16 de marzo de 2026

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Por: Bruno de Ayala Bellido / Los 15 minutos dentro de “La Bestia”

Bruno de Ayala Bellido

El cara a cara entre Vladimir Putin y Donald Trump en Alaska ha traído repercusiones que poco a poco veremos reflejadas en el mundo. La posible intervención en Venezuela es solo una de ellas. Desde el cordial saludo, con todos los honores de un jefe de Estado, quedó claro que la orden de captura emitida contra el líder ruso por la Corte Penal Internacional, el 17 de marzo de 2023, por crímenes de lesa humanidad, careció de efecto alguno. Con este gesto conjunto ambos mandatarios dejaron en evidencia lo que realmente piensan de los organismos multilaterales y de sus resoluciones: “a los dueños del mundo solo los juzgan los dioses del Olimpo”.

Está claro que los dos líderes discutieron no solo la guerra de Ucrania con sus asesores y ministros de Relaciones Exteriores. También pusieron sobre la mesa lo urgente y lo más importante de sus agendas. Sin embargo, lo que llamó la atención —y probablemente nunca se sabrá con certeza— fue aquello que conversaron a solas durante quince minutos dentro de La Bestia, el Cadillac presidencial de Donald Trump, super equipado y símbolo del poder estadounidense.

A continuación, hacemos un ejercicio de imaginación para recrear ese diálogo reservado entre dos de los hombres más poderosos del planeta.

Putin: Mira, Donald, en la medida en que tus socios europeos acepten que el Dombás quede bajo nuestra soberanía, podremos plantear un alto al fuego o un armisticio. La garantía de seguridad para Europa es que tú y yo explotemos de manera conjunta los yacimientos energéticos de ambos lados.

Trump: Eso sería lo más conveniente. Son tercos, pero no tienen muchas opciones. Además, podemos reactivar el Nord Stream. Una de mis empresas, en consorcio con alguna europea, lo repara. Tú nos das la concesión del gas para toda Europa por treinta años.

Putin: Esa es la idea. Y claro, sigue pendiente lo de los 300 mil millones de dólares que me tienen congelados.

Trump: Te entiendo. Podría proponerse un cronograma de liberación gradual. A cambio, te vamos levantando las sanciones más duras. Adicionalmente, Vladimir, está el tema de las rutas árticas: voy con todo por Groenlandia.

Putin: Lo de Groenlandia ya lo tienes arreglado con tus socios europeos. A mí, la verdad, sus ínfulas me tienen sin cuidado. Pretenden generalizar la guerra… nunca aprendieron nada.

Trump: ¿Y Xi? ¿Hablaste con él?

Putin: Sí. Piensa que, para septiembre, si todo sigue igual en las negociaciones comerciales, podríamos estar los tres en Pekín.

Trump: Es una posibilidad. Veremos. Otro asunto: voy a movilizar una flota frente a Venezuela. Tú y Xi ya tienen la garantía de María Corina Machado: la deuda será pagada escrupulosamente, pero Maduro tiene que irse. Es una distorsión para el continente.

Putin: Xi lo sabe.

Trump: Lo sabe y está de acuerdo. Lo que importa es que Caracas no se convierta en otra Siria.

Putin: De acuerdo. Aunque recuerda, Donald, que un vacío de poder en Venezuela puede desatar fuerzas que ninguno de nosotros controla.

Trump: Por eso la jugada tiene que ser quirúrgica. Presión militar, salida negociada. Y luego, negocios. Mucho petróleo, mucho oro. América Latina es el tablero que descuidaron tus predecesores y los míos.

Putin: En eso coincidimos. El mundo multipolar no se define en discursos, sino en transacciones. Tú hablas de “América First”, yo de “Rusia Eterna”.

Trump: Exacto, Vladimir. El resto solo son aplausos en la ONU.

Lo que ambos hablaron en esos quince minutos seguirá siendo un misterio. Sin embargo, este ejercicio de ficción nos recuerda que la geopolítica no se decide en comunicados de prensa, sino en conversaciones privadas donde se define el futuro de naciones enteras. En La Bestia no solo viajaban dos presidentes, sino dos visiones del mundo dispuestas a repartirse lo que queda del orden internacional.

(*) Analista de Política Internacional

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