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Domingo, Noviembre 29, 2020

Por: Ángel Delgado Silva / Como se dice: “Perdieron la chaveta”

Por: Ángel Delgado Silva /  Dicha expresión popular grafica mejor que ninguna otra el absoluto desconcierto, la impresionante pérdida de perspectivas y el abandono total del sentido de realidad, dentro de las filas oficialistas, por la reforma constitucional que elimina la inmunidad para todos los altos funcionarios del Estado.

Lo que empezó como la criollada del inescrupuloso mandatario, tratando de esconder su incompetencia y fracaso frente a la pandemia y la debacle económica, terminó explotando en su cara. Calculó que humillando al Congreso recuperaría su imagen triunfalista y volvería a ser el héroe. Pero “el tiro le salió por la culata”.

Esto suele suceder en política. Los resultados pueden ser desconcertantes. Sin embargo, causa mayúscula sorpresa el farfullo inconexo de sus respuestas, las explicaciones pueriles e ignorantes para lo sucedido. Como si el trauma provocado fuera un pasmo de aturdimiento que les impide reaccionar con coherencia. En el limbo de sus turbaciones deambulan sin rumbo y balbucean frases destempladas y patéticas.

Por eso escuchamos una retahíla de sandeces, mentiras al por mayor, que revelan un pánico descomunal. Vociferan contra la “inconstitucionalidad”, el “golpe de estado” y la “dictadura congresal”: ¡ellos que violentaron la Constitución con descaro para usurpar las potestades legislativas del Congreso y concentrar el poder en un presidencialismo autocrático!. Son muy valientes para exigir que otros se despojen de fueros e inmunidades, pero tiemblan perder los mismos privilegios. ¡Qué distinto Vizcarra de López Obrador!. Podemos discrepar, pero fue él quien presentó el proyecto de ley para eliminar su inmunidad como Presidente de México!.

La falsía arriba a sus extremos cuando sostienen que la administración y la jurisdicción se verán afectadas. El engaño es atroz. Esas funciones permanecerán incólumes y garantizadas. Desaparece sí el Art. 99º constitucional por el cual el Parlamento autorizaba el juzgamiento o no, por la comisión de delitos del Presidente, Ministros, Congresistas, Jueces y Fiscales Supremos, miembros del TC y Defensor del Pueblo. Los que hoy se rasgan las vestiduras, el año pasado nomás rugían vocingleramente contra el blindaje del Congreso a favor del Fiscal Chávarry y el Juez Hinostroza. ¿Recuerdan? ¡Quién entiende tanta estupidez junta!.

Pero la locura pro-gubernamental alcanza su cima cuando la presidenta del TC se vuelve vocera oficiosa de estos disparates. Esto es inaceptable en el Estado de Derecho. Tiene prohibido pronunciarse políticamente y falta a sus deberes de función, opinando sobre una causa que, sin duda, conocerá como magistrada. La Dra. Ledesma viene cometiendo infracciones constitucionales de tracto sucesivo. Y debe ser procesada por ello, ahora.

Personalmente, discrepo con quitar los fueros, congresistas incluidos. Creo que la inmunidad parlamentaria es legítima e inherente al constitucionalismo. Pero me repugnan las maniobras de los mandones de turno, el esquirolaje de la prensa tergiversadora de la verdad y la estulticia argumental de quienes defienden lo indefendible.

Por: Ángel Delgado Silva /  Dicha expresión popular grafica mejor que ninguna otra el absoluto desconcierto, la impresionante pérdida de perspectivas y el abandono total del sentido de realidad, dentro de las filas oficialistas, por la reforma constitucional que elimina la inmunidad para todos los altos funcionarios del Estado.

Lo que empezó como la criollada del inescrupuloso mandatario, tratando de esconder su incompetencia y fracaso frente a la pandemia y la debacle económica, terminó explotando en su cara. Calculó que humillando al Congreso recuperaría su imagen triunfalista y volvería a ser el héroe. Pero “el tiro le salió por la culata”.

Esto suele suceder en política. Los resultados pueden ser desconcertantes. Sin embargo, causa mayúscula sorpresa el farfullo inconexo de sus respuestas, las explicaciones pueriles e ignorantes para lo sucedido. Como si el trauma provocado fuera un pasmo de aturdimiento que les impide reaccionar con coherencia. En el limbo de sus turbaciones deambulan sin rumbo y balbucean frases destempladas y patéticas.

Por eso escuchamos una retahíla de sandeces, mentiras al por mayor, que revelan un pánico descomunal. Vociferan contra la “inconstitucionalidad”, el “golpe de estado” y la “dictadura congresal”: ¡ellos que violentaron la Constitución con descaro para usurpar las potestades legislativas del Congreso y concentrar el poder en un presidencialismo autocrático!. Son muy valientes para exigir que otros se despojen de fueros e inmunidades, pero tiemblan perder los mismos privilegios. ¡Qué distinto Vizcarra de López Obrador!. Podemos discrepar, pero fue él quien presentó el proyecto de ley para eliminar su inmunidad como Presidente de México!.

La falsía arriba a sus extremos cuando sostienen que la administración y la jurisdicción se verán afectadas. El engaño es atroz. Esas funciones permanecerán incólumes y garantizadas. Desaparece sí el Art. 99º constitucional por el cual el Parlamento autorizaba el juzgamiento o no, por la comisión de delitos del Presidente, Ministros, Congresistas, Jueces y Fiscales Supremos, miembros del TC y Defensor del Pueblo. Los que hoy se rasgan las vestiduras, el año pasado nomás rugían vocingleramente contra el blindaje del Congreso a favor del Fiscal Chávarry y el Juez Hinostroza. ¿Recuerdan? ¡Quién entiende tanta estupidez junta!.

Pero la locura pro-gubernamental alcanza su cima cuando la presidenta del TC se vuelve vocera oficiosa de estos disparates. Esto es inaceptable en el Estado de Derecho. Tiene prohibido pronunciarse políticamente y falta a sus deberes de función, opinando sobre una causa que, sin duda, conocerá como magistrada. La Dra. Ledesma viene cometiendo infracciones constitucionales de tracto sucesivo. Y debe ser procesada por ello, ahora.

Personalmente, discrepo con quitar los fueros, congresistas incluidos. Creo que la inmunidad parlamentaria es legítima e inherente al constitucionalismo. Pero me repugnan las maniobras de los mandones de turno, el esquirolaje de la prensa tergiversadora de la verdad y la estulticia argumental de quienes defienden lo indefendible.

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