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    Por: Phillip Butters / La cuarentena total y la postergación de las elecciones del 11 de abril

    Evidentemente hay una situación de tensión y nerviosismo en la opinión pública y no le falta razón para desconfiar del Gobierno de Sagasti, y continuamente estar preguntando ¿Nos encuarentenan o no? ¿Van a cerrar otra vez las fronteras o no? ¿Podremos viajar a provincias en autobús o no?

    El hecho es que todas esas preguntas deben ser respondidas precisamente por las autoridades como Sagasti, Violeta Bermúdez o la propia Pilar Mazzetti.

    El problema es la cantidad de veces que se han contradicho y con argumentos muy blandos, por eso la gente pierde confianza y comienza a preguntar a la gente que, en teoría, está muy informada, como nosotros que manejamos medios de comunicación.

    Pero no les podemos mentir. ¡La verdad es que no sabemos!

    La cuarentena total sería un despropósito porque terminaría de quebrar una economía que está fusilada y de nada serviría hacinar a la gente en sus casas, como lo hizo Vizcarra, sabiendo que hay 850 mil personas en Lima que no tienen agua y tienen que comprar de cisternas o en bidones, y por lo menos otro medio millón que tienen agua parcial.

    Esto por no hablar de todo el sector informal que tiene que salir a trabajar a la calle, porque de lo contrario no come. Entonces obvio que una cuarentena cerrada como la que destrozó la economía, esa que hizo el expresidente, no debe pasar.

    El tema es que los peruanos somos como somos y no nos comportamos como gente madura y seria. Por dar un solo ejemplo, el caso de las mayores de edad, las mamás “gorditas” yendo a los mercados a comprar, cuando el sentido común dice que son los hombres, los hijos mayores, los que tienen que ir al mercado con la lista que da la señora de la casa, porque somos los hombres los que tenemos la mayor capacidad de carga, y es una locura llevar a las señoras a los mercados, porque ahí está el primer foco de contagio.

    Peor aún si te subes al metropolitano o al tren eléctrico, sin distancia. Eso seguirá pasando y ahí está el tema. Pero igual, absolutamente cualquier medida restrictiva y de horarios, por dar un ejemplo, cae en saco roto porque no hay pruebas moleculares que permitan saber qué cosa ha pasado con la salud de cada uno de nosotros y de qué manera nos podíamos aislar.

    Parece que esta columna la estoy escribiendo en el mes de abril del año pasado, pero no es así. La verdad es que estamos a la deriva a ese respecto.

    Y en cuanto a la postergación de las elecciones, si la Ministra Pilar Mazzetti ha sido tan irresponsable en decir que vendrán un millón de vacunas, cuando sabemos que en realidad son 450 mil personas las que van a tener la posibilidad de vacunarse, eso se agota con el cuerpo médico, bomberos y policías.

    De ninguna manera habrá cómo vacunar a los presidentes de mesa, a los titulares, a los suplentes, a personeros y a toda la gente de la ONPE y del Jurado Nacional de Elecciones.

    Entonces, se ha generado un incentivo para que la gente vaya a participar desde el punto de vista organizacional, es decir ser miembro de mesa, y el día que le digas a la gente que saldrá sorteada que no va a ser vacunada, simplemente no irá, porque nadie se juega el estar en contacto con 200 o 300 personas que no conoces, en un día. Es como tratar de ser voluntario o irte a la ventanilla del Banco de la Nación, a exponerte a que te dé coronavirus por un cachuelo. Es más sencillo pagar la multa y ya está.

    Lo mismo puedo decir de todos los adultos mayores que van a ver si votan o no.

    Entonces, la postergación de las elecciones de repente no es un hecho cierto, pero el boicot por la omisión, sí. Me refiero a que si más del 40% de los votantes no acuden o no son efectivos esos votos, van a tener que anular las elecciones y se terminará quedando el señor Sagasti y el Partido Morado en Palacio de Gobierno, y seguramente los congresistas se van a extender el mandato de manera excepcional, para ir a la par de los que se quieren quedar en Palacio. Así de sencillo. No hay más.

