El ex presidente del Tribunal Constitucional y decano de la Facultad de Derecho de una de las principales universidades del país, resumiendo la situación política y especialmente sobre el significado de la segunda vuelta o balotaje para elegir a quien ejercerá la Presidencia de la República, expresó: “La segunda vuelta no trata de preferencias personales, se decide entre dos modelos, uno fracasado porque empobrece y esclaviza, el otro tiene defectos, pero promueve inversión y empleo”
Nada más cierto que lo expuesto, los candidatos de la segunda vuelta del 7 de junio personifican de acuerdo a sus propias expresiones, planes y discursos, las dos tendencias a que alude Ernesto Álvarez.
El candidato postulado por “Juntos por el Perú” propone cambio de Constitución a una socializante y esclavizante de la persona humana frente al Estado, con economía centralmente dirigida, con intensa intervención estatal, con proposiciones populistas que llevan inexorablemente a la bancarrota, a la inflación, a la pérdida del valor de sueldos y salarios, al crecimiento de la pobreza y de la desesperanza. Ejemplos los tenemos y basta recorrer las calles de cualquier localidad peruana para ver a los venezolanos que huyeron del país llanero buscando otras oportunidades que la Venezuela de Chávez y Maduro les negó y en que la corrupción creció a niveles inenarrables.
Del otro lado está la opción electoral postulada por “Fuerza Popular”, la que propugna el cumplimiento de la Constitución que nos rige, que es la de 1993, cuyo capítulo económico garantiza la inversión, sea pública o privada, iguala el tratamiento de la inversión extranjera con la nacional, respalda la tenencia de moneda extranjera, el respeto a los contratos y por supuesto a los ahorros, rechaza la confiscación de bienes y en general otorga un marco normativo que da confianza en el país para su crecimiento y desarrollo, lo que se traduce en mayor empleo adecuadamente remunerado y bienestar general.
Sin bien es verdad que el modelo al que últimamente nos hemos referido, complementado con la economía social de mercado, es muchísimo mejor que el estatista al que primeramente nos referimos, ciertamente no es perfecto, pero se puede ir perfeccionando en el camino, sobre todo para hacer que, a las personas del alto andino, también les llegue los beneficios sobre todo de la minería, que pasa delante de sus ojos pero que de ella poco les queda. Ciertamente quienes abrigamos los principios social cristianos estamos más prestos a reconocer tales falencias, pero además corregirlas.
Las propuestas de la candidata de “Fuerza Popular” de poner orden, en lo personal complace muchísimo al autor de esta nota pues ella fue nuestra propuesta en el 2016, desde el partido “Orden”, aunque quizás incomprendida en ese momento y el .orden no solo se refiere al cumplimiento de la ley, sino también al orden social y político y a mantener al país libre de la criminalidad organizada como de la delincuencia común, pero también sancionando con severidad todo acto de corrupción.
Entre la certeza de un país en retroceso y la esperanza cierta de un país en progreso, obviamente preferimos esta opción como la valedera.



