7 de noviembre de 2026

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Por Ricardo Sánchez Serra / Chile da el paso que Lima tiene pendiente: Marruecos gana apoyos en la ONU ¿y el Perú?

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Por Ricardo Sánchez Serra

La diplomacia marroquí acaba de conseguir en Nueva York un pronunciamiento de especial importancia política. En el marco de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, Chile expresó formalmente su apoyo a la soberanía del Reino de Marruecos sobre la totalidad de su territorio, incluida la región del Sáhara Occidental, y consideró la propuesta de autonomía presentada por Rabat en 2007 como una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable.

La declaración tiene un significado que va más allá de una fórmula diplomática. Fue suscrita el 21 de septiembre por los cancilleres de Chile, Francisco Pérez Mackenna, y de Marruecos, Nasser Bourita, en Nueva York, y establece además que Chile hará suyo el contenido de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero hay algo todavía más relevante: Santiago anunció que traducirá ese respaldo político en cooperación económica y comercial en la región del Sáhara marroquí.

Es decir, Chile no se quedó en las palabras.

El comunicado señala expresamente que promoverá oportunidades de inversión, comercio y desarrollo productivo en esa región. Paralelamente, ambos países suscribieron los términos de referencia para avanzar hacia la negociación de un Acuerdo de Libre Comercio Chile-Marruecos, en un año en que celebran 65 años de relaciones diplomáticas.

Y aquí aparece inevitablemente la pregunta para el Perú.

¿Y el Perú?

La interrogante resulta particularmente pertinente porque la presidenta Keiko Fujimori ya expresó públicamente, antes de asumir el Gobierno, una posición favorable a la integridad territorial de Marruecos.

El 14 de julio, durante su encuentro con el embajador marroquí Amín Chaoudri, la entonces presidenta electa manifestó, según informó su propia oficina, la voluntad del próximo Gobierno de respaldar la integridad territorial del Reino y su soberanía sobre las provincias del sur, además de expresar su adhesión a la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad. La información fue recogida también por la Agencia Andina y El Peruano.

No se trata, por tanto, de una cuestión desconocida para Lima. La posición política fue anunciada. Lo que queda pendiente es su traducción en una política exterior de Estado, formal y sostenida.

Y esta es precisamente la diferencia que acaba de mostrar Chile.

Santiago ha convertido una definición diplomática en una hoja de ruta: declaración política, respaldo a una resolución del Consejo de Seguridad, cooperación económica y comercial y apertura de negociaciones para un acuerdo de libre comercio.

El propio canciller Pérez Mackenna ha insistido en que la política exterior chilena debe ser una política de Estado. Días antes de la Asamblea General, al reunirse con el Consejo de Excancilleres, sostuvo que pueden existir diferentes visiones, pero que la defensa de los intereses de Chile ante el mundo debe expresarse con una sola voz.

Ese concepto merece atención en Lima.

Una oportunidad para la diplomacia peruana

El Perú y Marruecos mantienen relaciones diplomáticas desde hace décadas y cuentan con espacios para ampliar significativamente la cooperación. Marruecos constituye una plataforma hacia África y el Perú puede desempeñar un papel de conexión con América del Sur y el Pacífico.

La propia diplomacia marroquí viene planteando una relación basada no solamente en la amistad política, sino también en comercio, inversiones, agricultura, seguridad alimentaria, energías renovables, turismo, educación y cooperación universitaria.

La oportunidad, por tanto, no debería observarse exclusivamente desde la controversia del Sáhara Occidental. Existe una dimensión económica y estratégica mucho más amplia.

Y Chile acaba de demostrarlo.

Su declaración sobre el Sáhara aparece acompañada de una decisión concreta de promover cooperación económica y comercial en las provincias del sur y de avanzar hacia un acuerdo de libre comercio.

De la voluntad a los hechos

El Gobierno peruano tiene ahora una oportunidad para definir qué significa, en términos prácticos, la posición expresada por la presidenta Fujimori.

¿Habrá una declaración oficial de la Cancillería?

¿Se traducirá el respaldo expresado por la presidenta en una política de Estado?

¿Se impulsará una agenda económica y comercial con Marruecos que aproveche las posibilidades que ofrece el mercado marroquí y su proyección hacia África?

¿Se profundizará la cooperación bilateral en agricultura, seguridad, educación, energía, turismo e inversiones?

Son preguntas legítimas dentro de una política exterior que pretenda ser, al mismo tiempo, principista y pragmática.

No se trata de imitar a Chile ni de adoptar automáticamente sus decisiones. Cada país define soberanamente sus posiciones internacionales. Pero sí resulta razonable observar cómo otros Estados convierten sus definiciones diplomáticas en instrumentos concretos de política exterior, con dinamismo.

Y hay otro elemento que no debe perderse de vista. La propia Chile ha señalado que su respaldo al plan de autonomía marroquí se formula dentro del marco de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Ese punto resulta particularmente importante para el Perú, cuya política exterior tradicionalmente ha otorgado especial importancia al derecho internacional y al multilateralismo.

Una decisión que mira hacia el futuro

Marruecos está desarrollando una intensa actividad diplomática para ampliar sus relaciones con América Latina y consolidar apoyos internacionales a su posición sobre el Sáhara. El pronunciamiento chileno constituye un nuevo capítulo de ese esfuerzo.

Para Lima, la cuestión ya no parece ser solamente qué piensa el Perú, sino cómo desea expresar y desarrollar su posición.

La presidenta Fujimori ya abrió la puerta durante la transición. Chile acaba de mostrar una manera concreta de atravesarla.

Ahora corresponde a la diplomacia peruana determinar si aquella voluntad política se convierte en una política exterior activa, coherente y de largo plazo.

Porque en las relaciones internacionales, como en tantas otras cosas, las declaraciones pueden abrir caminos. Pero son las decisiones las que finalmente los convierten en realidad.

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