grupos yihadistas. Por estas razones, organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional los acusan de cometer crímenes de guerra, torturas, asesinatos y secuestros tanto contra civiles israelíes como palestinos.
Según el investigador y escritor saudí Abdullah bin Bijadal-Otaibi, Hamás es una organización terrorista que viola los derechos humanos y oprime principalmente al pueblo de Gaza. De forma coincidente, la escritora egipcia Dalia Ziada sostiene que la desaparición de Hamás beneficiaría a toda la región y contribuiría a la paz en Oriente Medio.
Es importante recordar el apoyo popular que conservan los postulados de Hamás. Tras la retirada unilateral de Israel de la Franja de Gaza en 2005, el grupo ganó las elecciones legislativas de 2006 y, un año más tarde
dio un golpe de Estado, asesinando a más de 150 militantes de Fatah, entonces partido gobernante. Desde entonces impuso un gobierno autoritario, transformando Gaza en una base yihadista. A raíz de ello, Egipto e Israel establecieron un bloqueo para impedir el ingreso de armamento al enclave controlado por los fundamentalistas.
El respaldo a Hamás no proviene únicamente de sus votantes, sino también de Qatar, Irán y ciertos sectores de Occidente, donde han resurgido manifestaciones de antisemitismo inéditas desde el final del Holocausto, oyéndose llamados al exterminio de Israel y del pueblo judío, así como gestos de complacencia con el yihadismo por parte de gobiernos irresponsables —como los de España, el Reino Unido y Francia— que, al reconocer un Estado inexistente, otorgaron legitimidad a quienes perpetraron los crímenes del 7 de octubre. A ello se suman los subsidios que la Autoridad Palestina concede a terroristas juzgados y encarcelados por asesinar israelíes.
Gaza, con apenas 360 km² y una población de unos dos millones de habitantes (densidad de 5.046 hab./km²), ha recibido a lo largo de los años miles de millones
de dólares de las monarquías del Golfo y de donantes occidentales. Con esos recursos, sus gobernantes podrían haber transformado la Franja en el “Singapur de Oriente Medio”. Conviene recordar que la Ciudad-Estado, con 719,9 km² y 5,7 millones de habitantes, alcanza una densidad de 7.720 hab./km², un 53 % superior a la de Gaza.
Sin embargo, Gaza no es Singapur. Gaza es el escenario del absurdo donde sus autoridades no muestran interés por el bienestar de sus habitantes. Hamás utilizó los fondos recibidos para la construcción de túneles y arsenales de misiles para atacar a civiles israelíes, situando su armamento y centros de mando en instalaciones civiles, hospitales, escuelas, mezquitas, canchas deportivas e incluso sedes de la UNRWA cuyos empleados eran militantes yihadistas.
El fanatismo y el adoctrinamiento antisemita en la población gazatí pesaron más que la razón. La guerra iniciada por Hamás el 7 de octubre de 2023 debe concluir con la liberación de todos los rehenes israelíes —vivos o asesinados en cautiverio— que aún permanecen en manos de sus captores, y con la exclusión definitiva de Hamás y de cualquier grupo fundamentalista de futuros gobiernos palestinos, para impedir nuevos genocidios contra el pueblo israelí.
Las pruebas forenses no dejan lugar a dudas. Sus crímenes, grabados por sus propios autores, fueron celebrados por las multitudes en las calles de Gaza. Violaron, secuestraron, quemaron a familias vivas, degollaron bebes, mutilaron. Asesinato y muerte: ese es el legado de Hamás y sus acólitos que glorifican el genocidio como dogma por lo que son enemigos de los valores occidentales.
Una vez que termine la guerra Gaza deberá ser desnazificada, por el bien de la región y de occidente que comprende que lo ocurrido en el sur de Israel podría repetirse en sus propias ciudades: Madrid, París o Londres, víctimas en el pasado de atentados yihadistas.
(*) Graduado en Educación e Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalem




