27 de mayo de 2026

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Por: Antero Flores-Araoz / Tan cerca pero tan lejos

Ántero Flores-Aráoz

En las últimas semanas hemos tomado conocimiento que los Estados Unidos de América nos han considerado aliados estratégicos fuera de la OTAN y por supuesto desde nuestra patria saludando y aplaudiendo el acercamiento con el país del norte.

Cierto es que estamos en la órbita de influencia de los Estados Unidos y nos conviene estarlo por su poderío, por ser quizás el país más próspero del mundo, porque es un buen socio comercial, porque tenemos celebrado con ellos un más que aceptable tratado de libre comercio y adicionalmente contamos con sus inversiones privadas dentro de nuestro territorio patrio.

Lo expuesto no significa que no tengamos convenientes relaciones diplomáticas y comerciales con infinidad de países del globo y que sigamos propiciando acuerdos comerciales con ellos.

Evidentemente el acercamiento reciente de los Estados Unidos de América no es por generación espontánea, sino como consecuencia de la situación mundial en que requiere de aliados, además de sus inquietudes por el nuevo Puerto de Chancay, de inversiones mixtas, es decir de China y de una minera peruana, aunque siendo puerto comercial y no militar, siempre puede generar suspicacias. Empero nadie impidió que los Estados Unidos hiciesen inversiones portuarias en litoral peruano, pudieron hacerlo, pero no lo hicieron.

Sería conveniente tener presente la realidad y ella es que entre los países no hay hermandad, salvo contadas excepciones, lo que hay son intereses que por supuesto hay que atender en la ida y en la vuelta y no creer tampoco que somos iguales. Somos interesantes por estar en el centro de Sudamérica que nos acerca al Sudeste Asiático, además de tener importantísima riqueza minera vista con sana como también enfermiza envidia.

Los Estados Unidos y nuestra Nación, estamos en el mismo continente, lo que significa vecindad geográfica cercana, pero muy lejos de nuestras diferentes realidades. Mientras en los Estados Unidos se respeta el estado de derecho, en el Perú solo algunas veces. En el país del norte se cumplen las sentencias y más cuando son condenatorias, mientras que en el Perú se huye de la Justicia y lo que es peor, delincuentes con connotación política pasan años prófugos de aquella. Mientras en los Estados Unidos se pagan los impuestos, en el Perú muchos tratan de eludirlos y también evadirlos. Mientras en el país norteño se persigue la corrupción, en el Perú se es condescendiente con ella. Mientras en nuestro socio comercial existe educación de calidad, penosamente en el Perú -salvo honrosas excepciones- deja mucho que desear. Mientras en el país del norte los servicios básicos son eficientes, en el Perú hay grave falencia de ellos.

En cuanto a las inversiones, en Estados Unidos son permisivos para recibirlas de países foráneos como para hacerlas en el exterior. En el Perú se las garantiza en el papel pero en la práctica la tramitología para ello es casi repulsiva.

Como es fácil advertir, tenemos mucha cercanía territorial, pero diferencias notorias y notables en todo lo que hemos ido señalando, lo que nos obliga a mejorar y eso solo se logrará con gobiernos desarrollistas que crean en la inversión generadora de empleo y este de bienestar, lo que de modo alguno se lograría emulando a la Cuba castrista, a la Nicaragua  de Ortega, como tampoco a la Venezuela chavista de Maduro, que felizmente está ya de regreso de su aventura socialista. Ojalá los electores peruanos logren comprenderlo a tiempo, esto es antes del siete de junio.

 

 

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