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    Por: Luciano Revoredo / El eterno retorno

    En muchas sociedades primitivas, al vivir muy dependientes y asociados a la naturaleza que es cíclica, viendo el retorno de las estaciones, la sucesión del día y la noche y su repetición, la vuelta de las fases de la luna, etcétera, llegaron a la conclusión que el tiempo también era cíclico y que de forma circular habría un principio del tiempo y un fin. Luego de este fin se volvería a generar a su vez un principio. Y así se repetiría todo lo vivido en un bucle eterno del cual no se puede escapar.

    Muchos filósofos e historiadores han estudiado este asunto. En el mundo moderno sabemos que el tiempo es lineal, que tuvo un inicio y desde allí avanza indefinidamente hacía un solo y definitivo final que ignoramos cuando será. La idea del bucle y la repetición de los acontecimientos de forma fatal e inevitable nos resulta insoportable. Una auténtica pesadilla.

    Este tema fue estudiado en un libro fundamental: El mito del eterno retorno, del historiador, antropólogo y filósofo Mircea Eliade, pero también está presente en la literatura, atormenta al gran Borges y a Hesse, entre otros. Se trata de un concepto fascinante que ha vuelto a tomar vigencia entre nosotros, en estos tiempos audiovisuales y de mainstream digital, en la estupenda serie alemana Dark, que tuvo un éxito inusitado en NETFLIX, pese a la enorme complejidad de su guion.

    Todo este preámbulo viene a nuestra mente cuando quienes vivimos los horrores del senderismo, vemos como nuestra sociedad otra vez frívola y entregada egoístamente a lo suyo, se encuentra al borde del abismo comunista. Como si no hubiéramos aprendido nada. O como si fuese inevitable el retorno.

    Resulta inadmisible para una mente medianamente ilustrada y que tenga alguna información histórica, pensar que haya casi la mitad de los votantes peruanos dispuestos a poner las riendas del país en manos de aliados del terrorismo. Salvo, claro está, que estemos sin saberlo a punto de repetir el drama que costó tantas vidas y lágrimas al Perú y que efectivamente, si bien el tiempo no sea en su totalidad circular, si se dé, que ante ciertas situaciones se repitan ciertos episodios.

    Pero sabemos que más allá de las elucubraciones filosóficas existe algo inherente al hombre que es la libertad y ante ella no existe fuerza alguna que nos pueda imponer la fatalidad.

    La libertad ha de ser nuestra respuesta al estímulo de la posible tiranía. Toda elección otorga un espacio. En ese espacio se mueve irrenunciable nuestra libertad.

    Para enfrentar al terror solo necesitamos nuestra determinación. No ceder ni un milímetro a los enemigos del país. No es momento para los cobardes. Es hora de hablar claro y alto. El Perú será libre o no será.

    De no ser así y si estamos atrapados en un bucle del eterno retorno nos queda un consuelo: ya una vez alguien apellidado Fujimori los venció.

    En muchas sociedades primitivas, al vivir muy dependientes y asociados a la naturaleza que es cíclica, viendo el retorno de las estaciones, la sucesión del día y la noche y su repetición, la vuelta de las fases de la luna, etcétera, llegaron a la conclusión que el tiempo también era cíclico y que de forma circular habría un principio del tiempo y un fin. Luego de este fin se volvería a generar a su vez un principio. Y así se repetiría todo lo vivido en un bucle eterno del cual no se puede escapar.

    Muchos filósofos e historiadores han estudiado este asunto. En el mundo moderno sabemos que el tiempo es lineal, que tuvo un inicio y desde allí avanza indefinidamente hacía un solo y definitivo final que ignoramos cuando será. La idea del bucle y la repetición de los acontecimientos de forma fatal e inevitable nos resulta insoportable. Una auténtica pesadilla.

    Este tema fue estudiado en un libro fundamental: El mito del eterno retorno, del historiador, antropólogo y filósofo Mircea Eliade, pero también está presente en la literatura, atormenta al gran Borges y a Hesse, entre otros. Se trata de un concepto fascinante que ha vuelto a tomar vigencia entre nosotros, en estos tiempos audiovisuales y de mainstream digital, en la estupenda serie alemana Dark, que tuvo un éxito inusitado en NETFLIX, pese a la enorme complejidad de su guion.

    Todo este preámbulo viene a nuestra mente cuando quienes vivimos los horrores del senderismo, vemos como nuestra sociedad otra vez frívola y entregada egoístamente a lo suyo, se encuentra al borde del abismo comunista. Como si no hubiéramos aprendido nada. O como si fuese inevitable el retorno.

    Resulta inadmisible para una mente medianamente ilustrada y que tenga alguna información histórica, pensar que haya casi la mitad de los votantes peruanos dispuestos a poner las riendas del país en manos de aliados del terrorismo. Salvo, claro está, que estemos sin saberlo a punto de repetir el drama que costó tantas vidas y lágrimas al Perú y que efectivamente, si bien el tiempo no sea en su totalidad circular, si se dé, que ante ciertas situaciones se repitan ciertos episodios.

    Pero sabemos que más allá de las elucubraciones filosóficas existe algo inherente al hombre que es la libertad y ante ella no existe fuerza alguna que nos pueda imponer la fatalidad.

    La libertad ha de ser nuestra respuesta al estímulo de la posible tiranía. Toda elección otorga un espacio. En ese espacio se mueve irrenunciable nuestra libertad.

    Para enfrentar al terror solo necesitamos nuestra determinación. No ceder ni un milímetro a los enemigos del país. No es momento para los cobardes. Es hora de hablar claro y alto. El Perú será libre o no será.

    De no ser así y si estamos atrapados en un bucle del eterno retorno nos queda un consuelo: ya una vez alguien apellidado Fujimori los venció.

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