El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha hecho subir los precios del petróleo, el gas natural y los fertilizantes, entre otras materias primas.
El 13 de abril, Estados Unidos inició su propio bloqueo, casi sin resultados.
Los precios de combustibles y fertilizantes suben y las cosechas se reducen.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU, estima que, si el bloqueo continúa hasta mediados de año, estarán en riesgo 45 millones de vidas adicionales, además de los más de 300 millones de personas que ya luchan por alimentarse.
Y si el Niño se consolida, las cosas podrían empeorar aún más.
El petróleo afecta a cada etapa de la producción de alimentos: plantación, cosecha, procesamiento y transporte.
En los países ricos, la energía representa hasta la mitad de los costes variables de la agricultura.
Los alimentos siguen el precio del crudo, aunque con cierto retraso.
Un agricultor denunció que su granja de verduras y frutas en California, el diésel que utiliza para mover sus tractores ahora cuesta 6,13 dólares por galón, frente a los 3,41 dólares antes de que comenzaran los combates.
Hay problemas entonces con la urea y amoniaco y precios a la suba en 65% y 40%.
Qatar Fertiliser Company, una empresa estatal que produce el 14% de la urea mundial, lleva más de un mes fuera de servicio.
Las plantas en Rusia, el mayor exportador mundial, han sido objetivo de drones ucranianos; las que aún operan están a plena capacidad.
China, la segunda más grande, está recortando exportaciones para proteger su propio suministro interno.
La escasez de gas ha obligado a los productores de fertilizantes en otros países, incluyendo India y Bangladésh, a reducir su producción.
No existe un sistema global de almacenes de fertilizantes, como sí existe para el petróleo.
El momento no podría ser peor.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos espera un cambio del maíz a la soja, que requiere menos fertilizantes.
Unos 500 millones de pequeños agricultores del mundo apenas crecen lo suficiente para alimentar a sus familias Y, no pueden mantener reservas de fertilizante.
El precio de una bolsa de 50 kg de urea ha subido a 2.400 afganos (29 dólares) en su mercado local, desde 2.000 en enero.
El resultado es una «máquina de hambruna a cámara lenta».
El cierre de Hormuz ha atrapado suficientes suministros de alimentos del PMA para alimentar a 4 millones de personas durante un mes.
Los países ricos han recortado sus presupuestos de ayuda últimamente por los gastos de defensa.
Con el petróleo por encima de US$100 dólares barril, la desviación de cultivos hacia biocombustibles podría hacer que los precios de los alimentos subieran aún más.
A diferencia de una hambruna convencional, en la que el hambre se concentra los efectos se distribuirán por todo el mundo, con poca conexión directa con el clima local y las cosechas.
Se cree que más personas han muerto de hambre en Rusia y Ucrania que en el campo de batalla como resultado de ese conflicto.
La guerra en Irán podría ser igual de grave o peor.



