Por: Edgar Alarcón / Las expectativas del discurso por Fiestas Patrias

0
471
Edgar Alarcón Tejada

Por: Edgar Alarcón Tejada / El último discurso presidencial de Martín Vizcarra Cornejo debió ser un discurso de recuento de logros de cara al Bicentenario de la República, con un país boyante, con una institucionalidad democrática sólida y una economía en franco crecimiento, pero no será así.

La pandemia que se ha ensañado con la salud de nuestro pueblo y con la economía nacional, no solo ha puesto en cuidados intensivos a los peruanos, sino al país entero, desnudando serias falencias que ponen en evidencia que, tras dos siglos de vida independiente, seguimos siendo una república inconclusa (como dice Raúl Chanamé Orbe).

Toca al presidente de la República, entonces, este 28 de julio, hacer un balance descarnado, objetivo y enérgico, en el que sincere (como los médicos cuando hablan con los parientes de un paciente en estado comatoso) la real situación de la nación en su conjunto, como consecuencia de la crisis sanitaria que nos ha tocado padecer y, esperamos todos, superar con éxito finalmente.

En efecto, le tocará a él decir cuál es la situación real de nuestro sistema sanitario e iniciar las acciones efectivas para su reorganización total de cara a los decenios que vendrán. Pero también deberá decir cuál es la situación real del plan educativo del presente año, así como cuáles son las brechas que ha dejado en la educación pública esta larga cuarentena que ha afectado más a los que menos tienen.

Luego de tres décadas de ahorros públicos, en cinco meses hemos pulverizado los fondos del erario nacional, sin que hayamos podido contener la ola de muertes en todas las regiones del país. ¿Por qué fallamos tan estrepitosamente? ¿Por qué no se optó por el bono universal recurriendo a los padrones de la Reniec, en lugar de dar bonos parciales usando bases de datos y padrones desactualizados? ¿Cuál es la razón que justifica que no se haya pensado en los miles de emprendedores que, como parte de la economía informal, necesitaban también una inyección de dinero proveniente del Estado para reactivar la economía nacional? ¿Por qué solo se pensó en las grandes empresas ubicadas en Lima y en las grandes ciudades del país y no en los que menos tienen, que son la inmensa mayoría de peruanos? ¿Qué se está haciendo para castigar efectivamente la corrupción imperante, que es el gran mal endémico nacional?

Lo venimos repitiendo desde hace tiempo: en un país en donde superviven castas históricas repletas de privilegios y una inmensa mayoría condenada a una ciudadanía de segunda o de tercera, no es posible hablar de un Estado Constitucional y Democrático de Derecho.

Ciertamente, no será un discurso triunfalista, y le tocará a Martín Vizcarra aguar estas fiestas nacionales, previas al Bicentenario, con verdades crudas que nos pongan a todos de cara al duro espejo de una realidad que nos negamos a reconocer durante tres siglos de vida virreinal y dos siglos de vida independiente.

Luego de medio milenio de un sueño no realizado, toca despertar para finalmente hacer la tarea que nos demanda la historia.

(*) Congresista de la República