Martin Wolf, para el Financial Times, dice que ajustar los desequilibrios externos han sido cada dos décadas desde los años 80. Y hay que añadir a ello los años 20 y 60.
Su reciente nota muestra la importancia de ello.
Este último terminó con el colapso del sistema de Bretton Woods de tipos de cambio fijos pero ajustables y, en última instancia, con un mundo de tipos flotantes.
La primera terminó con una depresión económica global y una guerra mundial y, la creación del sistema de Bretton Woods en 1944.
Un resultado fue el FMI, cuya tarea es ayudar a gestionar estos desequilibrios hoy en día.
¿Por qué la gestión de los desequilibrios globales de la balanza de pagos es tan difícil como tan importante se pregunta Wolf?
Es que abarca innumerables aspectos como el poder nacional, el pleno empleo y la gestión de tipos de cambio.
La era mercantilista de los siglos XVII y XVIII, una época en la que los superávits comerciales se consideraban una medida de fortaleza económica también fue una época de guerra constante.
Hoy, vuelven a ser una fuente poderosa de fricción.
Los años 20 y 30 mostraron como todo puede salir espectacularmente mal.
Tras la Primera Guerra, Estados Unidos se convirtió en la potencia económica dominante a nivel mundial y en el principal país acreedor.
Esto generó fragilidad económica y financiera en los países socios.
La Fed, relajó la política monetaria en 1927.Esto amplió la burbuja bursátil estadounidense y financiera.
El desplome llegó en 1929, el arancel Smoot-Hawley en 1930 y, en plena Gran Depresión, la aparición de Adolf Hitler como canciller alemán en 1933.
Hubo una burbuja inmobiliaria en Japón y China
Alemania se encontró en una situación no muy diferente durante la crisis de la Eurozona.
Alemania puso al Bundesbank, como acreedor.
Los países con superávits estructurales de ahorro frente a la inversión y, por tanto, superávits externos, como China, Alemania y Japón, han construido sus economías en torno a la oferta excesiva de bienes y servicios comercializables.
Así que, tras la crisis de la Eurozona que destruyó la solvencia de sus países deficitarios, los países con déficit dominante se han convertido en Estados Unidos y a Reino Unido, ambos capaces de pedir prestado libremente en sus propias monedas.
En la práctica, Estados Unidos se ha convertido en el principal equilibrador de la balanza de pagos global: sus déficits compensan los superávits en otros lugares.
Los países con déficit tienden a tener dos características problemáticas: una gran expansión del endeudamiento interno y una producción debilitada de bienes y servicios comercializables.
Los problemas se centran en Estados Unidos.
La presidencia de Donald Trump, sus agresivas guerras arancelarias y los esfuerzos de Scott Bessent, el secretario del Tesoro, para sostener la demanda global de bonos del Tesoro estadounidense son todos síntomas de estas dificultades.
También lo es la fragilidad financiera generalizada que observan los observadores preocupados.
El punto fundamental, como insistió John Maynard Keynes dice Wolf, es que ninguno de estos desafíos será gestionado automáticamente por los mercados.
Hay un camino hacia crisis financieras relacionadas en parte con la persistencia obstinada de los desequilibrios y con los roles únicos e, insostenibles de Estados Unidos y Reino Unido, como equilibradores del sistema mundial.
Esto debe cambiar, Wolf señala, pero no sabemos cómo lo hará.



