1 de setiembre de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Maricarmen Alva Prieto / Gobernar para resolver

El Perú ha iniciado una nueva etapa. Después de diez años marcados por la inestabilidad política, sucesivos enfrentamientos entre poderes y una profunda frustración ciudadana, el país necesita un gobierno que avance, que tome decisiones y que empiece a resolver los problemas que durante demasiado tiempo han quedado pendientes.

Sin embargo, apenas iniciado este nuevo periodo, sectores de la izquierda radical representados en el Congreso no han tardado en asumir una posición de confrontación. Las críticas y los cuestionamientos son legítimos dentro de una democracia, pero no debemos confundir la fiscalización, que es necesaria, con una estrategia permanente de deslegitimación y desestabilización de un gobierno elegido democráticamente.

El Perú no puede volver a perder años en disputas políticas mientras los problemas de los ciudadanos se acumulan. Más allá de sostener el crecimiento económico, atraer inversión y generar empleo, el Gobierno tiene la obligación de atender lo urgente. La inseguridad ciudadana exige resultados concretos. Y también debemos prepararnos adecuadamente frente al Fenómeno El Niño, reduciendo la vulnerabilidad de nuestras ciudades y comunidades y evitando que volvamos a lamentar, por falta de prevención, pérdidas humanas y materiales que pudieron evitarse.

La presentación del gabinete ante el Congreso ha permitido conocer las principales prioridades de esta administración. Es un gabinete del que se espera mucho, no solamente por los nombres que lo integran, sino porque representa una primera oportunidad para demostrar que el Estado puede recuperar capacidad de respuesta. La ciudadanía no espera discursos: espera resultados.

Precisamente por eso, después de la presentación del gabinete, considero indispensable una mayor unidad en la vocería del Ejecutivo y una presencia más activa del presidente del Consejo de Ministros. El Gobierno necesita comunicar con claridad sus prioridades, explicar sus decisiones y defenderlas políticamente. No puede existir una gestión eficaz si cada ministro transmite un mensaje distinto o si las principales decisiones del Ejecutivo no tienen una conducción política visible. El premier debe asumir plenamente ese liderazgo.

Pero gobernar también significa no dejarse arrastrar por la confrontación política. El Gobierno debe escuchar, rendir cuentas y corregir cuando sea necesario. Lo que no puede ocurrir es que la política vuelva a convertirse en una lucha permanente por impedir que el Estado funcione.

La izquierda radical siempre buscará cuestionar las instituciones y desprestigiar la democracia cuando estas no responden a sus intereses. Por eso, quienes creemos en la democracia no podemos perder de vista su defensa. Después de una década de inestabilidad, el Perú merece algo distinto. Merece que la política vuelva a servir para resolver y no para paralizar; para construir y no para destruir. El Gobierno tiene una enorme responsabilidad y una oportunidad que no puede desperdiciar. El Congreso también.

Hoy es tiempo de gobernar. De enfrentar la inseguridad, prevenir los efectos del Fenómeno El Niño, impulsar la economía y recuperar la capacidad del Estado para responder a las necesidades de los peruanos. La ciudadanía ha esperado demasiado. El país necesita resultados, estabilidad y rumbo. Y esa debe ser la prioridad.

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