30 de abril de 2026

|

Lima: Cargando...

Por Ricardo Sánchez Serra // A un año de su partida, la luz de Gülen sigue viva

Ricardo Sánchez Serra

 

Este 20 de octubre se cumple un año desde la partida física de Efendi Fethullah Gülen, pensador, maestro espiritual y fundador del Movimiento Hizmet. Su ausencia, aunque dolorosa, no ha apagado la llama que encendió en millones de corazones. Porque Gülen no murió: se multiplicó.

Tuve el privilegio de conocerlo en Pensilvania, veinte meses antes de su fallecimiento. Lo que viví en ese encuentro fue más que una visita: fue una experiencia espiritual. Sentí en él la paz de los sabios, la profundidad de los justos, la humildad de los grandes. Su mirada hablaba más que mil discursos. Su silencio enseñaba más que mil libros.

Fue una vivencia que solo he experimentado tres veces en mi vida: al entrar en Jerusalén en 1982, al estrechar la mano del Papa San Juan Pablo II en el Vaticano en 1992, y al mirar a los ojos de Efendi Fethullah Gülen en febrero de 2023. En cada uno de esos momentos, el alma se me estremeció. Sentí que estaba ante una presencia luminosa, una energía que no se explica, pero que transforma.

Efendi Gülen nos deja dos hijos inmortales: sus libros -semillas de sabiduría- y el Movimiento Hizmet, que sigue floreciendo donde hay servicio, educación y paz. Hizmet no es ideología, es entrega. No busca poder, busca propósito. No impone, inspira. Es el Islam que dialoga, que sirve, que transforma.

Conocí Hizmet en el Perú gracias a mi amigo Ángel Sánchez Dueñas, presidente de la Federación de Periodistas del Perú. Él me presentó a Alí, a Görkem, a Emré… y luego conocí a muchos más. Refugiados turcos que llegaron con heridas, pero también con luz. Me enseñaron lo que sé del movimiento: que Hizmet significa “servicio”, y que ese servicio es una forma de amar al prójimo. Me admiró su disciplina, su bondad, su conocimiento. Todas personas buenas. Me solidaricé con su causa, y fui -como muchos- su voz cuando no podían hablar.

Hoy, reafirmo mi solidaridad con los miembros de Hizmet, perseguidos injustamente por el sátrapa Erdogan. Pero ni la injusticia ni el exilio han logrado apagar su llama. Como dijo Gülen: “La opresión puede oscurecer el cielo, pero no puede apagar las estrellas.”

Efendi Gülen desplegó un mito vivo, una ética del servicio, una espiritualidad que no se encierra en templos, sino que se abre al mundo. Como escribió Rumi: “No te conformes con las historias que vienen antes de ti. Despliega tu propio mito.” Gülen lo hizo. Y lo hizo con humildad, con sabiduría, con una fe que no divide, sino une.

También dijo Rumi: “Más allá de las ideas del bien y del mal, hay un campo. Allí te esperaré.” Efendi vivió en ese campo. En ese espacio donde el pensamiento ilumina, el servicio transforma y la fe se convierte en puente.

Su memoria nos convoca. A sembrar luz donde hay sombra. A defender la verdad, incluso cuando duele. A vivir con sentido.

Porque como él escribió: “El verdadero creyente es como la lluvia: donde cae, da vida.” Efendi cayó en nuestras vidas como esa lluvia. Y hoy, su legado nos riega de propósito.

Gracias, Efendi. Tu luz no se apaga. Tu Hizmet vive.

Scroll al inicio