La reciente nota de Martin Wolf señala que las monedas digitales basadas en el dólar ofrecen beneficios para Estados Unidos, pero Gran Bretaña y la UE estarán mejor resistiéndose a ellas. El consejo: no se metan con ello. Clarísimo.
Señala Martin que alguien desde NY, envió dinero a su familia en Inglaterra y no llegó.
Y peor que ello, el banco de destino en el Reino Unido, uno de los mayores del país, no respondía a las consultas.
Parecía blanqueo de capitales. Y el remitente estaba destrozado.
A los 2 meses el dinero apareció en su cuenta y no sabe que paso en el lapso.
Raro dice Wolf, pues en este lado del Atlántico, los transbordos han sido uniformemente fiables y rápidos.
Por ello los estadounidenses dieron la bienvenida al uso de «stablecoins» como alternativa a su sistema bancario. Ello más el coste relativamente alto de los pagos realizados con tarjetas de crédito (cinco veces el de Europa) y el elevado coste de las remesas transfronterizas. Y se señala que ello refleja el (cinco en regular los poderosos oligopolios estadounidenses.
Wolf señala que, Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU., tiene un problema: el enorme volumen de deuda del Tesoro estadounidense que EE. UU. necesita que el mundo mantenga a tipos de interés modestos.
Una solución, es el uso generalizado de stablecoins, denominadas en dólares, no tanto a nivel nacional, sino en todas partes.
Pero Wolf está en desacuerdo con Scott.
Se argumenta por la London Business School, que la adopción generalizada de stablecoins en dólares equivaldría a la privatización del señoreaje por parte de actores globales.
Actores como Standard Chartered, predicen que el sector de stablecoins crecerá de 280.000 millones a 2.000 billones de dólares para 2028.
Su supuesta «estabilidad» probablemente resulte ser una «estafa», en comparación con la de un dólar en efectivo o un banco.
El FMI, la OCDE y el Banco de Pagos Internacionales han manifestado serias preocupaciones.
Curiosamente, este último acoge con satisfacción la idea de la «tokenización»: así, «Al reunir reservas de bancos centrales tokenizados, dinero bancario comercial y activos financieros en el mismo espacio, un libro mayor unificado puede aprovechar todos los beneficios de la tokenización.»
Sin embargo, el BIS también está preocupada de que las stablecoins no cumplan «las tres pruebas clave de uniduría, elasticidad e integridad».
Las stable están muy lejos de cumplir estos requisitos: son opacas, fácilmente utilizables por criminales y de valor incierto.
Supongamos entonces que Estados Unidos va a promover el uso de stablecoins poco regulados, en parte para reforzar el papel dominante del dólar ayudando a financiar sus déficits fiscales.
Por ello el Banco de Inglaterra el mes pasado introdujo un «régimen regulatorio propuesto para stablecoins sistémicos denominados en libras esterlinas», argumentando que el «uso de stablecoins regulados podría conducir a pagos minoristas y mayoristas más rápidos y baratos, con mayor funcionalidad, tanto en casa como a través de fronteras.»
Sí, hay pues razones para aprovechar las posibilidades de las nuevas tecnologías para crear sistemas monetarios y de pagos más rápidos, fiables y seguros.
Pero un sistema que hace promesas fraudulentas de estabilidad facilita políticas fiscales irresponsables y abre la puerta a la criminalidad y la corrupción no es lo que el mundo necesita.
Deberíamos resistirnos. Sentencia Wolf.
Ver: https://www.ft.com/content/a5f4b737-215f-4e40-b6e8-0c3ade7e9a30




