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    Por: Javier Valle Riestra / El nefasto militarismo

    Sargentadas, no. No se necesita ser profeta, para vaticinar que los denominados “comicios” del 11 de abril de 2021 terminarán en un desastre. El primer responsable histórico de esto es Martín Vizcarra, ex presidente, que disolvió inconstitucionalmente el Parlamento y se atrevió a convocar a fraudulentas elecciones congresales. Dicho sea de paso, ese sediciente “congreso” no ha tenido ningún líder, ningún caudillo. Ha sido el reino del áurea mediocrita.

    Llegado el día de los comicios –si llegamos- habrá en el Perú un caos en el que terciará el militarismo, tal como lo ha hecho en los siglos XIX y XX. Se instalará una dictadura militar que gobernará sine die. Por eso debemos estar alerta para no caer en las garras de un nuevo manotazo militar. Jorge Basadre nos dice en “Perú Problema y Posibilidad”:

    “El militarismo nace de tres causas: como reconocimiento nacional a los triunfadores en contiendas decisivas o como escarmiento después de la derrota o en situaciones de indecisión política y social (liquidación de una dictadura, defensa desesperada contra la revolución social). En el primer caso se trata de una deuda nacional de triunfo al que se abonan crecidos intereses morales y materiales; o nacional codicia por un negocio de expansión territorial o comercial en el que se agotan capitales de moneda y de espíritu.” Efectivamente, el Perú ha tenido tres tipos de militarismo: el militarismo después de la victoria, el militarismo después de la derrota y se dibujó ya el militarismo de un tercer tipo ¿En qué consiste? En que el Ejército tercia posesionándose del gobierno por supuestos problemas morales, sociales o revolucionarios. Eso no lo podemos permitir. La causa de la causa, como ya dije supra, es Vizcarra. Debería ser procesado penalmente por atentar contra los Poderes del Estado e ir a las ergástulas.

    Desde el principio, el militarismo, a pesar de haber albergado en su seno representantes de las clases altas –en mayor proporción- cumplió antaño una misión democratizadora al encumbrar a indios y mestizos, dándoles la única válvula de ascensión social que podía existir en aquella sociedad feudal. El hecho político fundamental que coincide con el predominio de la clase militar es la sublevación de los cuarteles contra el orden jurídico democrático. No. No vienen años de paz. Tenemos que atenernos a reconocer el caos por venir. Evitemos que las elecciones próximas no sean una farsa y nos dejen a los ciudadanos como polichinelas. ¿Se imaginan ustedes cómo quedará el Perú después del golpe profetizado? El Parlamento disuelto; el Tribunal Constitucional y el Poder Judicial intervenidos. Comenzará algo que creíamos liquidado históricamente: El gobierno de los entorchados.

    Un ejemplo de ese militarismo vino con la dictadura del General Sánchez Cerro, investido del mando el 8 de diciembre de 1931. Ese mismo día comenzó el reino del terror oficial para exterminar al APRA. Se asesinó a centenares de apristas en Lima y otros lugares, singularmente en Chanchan, Trujillo. A raíz de estos hechos canibalescos del sanchezcerrismo, Haya, vislumbrando lo que era este militarote pronunció en la Casa del Pueblo de Trujillo un discurso histórico invitando a la resistencia.

    Esperemos que todo lo que dicho anteriormente no acontezca y que nuestra democracia no sea tan débil como pensamos y que los militares no nos lleguen a gobernar usurpadoramente. Deseo una democraciafuerte, popular y social, de lo contrario este régimen y el que nazca de las urnas nos llevarán al desastre. Invoquemos el espíritu de Haya para darnos un futuro democrático y social.

    “Vamos a probar, una vez más, en el crisol de una realidad dolorosa quizá, la consistencia de nuestra organización, la fe en nuestras conciencias y la sagrada perennidad de nuestra causa.” (VRHT, diciembre de 1931). Sargentos, no.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Sargentadas, no. No se necesita ser profeta, para vaticinar que los denominados “comicios” del 11 de abril de 2021 terminarán en un desastre. El primer responsable histórico de esto es Martín Vizcarra, ex presidente, que disolvió inconstitucionalmente el Parlamento y se atrevió a convocar a fraudulentas elecciones congresales. Dicho sea de paso, ese sediciente “congreso” no ha tenido ningún líder, ningún caudillo. Ha sido el reino del áurea mediocrita.

    Llegado el día de los comicios –si llegamos- habrá en el Perú un caos en el que terciará el militarismo, tal como lo ha hecho en los siglos XIX y XX. Se instalará una dictadura militar que gobernará sine die. Por eso debemos estar alerta para no caer en las garras de un nuevo manotazo militar. Jorge Basadre nos dice en “Perú Problema y Posibilidad”:

    “El militarismo nace de tres causas: como reconocimiento nacional a los triunfadores en contiendas decisivas o como escarmiento después de la derrota o en situaciones de indecisión política y social (liquidación de una dictadura, defensa desesperada contra la revolución social). En el primer caso se trata de una deuda nacional de triunfo al que se abonan crecidos intereses morales y materiales; o nacional codicia por un negocio de expansión territorial o comercial en el que se agotan capitales de moneda y de espíritu.” Efectivamente, el Perú ha tenido tres tipos de militarismo: el militarismo después de la victoria, el militarismo después de la derrota y se dibujó ya el militarismo de un tercer tipo ¿En qué consiste? En que el Ejército tercia posesionándose del gobierno por supuestos problemas morales, sociales o revolucionarios. Eso no lo podemos permitir. La causa de la causa, como ya dije supra, es Vizcarra. Debería ser procesado penalmente por atentar contra los Poderes del Estado e ir a las ergástulas.

    Desde el principio, el militarismo, a pesar de haber albergado en su seno representantes de las clases altas –en mayor proporción- cumplió antaño una misión democratizadora al encumbrar a indios y mestizos, dándoles la única válvula de ascensión social que podía existir en aquella sociedad feudal. El hecho político fundamental que coincide con el predominio de la clase militar es la sublevación de los cuarteles contra el orden jurídico democrático. No. No vienen años de paz. Tenemos que atenernos a reconocer el caos por venir. Evitemos que las elecciones próximas no sean una farsa y nos dejen a los ciudadanos como polichinelas. ¿Se imaginan ustedes cómo quedará el Perú después del golpe profetizado? El Parlamento disuelto; el Tribunal Constitucional y el Poder Judicial intervenidos. Comenzará algo que creíamos liquidado históricamente: El gobierno de los entorchados.

    Un ejemplo de ese militarismo vino con la dictadura del General Sánchez Cerro, investido del mando el 8 de diciembre de 1931. Ese mismo día comenzó el reino del terror oficial para exterminar al APRA. Se asesinó a centenares de apristas en Lima y otros lugares, singularmente en Chanchan, Trujillo. A raíz de estos hechos canibalescos del sanchezcerrismo, Haya, vislumbrando lo que era este militarote pronunció en la Casa del Pueblo de Trujillo un discurso histórico invitando a la resistencia.

    Esperemos que todo lo que dicho anteriormente no acontezca y que nuestra democracia no sea tan débil como pensamos y que los militares no nos lleguen a gobernar usurpadoramente. Deseo una democraciafuerte, popular y social, de lo contrario este régimen y el que nazca de las urnas nos llevarán al desastre. Invoquemos el espíritu de Haya para darnos un futuro democrático y social.

    “Vamos a probar, una vez más, en el crisol de una realidad dolorosa quizá, la consistencia de nuestra organización, la fe en nuestras conciencias y la sagrada perennidad de nuestra causa.” (VRHT, diciembre de 1931). Sargentos, no.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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