    El sentido común dice que eso terminará pasando, porque si la ola crece y crece, y se convierte en un tsunami y ya no segunda ola, es obvio que la gente tendrá miedo ir a votar.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Evidentemente hay una situación de tensión y nerviosismo en la opinión pública y no le falta razón para desconfiar del Gobierno de Sagasti, y continuamente estar preguntando ¿Nos encuarentenan o no? ¿Van a cerrar otra vez las fronteras o no? ¿Podremos viajar a provincias en autobús o no?

    El hecho es que todas esas preguntas deben ser respondidas precisamente por las autoridades como Sagasti, Violeta Bermúdez o la propia Pilar Mazzetti.

    El problema es la cantidad de veces que se han contradicho y con argumentos muy blandos, por eso la gente pierde confianza y comienza a preguntar a la gente que, en teoría, está muy informada, como nosotros que manejamos medios de comunicación.

    Pero no les podemos mentir. ¡La verdad es que no sabemos!

    La cuarentena total sería un despropósito porque terminaría de quebrar una economía que está fusilada y de nada serviría hacinar a la gente en sus casas, como lo hizo Vizcarra, sabiendo que hay 850 mil personas en Lima que no tienen agua y tienen que comprar de cisternas o en bidones, y por lo menos otro medio millón que tienen agua parcial.

    Esto por no hablar de todo el sector informal que tiene que salir a trabajar a la calle, porque de lo contrario no come. Entonces obvio que una cuarentena cerrada como la que destrozó la economía, esa que hizo el expresidente, no debe pasar.

    El tema es que los peruanos somos como somos y no nos comportamos como gente madura y seria. Por dar un solo ejemplo, el caso de las mayores de edad, las mamás “gorditas” yendo a los mercados a comprar, cuando el sentido común dice que son los hombres, los hijos mayores, los que tienen que ir al mercado con la lista que da la señora de la casa, porque somos los hombres los que tenemos la mayor capacidad de carga, y es una locura llevar a las señoras a los mercados, porque ahí está el primer foco de contagio.

    Peor aún si te subes al metropolitano o al tren eléctrico, sin distancia. Eso seguirá pasando y ahí está el tema. Pero igual, absolutamente cualquier medida restrictiva y de horarios, por dar un ejemplo, cae en saco roto porque no hay pruebas moleculares que permitan saber qué cosa ha pasado con la salud de cada uno de nosotros y de qué manera nos podíamos aislar.

    Parece que esta columna la estoy escribiendo en el mes de abril del año pasado, pero no es así. La verdad es que estamos a la deriva a ese respecto.

    Y en cuanto a la postergación de las elecciones, si la Ministra Pilar Mazzetti ha sido tan irresponsable en decir que vendrán un millón de vacunas, cuando sabemos que en realidad son 450 mil personas las que van a tener la posibilidad de vacunarse, eso se agota con el cuerpo médico, bomberos y policías.

    De ninguna manera habrá cómo vacunar a los presidentes de mesa, a los titulares, a los suplentes, a personeros y a toda la gente de la ONPE y del Jurado Nacional de Elecciones.

    Entonces, se ha generado un incentivo para que la gente vaya a participar desde el punto de vista organizacional, es decir ser miembro de mesa, y el día que le digas a la gente que saldrá sorteada que no va a ser vacunada, simplemente no irá, porque nadie se juega el estar en contacto con 200 o 300 personas que no conoces, en un día. Es como tratar de ser voluntario o irte a la ventanilla del Banco de la Nación, a exponerte a que te dé coronavirus por un cachuelo. Es más sencillo pagar la multa y ya está.

    Lo mismo puedo decir de todos los adultos mayores que van a ver si votan o no.

    Entonces, la postergación de las elecciones de repente no es un hecho cierto, pero el boicot por la omisión, sí. Me refiero a que si más del 40% de los votantes no acuden o no son efectivos esos votos, van a tener que anular las elecciones y se terminará quedando el señor Sagasti y el Partido Morado en Palacio de Gobierno, y seguramente los congresistas se van a extender el mandato de manera excepcional, para ir a la par de los que se quieren quedar en Palacio. Así de sencillo. No hay más.

    El sentido común dice que eso terminará pasando, porque si la ola crece y crece, y se convierte en un tsunami y ya no segunda ola, es obvio que la gente tendrá miedo ir a votar.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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