El 28 de julio, aniversario patrio de la Independencia del Perú, y por una singular coincidencia del destino, en ese mismo mes también se conmemora, el día 23, un aniversario más de la Fuerza Aérea del Perú. En esta fecha, la noble institución rinde homenaje a su héroe máximo, el Teniente del Cuerpo Aeronáutico del Perú José Quiñones Gonzales, quien ofrendó su joven vida durante el conflicto armado con el Ecuador al dirigir su aeronave, dañada por el fuego enemigo, el 23 de julio de 1941, en la zona denominada Quebrada Seca, contra el emplazamiento de un nido de ametralladoras que obstaculizaba el avance de nuestras fuerzas terrestres.
Digo que fue una coincidencia porque el ataque ocurrió apenas unos días antes del aniversario patrio. Pareciera que nuestro joven teniente piloto de caza, de tan solo 27 años, hubiera cumplido aquello que tiempo atrás expresó, como si hubiese vaticinado lo que más adelante se convertiría en el lema de nuestra querida institución: “EL AVIADOR, LLEGADO EL MOMENTO, DEBE IR HASTA EL SACRIFICIO”. Y así lo hizo, sin vacilar. No tuvo tiempo para pensarlo dos veces, pero sí tenía plena conciencia de lo que significaba cumplir la misión encomendada. Con su acción logró destruir el objetivo asignado y alcanzó la gloria mediante el sacrificio de su propia vida.
Este espartano y hermoso lema de honor permanece como guía en la mente de todos los aviadores, cualquiera sea su especialidad. Se encuentra presente en la mayoría de las unidades de la Fuerza Aérea del Perú y, de manera especial, en el Pabellón Central de la Escuela de Oficiales, junto al monumento que perpetúa su memoria como héroe de la Aviación Militar, en el Patio de Honor. Allí, diariamente, los cadetes le rinden los honores correspondientes, repitiendo al unísono la consigna que dejó para la eternidad y que hoy inspira a generaciones enteras. No en vano, quienes conocen su historia lo reconocen como “un héroe joven para la juventud peruana”.
Como es de conocimiento general, con el paso del tiempo fue declarado Héroe Nacional y ascendido póstumamente a los grados de Capitán y, posteriormente, al de Gran General del Aire, en reconocimiento a su extraordinaria acción heroica.
Hoy, la Fuerza Aérea del Perú, gracias a sus capacidades operativas y al constante avance tecnológico, se ha consolidado como una institución sin restricciones de alcance ni barreras geográficas que le impidan llegar, en el menor tiempo posible, a cualquier punto de nuestro variado territorio nacional. Ello le permite brindar apoyo inmediato ante cualquier emergencia que altere la vida cotidiana del país, como terremotos, desbordes de ríos, inundaciones, incendios forestales o fenómenos climatológicos de diversa naturaleza.
Asimismo, está preparada para defender, con decisión y contundencia, la soberanía e integridad territorial de la Nación frente a cualquier amenaza externa o interna que ponga en riesgo los intereses del Perú. En tiempos de paz, contribuye permanentemente al desarrollo socioeconómico del país mediante múltiples acciones en beneficio de la población.
Por todo ello, hoy rendimos un merecido homenaje a la gloriosa Fuerza Aérea del Perú, guardiana permanente de nuestro Ámbito Aeroespacial Nacional y del ciberespacio.
¡Viva la Fuerza Aérea del Perú!
(*) Teniente General FAP en retiro



