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    Por: Luciano Revoredo / Que las encuestadoras y la mafia no decidan por nosotros

    Tal como lo anunció este diario en un informe, las encuestas dominicales han sido una vergüenza. Previamente en las redes sociales se desató la más grande indignación de los usuarios siendo por dos días tendencia en Twitter el hashtag #IpsosNadieTeCree.

    Los medios bautizados por el ingenio popular como mermeleros, las oenegés de la izquierda caviar, el empresariado mercantilista, Odebrecht, el club de la construcción, la banca usurera, el club de los lagartos y las encuestadoras corruptas están aterrados. El crecimiento de López Aliaga y su estilo frontal los espanta.

    Surge entonces la estrategia de mentir, calumniar, difamar, decir medias verdades acomodadas convenientemente y finalmente el último recurso: falsear las encuestas.

    Las encuestas influyen de manera determinante en la opinión. Pueden destruir una determinada forma de pensar, simplemente mostrando que es impopular o minoritaria. La gente siente temor a sostener opiniones minoritarias, a ser visto como un marginal, a ser objeto de vilipendio por las mayorías. Así, las encuestas se convierten en un mecanismo o círculo vicioso que va demoliendo una posición.

    Las últimas (literalmente) encuestas publicadas quedarán para un inventario de la infamia. El juego vulgar de casi empatar a todos, para luego jugar con el margen de error, el recurso de poner un amplio margen de indecisos para luego decir que a última hora cambiaron sus predicciones, todo eso ya lo conocemos.

    Por otro lado, está lo que los sajones llaman el Bandwagon Effect, traducido al español como el efecto arrastre. Hablamos de la tendencia que induce a muchos a sumarse a lo que piensa o dice la mayoría, por temor, por búsqueda de reconocimiento social o por falta de posiciones propias. El miedo al voto perdido.

    Entonces la estrategia es elemental. Dividir el voto de centro derecha y así quitarle espacio a López Aliaga. ¿Qué hacer? Muy simple, inflar al veterano de Soto y a Keiko Fujimori. Esta última de pronto ha pasado de ser el cuco a ser entrevistada y recomendada por los caviares que antes la odiaban. Por otro lado, se mantiene al chileno-peruano Lescano en la punta.

    ¿Cuál es la idea? Si llegan a la segunda vuelta Lescano o Keiko con de Soto, inclinar la cancha para imponer a de Soto. Si llegasen, cosa muy improbable Lescano y Keiko, reactivar el odio antifujimorista, e imponer a Lescano. Se la están jugando, pero el pueblo ya no cae y sin duda el voto de López Aliaga, que ya se ha solidificado se mantendrá firme en el primer lugar.

    La verdad es que a Keiko la odian y la están utilizando como un alfil en esta jugada. Lescano es su mal menor. El títere perfecto es el octogenario Hernando de Soto. Un hombre al que en campaña hemos visto reblandecido, cuyo único afán es aparentemente satisfacer su ego.

    El Perú está en juego. Hay que votar responsablemente. Estamos en el riesgo de ser Venezuela, o seguir en la inestabilidad de la mermelada y la podredumbre por cinco años más con un gobierno débil acosado por la corrupción.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Tal como lo anunció este diario en un informe, las encuestas dominicales han sido una vergüenza. Previamente en las redes sociales se desató la más grande indignación de los usuarios siendo por dos días tendencia en Twitter el hashtag #IpsosNadieTeCree.

    Los medios bautizados por el ingenio popular como mermeleros, las oenegés de la izquierda caviar, el empresariado mercantilista, Odebrecht, el club de la construcción, la banca usurera, el club de los lagartos y las encuestadoras corruptas están aterrados. El crecimiento de López Aliaga y su estilo frontal los espanta.

    Surge entonces la estrategia de mentir, calumniar, difamar, decir medias verdades acomodadas convenientemente y finalmente el último recurso: falsear las encuestas.

    Las encuestas influyen de manera determinante en la opinión. Pueden destruir una determinada forma de pensar, simplemente mostrando que es impopular o minoritaria. La gente siente temor a sostener opiniones minoritarias, a ser visto como un marginal, a ser objeto de vilipendio por las mayorías. Así, las encuestas se convierten en un mecanismo o círculo vicioso que va demoliendo una posición.

    Las últimas (literalmente) encuestas publicadas quedarán para un inventario de la infamia. El juego vulgar de casi empatar a todos, para luego jugar con el margen de error, el recurso de poner un amplio margen de indecisos para luego decir que a última hora cambiaron sus predicciones, todo eso ya lo conocemos.

    Por otro lado, está lo que los sajones llaman el Bandwagon Effect, traducido al español como el efecto arrastre. Hablamos de la tendencia que induce a muchos a sumarse a lo que piensa o dice la mayoría, por temor, por búsqueda de reconocimiento social o por falta de posiciones propias. El miedo al voto perdido.

    Entonces la estrategia es elemental. Dividir el voto de centro derecha y así quitarle espacio a López Aliaga. ¿Qué hacer? Muy simple, inflar al veterano de Soto y a Keiko Fujimori. Esta última de pronto ha pasado de ser el cuco a ser entrevistada y recomendada por los caviares que antes la odiaban. Por otro lado, se mantiene al chileno-peruano Lescano en la punta.

    ¿Cuál es la idea? Si llegan a la segunda vuelta Lescano o Keiko con de Soto, inclinar la cancha para imponer a de Soto. Si llegasen, cosa muy improbable Lescano y Keiko, reactivar el odio antifujimorista, e imponer a Lescano. Se la están jugando, pero el pueblo ya no cae y sin duda el voto de López Aliaga, que ya se ha solidificado se mantendrá firme en el primer lugar.

    La verdad es que a Keiko la odian y la están utilizando como un alfil en esta jugada. Lescano es su mal menor. El títere perfecto es el octogenario Hernando de Soto. Un hombre al que en campaña hemos visto reblandecido, cuyo único afán es aparentemente satisfacer su ego.

    El Perú está en juego. Hay que votar responsablemente. Estamos en el riesgo de ser Venezuela, o seguir en la inestabilidad de la mermelada y la podredumbre por cinco años más con un gobierno débil acosado por la corrupción.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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