26 de marzo de 2026

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Por: Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**) / Vuelta a lo básico en educación

Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**)

En Suecia, las escuelas han disminuido el uso de herramientas digitales y han retomado la utilización de libros impresos, la escritura a mano y los ejercicios con lápiz y papel. Este cambio representa un giro importante en su política educativa. Llamada “vuelta a lo básico”, la medida responde a inquietudes sobre la caída en el rendimiento académico de los estudiantes, sobre todo en lectura y comprensión, en medio de una digitalización extendida en las aulas. A pesar de que la tecnología no se elimina por completo, ahora se da preferencia al aprendizaje analógico. Es interesante notar que en 2009 el gobierno sueco optó por dejar de lado los libros impresos, pero dieciséis años más tarde ha decidido rectificar esa decisión.

Cuando se discute el exceso de tecnología en las escuelas, usualmente se piensa en los teléfonos inteligentes. Sin embargo, según el neurocientífico Jared Horvath, las laptops que cada estudiante tiene sobre su pupitre son un factor aún más importante. En 2025, Horvath explicó que consumir información a través de pantallas resulta en menor rendimiento académico, atención dispersa y una progresiva disminución del pensamiento analítico.

Horvath señala que, durante los dos últimos siglos, Occidente ha experimentado un progreso generacional sostenido. Por ejemplo, a lo largo del siglo XX se observó un incremento constante en el cociente intelectual (IQ), con cada generación obteniendo aproximadamente seis puntos más que la anterior. Este avance se atribuye principalmente a una educación mejorada; cuanto mayor era el tiempo que los niños dedicaban a la escuela, mayor era el desarrollo de sus capacidades cognitivas.

Sin embargo, según Horvath, algo comenzó a cambiar a partir del año 2000. Por primera vez en la historia de las mediciones estandarizadas del IQ, la Generación Z obtiene puntajes más bajos que los de sus padres en muchas medidas clave del desarrollo cognitivo, desde lecto escritura y aritmética hasta creatividad profunda (deep creativity) e IQ en general. Y, lo que es peor aún, los primeros datos de la Generación Alfa (nacidos después de 2012) sugieren que esta suerte de recesión cognitiva no está disminuyendo, sino que se está acelerando. Algo similar se puede apreciar con los resultados del examen PISA: con caídas de hasta 67 puntos en los últimos 14 años, especialmente en los países más desarrollados.

 

Numerosos expertos han intentado analizar la situación actual. Por ejemplo, Jonathan Haidt atribuye parte del problema al uso de teléfonos inteligentes y redes sociales, ya que incentivan el sedentarismo y el aislamiento social. Por otra parte, hay quienes sostienen que se ha medicalizado en exceso la infancia, considerando cualquier vivencia común como potencial ‘trauma’ y protegiendo demasiado a los niños de dificultades, lo que podría hacerlos menos resilientes ante los desafíos de la vida. De acuerdo con Horvath, estas posturas ponen en discusión la crisis de salud mental en la Generación Z. Si bien algunas investigaciones señalan que hasta un 46% de estos jóvenes han recibido algún diagnóstico de salud mental, aún no se aclara por qué disminuyen sus niveles de aprendizaje.

 

Según Horvath, el factor más relevante ha sido la transformación significativa de la Tecnología Educativa en las últimas dos décadas. Una tecnología inicialmente dirigida a nichos específicos se ha consolidado como una industria global valorada en 400 mil millones de dólares, integrada en múltiples aspectos de la educación infantil. Actualmente, más del 50% de los estudiantes en Estados Unidos utiliza computadoras en la escuela entre una y cuatro horas diarias, mientras que aproximadamente una cuarta parte emplea estos dispositivos por más de cuatro horas durante una jornada escolar estándar de siete horas. Diversas investigaciones indican que menos de la mitad de este tiempo se dedica efectivamente al aprendizaje, y el estudiantado puede distraerse hasta 38 minutos por cada hora de uso de computadoras en el aula. Este fenómeno está impulsado por empresas tecnológicas multinacionales que han optimizado la recopilación de datos y la maximización del tiempo frente a pantalla entre los estudiantes. Muchas plataformas educativas registran comportamientos, elaboran perfiles a largo plazo y aplican diseños orientados a incrementar la interacción digital, similares a los utilizados en aplicaciones como TikTok o Instagram.

Horvath expone la considerable diferencia entre leer un texto en formato impreso frente a hacerlo en una pantalla. Esta disparidad se fundamenta en aspectos biológicos y fisiológicos relacionados con el concepto de espacio. El hipocampo, área clave para la memoria en el cerebro humano, genera un mapa mental del entorno y vincula cada nuevo aprendizaje a una ubicación tridimensional concreta dentro de ese mapa. Cuando se lee un libro, las palabras ocupan posiciones físicas definidas, lo que facilita que los lectores recuerden dónde surgió una idea, incluso si no retienen el contenido exacto. Por el contrario, el texto digital carece de esa estabilidad espacial; al navegar por documentos en computadoras o dispositivos móviles, una palabra puede aparecer en diferentes ubicaciones de la pantalla, dificultando la creación de un punto fijo de referencia. Esta falta de estabilidad impide que el mapa espacial, necesario para sostener la memoria, se mantenga intacto.

¿Es relevante esto para Perú? El Ministerio de Educación considera que la digitalización es clave para cerrar brechas educativas como los bajos resultados en PISA y las diferencias entre áreas rurales y urbanas. La reducción del tiempo frente a las pantallas es claramente una alternativa contraria al discurso predominante, según el cual las políticas públicas consideran que la tecnología contribuirá a cerrar la brecha digital. Sin embargo, como hemos explicado, la evidencia sugiere que estas medidas podrían agravar problemas existentes, ya sea por distracción o deterioro cognitivo. En consecuencia, corresponde al próximo gobierno encomendar al MINEDU la revisión de las acciones emprendidas hasta la fecha y la implementación de los ajustes pertinentes.

(*) Biólogo Molecular de Plantas y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

(**) Biólogo Molecular y Congresista de la República

 

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