Por: Javier Valle Riestra / La oposición totalitaria

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Por: Javier Valler Riestra/El general Juan Francisco Vidal La Hoz (1801-1863)
Por: Javier Valler Riestra

Por: Javier Valle Riestra / La oposición totalitaria / No voy a repetir la letanía de los muy sabidos deméritos del régimen fujimorista: solución de los problemas peruano -ecuatoriano y peruano-chileno, la pulverización del terrorismo etc. tampoco voy a hacer el inventario prolijo de sus deméritos: no haber acatado el habeas corpus en el caso Cesti, haber depuesto por causa baladí a tres miembros del TC, haberse sustraído de la irreversible competencia contenciosa de la Corte Interamericana etc., ni de mis advertencias a Fujimori para que derogase las leyes en entredicho con el Estado Democrático; y, sobre todo, cambiar de conducta, dejar las altanerías y despotismos con que sus áulicos han empañado sus grandes victorias.

Pero, no es el único autoritarismo existente en el Perú. La oposición tiene tendencias totalitarias. Basta leer su prensa. Y ver la guerra sin cuartel que le lanzan a cualquiera que discrepe. Persiguen por pensar. Por reflexionar. Así era en los días de la Inquisición, en que era reo de herejía quien confesaba -por tortura- haber pensado heterodoxamente.

Nunca he presenciado política tan fanatizada. Ni en 1956, en el encuentro entre Belaunde y Prado, en que el APRA resucitó con José Gálvez Berrenechea a la cabeza de la lista senatorial. Ni en los encuentros de 1962, pese a que terminaron en golpe; ni en los de 1963, entre Haya y Belaunde. En aquellos comicios Víctor Raúl, según confesión (en su agonía) del presidente del JNE, Bustamante y Corzo, alcanzó el tercio constitucional.

Y como en 8 de diciembre de 1931, pese a que Sánchez Cerro llegaba a Palacio por el oro y los fusibles, dispuso la obediencia. “este no es un día triste para nosotros vamos a comprobar en el crisol de una realidad dolorosa, quizás, la consistencia de nuestros principios y la sagrada perennidad de nuestra causa”. Era una guerra de intelectuales, contra Abelardo Solís, Luis A. Flores, Carlos Sayán y el fascismo criollo; no una batalla de coprolalia, tal como es hoy. De la hiel se paso a la sangre.

Hace años, fui invitado a una entrevista por radio con Pedro Salinas, y en la estación de comentarios telefónicos, cinco individuos replicaron mis argumentos con injurias, pletóricas de odio. Me tildaron de oportunista, de fujimorista camuflado, de traidor de mis ideales juveniles. Ninguna de mis respuestas satisfacía a los que telefonearon. Querían incondicionalidad en el libreto opositor. No seguirlos era traición, fascismo, claudicación. Les respondí que era mi opinión sincera de abogado y como neutral.