Un amigo, que una vez me reclamó mi insistencia en mencionar a Fujimori como el “salvador del Perú” y en defender la Constitución de 1993, me confesó ayer que todos los taxistas con los que habla en sus diarios desplazamientos le dicen que se necesita otro Fujimori.
Por supuesto, le repliqué, pues los taxistas son voceros del sentido común y saben que lo que más le urge al Perú hoy es recobrar el orden, restablecer la legalidad y una economía libre, fundada en disminuir el tamaño del Estado, respetar el derecho de propiedad y un principio de ética social que sistematice constructivamente la relación “persona, sociedad y Estado”.
Los rasgos que caracterizaron al gobierno de Alberto Fujimori, el más exitoso de nuestra historia moderna, fueron: la derrota a Sendero Luminoso cuando parecía invencible; la recuperación de los rehenes del MRTA; la aplicación del Fujishock que sacó al país de la hiperinflación y el caos; la creación de millones de puestos de trabajo; la reducción de la pobreza extrema como nunca antes; y la Constitución de 1993, que ha permitido tres décadas de relativa estabilidad económica.
Lo que sostengo lo repudia violentamente la izquierda caviar, no lo comparte el centro tibio y buena parte de la derecha no se atreve a decirlo en voz alta. Condiciono lo que expongo a lo que realmente opino: considero que el Perú nunca ha sido más ordenado, próspero y seguro que bajo Fujimori y la Constitución de 1993. Hoy, con el parlamentarismo de facto, los jueces y fiscales que liberan sicarios y extorsionadores en tiempo récord, y las mafias controlando calles y mercados, nos hemos convertido en un país donde reina el delito. La extorsión afecta a más de seis millones de peruanos (el 25 % de la población adulta), el sicariato se pasea por Lima y provincias, y los comerciantes, transportistas y taxistas viven aterrorizados. Y pese a que los contribuyentes financiamos una Policía y Fuerzas Armadas escasamente equipadas pero profesionales, los políticos no se atreven a usarlas con mano dura.
Precisamente en este contexto de inseguridad desbocada y corrupción judicial descarada surge con fuerza la figura de Rafael López Aliaga. Muchos taxistas y gente común ven en él al candidato dispuesto a gobernar con la misma mano firme que Fujimori: cadena perpetua real para violadores, sicarios, extorsionadores y corruptos; inteligencia policial reforzada con más de mil millones para interceptar comunicaciones; penales en la selva; jueces y fiscales sin rostro para el terrorismo urbano; expulsión de delincuentes extranjeros y prioridad absoluta a la seguridad en los primeros 100 días.
¿Es posible que López Aliaga, si es elegido, gobierne con igual mano firme, orden y seguridad que Fujimori? En intención y discurso, sí. Su propuesta de shock legislativo contra el crimen organizado, su rechazo al “pacto de impunidad” y su estilo confrontacional encajan con el clamor popular que pide “otro Fujimori” cuando la extorsión y el sicariato aprietan. Las encuestas lo muestran peleando el primer lugar junto a Keiko Fujimori, en un escenario con alto porcentaje de indecisos.
Fujimori lo hizo en 1990 frente a una crisis existencial (hiperinflación + terrorismo). López Aliaga promete hacerlo frente a la crisis actual (crimen organizado + impunidad judicial). No será fácil: enfrentará un Congreso fragmentado y presiones internacionales. Su gestión como alcalde de Lima tuvo avances en obras, inteligencia y cambios profundos.
Sin embargo, si gana, tendrá la oportunidad histórica de demostrar que sí es posible. La mayoría popular, esa que sufre el día a día en la calle, está gritando que quiere orden y resultados concretos. ¿Y yo, reconociendo el legado de Fujimori, debo condenar a quien promete aplicarlo? No, señores; sólo los imbéciles se meten a “cambiar” lo que se hizo bien, o a criticar a quien quiere recuperarlo, sobre todo porque la mayoría de la gente no quiere seguir viviendo en el caos. ¿Y si gana Keiko? Espero que realmente esté preparada para igualar o superar el legado de orden, eficiencia y prosperidad que vivió el Perú entre 1990 y 2000.
¡Votemos razonadamente por lo que más le conviene al Perú!
¡Estamos advertidos!
¡Fraude electoral nunca más en el Perú!
(*) Teniente General FAP




