La reciente propuesta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de designar al Perú como “aliado principal fuera de la OTAN” ha puesto al Perú en el centro de una partida geopolítica donde se enfrentan las grandes potencias del siglo XXI: Estados Unidos, China y, en menor medida, Rusia. Pero más allá del titular llamativo, ¿qué significa realmente para Lima esta jugada de Washington y cómo se inserta en un tablero global redefinido por los flujos de comercio y la competencia estratégica?
La categoría de aliado principal no perteneciente a la OTAN no implica entrada en la alianza atlántica, ni obliga a tratados de defensa colectiva como los que rigen entre los 32 miembros de la organización. Sin embargo, sí abre la puerta a beneficios militares, cooperación estratégica y acceso preferencial a contratos de defensa y asistencia especializada con Estados Unidos. En la región, países como Argentina, Brasil y Colombia ya gozan de este estatus, y Perú se convertiría en el cuarto con esa distinción si el Senado estadounidense aprueba la designación.
La motivación de Trump, según los comunicados oficiales, responde a prioridades compartidas: estabilidad regional, lucha contra el narcotráfico y consolidación de la seguridad hemisférica. La medida llega en un contexto donde Washington presiona para contrarrestar influencias externas —especialmente las de China— en América Latina y en infraestructura crítica como puertos y cadenas logísticas.
Perú ya ocupa un lugar destacado en la economía global: su Producto Bruto Interno (PBI) rondó los US$289.2 mil millones en 2024, con proyecciones de crecimiento superiores al promedio regional para 2025.
A diferencia de algunos vecinos, mantiene una inflación controlada y reservas internacionales sólidas, lo que le ha permitido sostener una macroeconomía relativamente estable en un entorno global volátil. El país además participa de múltiples acuerdos comerciales: cuenta con 23 tratados de libre comercio vigentes, incluido uno con Estados Unidos desde 2009 que cubre casi el 98 % de su oferta exportable hacia ese mercado.
Aun así, China ocupa la posición de principal socio comercial de Perú, especialmente en minerales como el cobre, hierro y productos pesqueros, con intercambios que superan con frecuencia a los de Estados Unidos.
Esto se refleja en proyectos estratégicos como el Puerto de Chancay, construido mayoritariamente por la empresa estatal china Cosco Shipping Ports y diseñado para conectar directamente a América del Sur con Asia. Se estima que Chancay podría generar hasta US$4.5 mil millones en actividad económica anual, equivalente a cerca del 1.8 % del PBI, y aliviar la congestión del tradicional Puerto del Callao.
La inauguración de este puerto ha sido saludada por China como un catalizador para el comercio regional, pero también ha generado preocupación en Washington, que teme una mayor penetración estratégica de Pekín en infraestructura clave.
La situación plantea un delicado equilibrio geopolítico y económico para Perú. Por un lado, el acercamiento con Estados Unidos puede traducirse en mayores inversiones, asistencia técnica y apoyo en seguridad, incluidos esfuerzos coordinados contra el crimen organizado transnacional.
Por otro, establecer vínculos demasiado estrechos con Washington podría tensionar la relación con China, que sigue siendo vital para las exportaciones peruanas y ya ha comprometido recursos multimillonarios en infraestructura.
De fondo, la jugada de Trump subraya una realidad ineludible: América Latina es una pieza codiciada en el tablero global, no solo por sus recursos naturales, sino por su posición estratégica en las rutas del comercio mundial. Para Perú, aprovechar este momento significa no solo aceptar invitaciones diplomáticas, sino construir una política exterior y económica que maximice beneficios sin comprometer su soberanía ni su tejido productivo.
En última instancia, los peruanos debemos decidir si pueden jugar con habilidad entre las potencias —como en un ajedrez global— para transformar desafíos en oportunidades reales para su desarrollo sostenible.




