El Tribunal Constitucional (TC) acaba de darle una bofetada al desgastado sistema de justicia: ordenó la excarcelación de Betssy Chávez porque la fiscalía, simplemente, se durmió en los laureles. Pidió la prolongación de la prisión preventiva fuera de plazo. En derecho, eso equivale a cero. Y cuando el Estado llega tarde, la Constitución abre la puerta de la cárcel.
La prisión preventiva no es una condena disfrazada
Lo dice el artículo 274 del Código Procesal Penal: la prisión preventiva es excepcional y su prolongación requiere un pedido expreso antes del vencimiento de la medida inicial. Parece obvio, pero en el Perú lo obvio se vuelve revolucionario. Fiscales y jueces han convertido esta medida en un castigo anticipado, prolongando encierros con excusas de feria: “cuestiones logísticas”, “audiencias reprogramadas”, “desactivación de juzgados”. El TC ha dicho basta.
Los plazos son sagrados
Los plazos procesales no son un adorno, son la muralla que protege la libertad personal. Ignorarlos es abrir la puerta a la arbitrariedad. La fiscalía tenía que presentar su requerimiento con la antelación suficiente. No lo hizo. Y en un Estado de derecho, cuando el fiscal no cumple, pierde. No hay medias tintas.
Juicio sí, arbitrariedad no
Que nadie se confunda: el TC no ha declarado inocente a Betssy Chávez. El juicio por rebelión sigue. Pero debe enfrentarlo en libertad, porque mantenerla en prisión con un mandato vencido sería tan ilegal como injusto. La Constitución no protege simpatías políticas, protege derechos. Y la libertad es el primero de ellos.
Un mensaje claro al poder punitivo
El fallo del TC marca un precedente: la prisión preventiva tiene fronteras temporales, la libertad no espera caprichos fiscales ni demoras judiciales. Los jueces no pueden seguir legitimando el desorden del Ministerio Público. La justicia no es un espectáculo para los titulares, es el cumplimiento estricto de la ley.
El Tribunal Constitucional acaba de recordar lo elemental: la libertad no se mendiga, se respeta. Y se respeta con plazos, con reglas y con Constitución en la mano.
Adiós a las prolongaciones trasnochadas, adiós a las excusas de escritorio, adiós a la prisión preventiva convertida en condena adelantada.
El TC dio la talla.
(*) Abogado y político




