¿Un fantasma recorre Lima? Sí: el fantasma de la izquierda dividida, trastocada y maquillada, que vuelve a pedir el voto como si el país hubiese olvidado los últimos quince años de improvisación, radicalismo y corrupción.
- Juntos por el Perú: los mismos de siempre, con el mismo libreto
De un lado, Juntos por el Perú. Su máximo dirigente, Roberto Sánchez —congresista y socio político de Pedro Castillo— fue hace no mucho el anfitrión entusiasta de Antauro Humala. Cuando Antauro resultó jurídicamente inviable como candidato, Sánchez lo dejó sin candidatura… y sin curul.
Su legado político es claro: cogobernó con el presidente de los sobrinos, con Abel Cabrera, Aníbal Torres, Betsy Chávez y una corte de corruptos de esquina. Hoy pretende pasar a segunda vuelta con el voto del centro y el sur, aunque ninguno de ellos salió a marchar contra la vacancia del golpista Castillo.
Son todos conocidos. Ya gobernaron. Y gobernaron mal: dieciséis meses del peor desastre administrativo de la historia reciente. Si regresan al Congreso o al Ejecutivo, no alterarán el statu quo. Al contrario: serán fácilmente comprables por cualquier empresario con vocación de Sada Goray. No representan un peligro para el poder económico; sí representan un peligro para la lucha anticorrupción.
- Venceremos: la apuesta incierta y el factor Guerra García
Al otro lado, la alianza Venceremos. Su rostro visible es Vicente Alanoca, acompañado por Gustavo Guerra García, un técnico con experiencia en la gestión municipal de Susana Villarán y en el gobierno de Pedro Castillo, y cuyo nombre aparece siempre cerca del extinto “Budian” en el proceso seguido a la exalcaldesa.
Paradójicamente, si Alanoca fuese vacado como presidente, Guerra García podría ser un gobernante aceptable, al menos en términos técnicos. Ese es, quizá, su mejor atributo político: no sería un salto al vacío.
- El ascenso del “candidato sin manchas”: Ronald Atencio
Pero la verdadera sorpresa es Ronald Atencio Sotomayor. Tras la prisión del agitador Guillermo Bermejo, Atencio se ubica como el candidato presidencial natural de Venceremos. No tiene pasado gubernamental, ni escándalos, ni investigaciones. Su hoja de vida es limpia, y eso —precisamente eso— es lo preocupante para la democracia peruana.
Porque un candidato sin vínculos con gobiernos corruptos no solo parece honesto: parece confiable. Y ese barniz de integridad lo vuelve atractivo para un electorado herido, cansado y sediento de caras nuevas.
El problema no es su conducta privada. El problema es su programa público.
Atencio se autodefine marxista. Ha hablado de “conflicto armado interno” y propone retirar el estado de emergencia del VRAEM, una decisión que podría desproteger a las fuerzas del orden en una zona dominada por el narcotráfico y remanentes terroristas.
Propone la nacionalización de los recursos naturales, fórmula que en cualquier país mínimamente serio significa pobreza, fuga de capitales y retroceso económico. ¿Puede un marxista garantizar la inversión nacional y extranjera? ¿Puede promover la industria nacional sin hundir al país en un estatismo ruinoso? La experiencia latinoamericana dice que no.
- La izquierda que vuelve a los barrios
A diferencia de Sánchez o Alanoca, Atencio sí tiene presencia en Lima Metropolitana. Ha hecho mítines en Villa El Salvador y Comas, distritos que en los años 70 y 80 fueron bastiones de la izquierda. Además, cuenta con una red disciplinada de operadores —casi todos abogados de su alma mater— que han comenzado a evangelizar políticamente los conos de la capital.
Ese despliegue no debe subestimarse. En un país de instituciones frágiles, el discurso radical encuentra siempre terreno fértil.
- Conclusión: Atención con Atencio
Ronald Atencio no tiene cuestionamientos personales. Y eso, en el Perú, es casi un milagro. Pero sus convicciones ideológicas desfasadas y sus propuestas económicas inviables sí representan un riesgo real para la democracia, el mercado y la estabilidad que tanto nos ha costado sostener.
Mientras Sánchez recicla el pasado y Alanoca ofrece un futuro incierto, Atencio encarna una izquierda que ya no pide perdón por ser radical: ahora lo celebra.
Atención con Atencio. Porque los fantasmas no asustan cuando son oscuros. Asustan cuando parecen honestos.
(*) Abogado y político




