18 de enero de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Óscar Valdés Dancuart // transición: esperanza o desilusión

El Congreso de la República destituyó por incapacidad moral permanente a la señora Dina Boluarte y de inmediato procedió -con la sucesión constitucional- a nombrar al presidente del Congreso, José Jerí, como encargado de la más alta magistratura del país.

Si bien es cierto, el Poder Legislativo actuó de acuerdo a la  Constitución Política del Perú, los peruanos abrigábamos la esperanza que se nombrara a un representante de los pocos intachables que hay en el actual y desprestigiado Parlamento y no a la persona que representa a la inercia de un devenir donde los partidos que apoyaron a la expresidenta Boluarte, so pretexto de defender la estabilidad del país, son los causantes de la desgracia que padecemos, en cuanto a la inseguridad ciudadana y la pésima gestión en la mayoría de los sectores, y quieren seguir manteniendo el poder alcanzado políticamente y desmarcarse a la vez de la impopularidad de su aliada, a quien ‘apoyaron’ durante todo su gobierno, “matando dos pájaros de un tiro”.

El presidente Jeri, en el periodo que le toque dirigir las riendas del país, deberá primero defenderse de los ataques que provendrán de la presunta acusación por violación sexual a una mujer, aunque haya sido archivado, también sobre su supuesto desbalance patrimonial y sus nexos con una persona cuestionada como es la presidenta de su partido Somos Perú, Patricia Li, de la cual sospecho le va a ser  muy difícil desligarse.

Importante lastre a llevar encima será también la relación del presidente con los partidos políticos que apoyaron su nombramiento y se opusieron a la conformación de una nueva directiva del Congreso que facilitara escoger un presidente honesto y correcto dentro de los pocos congresistas íntegros que existen en el actual Parlamento.

El proceso electoral en marcha y la paralela violencia existente, en cuanto a los actos de sicariato y extorsión, le complicarán la vida a nuestro joven mandatario. Ojalá, el primer ministro y su gabinete

y complementar para combatir la inseguridad y con un proceso electoral limpio, seguro y transparente podamos tener la esperanza de que los peruanos podamos elegir a nuevas autoridades que solucionen los problemas del país en el siguiente periodo de gobierno.

Si el presidente no pone coto y se desmarca eficientemente de las acusaciones de las que será objeto, sobre los casos graves como son la presunta violación sexual y el supuesto desbalance patrimonial, debiendo agregar a ello su “peculiar” comportamiento en redes antes de su elección -siguiendo cuentas con contenidos para adultos- , será muy difícil que pueda gobernar a lo largo y ancho del territorio nacional, donde los ánimos de la población están muy caldeados, desde los tiempos de la señora Boluarte.

Por otro lado, José Jerí debe entender que el Perú no se gobierna desde las redes sociales ni se ejecutan acciones para mostrar a las cámaras y a la opinión pública que el suyo es un nuevo estilo de gestión. ¡Ese es un error garrafal! Pues debe recordar que en 1985 el entonces joven mandatario Alan García comenzó su presidencia con un histrionismo demagogo, que al culminar su primer gobierno dejó al Perú en la ruina.

La actuación del presidente del Consejo de Ministros y su gabinete con un trabajo técnico y eficiente frente a las expectativas de los peruanos podríamos mantener la esperanza que nos entregarán un país menos violento y con unas elecciones seguras, transparentes e imparciales asegurar que no se pierda la esperanza y que esta no pase a ser una nueva desilusión.

Finalmente, como todo buen peruano deseamos que el Gobierno de Transición y Reconciliación Nacional tenga éxito y abrigamos la esperanza e ilusión que elegiremos en el 2026 a nuevas y mejores autoridades que nos lleven al progreso que nos merecemos como nación.

¡Presidente Jerí no se deje manipular por quienes dirigen el Congreso ni por el entorno que lo rodea. Actúe con cordura y firmeza, atendiendo las necesidades de la población, de eso dependerá su éxito o su fracaso!

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