3 de junio de 2026

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Por: Ricardo Sánchez Serra / Los católicos y cristianos serán perseguidos en el Perú

Ricardo Sánchez Serra

 

El Perú enfrenta un riesgo que toca lo más profundo de su alma: la fe de su pueblo. Antauro Humala, socio político de Roberto Sánchez, candidato a la Presidencia por Juntos por el Perú, ha propuesto reemplazar la Iglesia Católica por una llamada “iglesia tahuantinsuyana”, donde se adore a la Pachamama en lugar de a Jesucristo y se venere a la Virgen María y los santos.

El Perú es un país profundamente cristiano, mayoritariamente católico. Nuestra identidad está marcada por la fe en Jesús y en María, por la devoción a nuestros santos y vírgenes, por las procesiones que unen a millones de corazones. Si se impone este proyecto ideológico, los católicos y cristianos podrían ser perseguidos, obligados a rezar en las catacumbas, como en la antigua Roma.

Sin Señor de los Milagros, no hay Perú

¿Podremos aceptar que ya no haya peregrinaciones a la Virgen de Chapi en Arequipa, a la Virgen de Cocharcas en Apurímac, a la Virgen de la Puerta de Otuzco en La Libertad, a la Virgen de las Mercedes en Piura, a la Virgen de la Candelaria en Puno, a la Virgen del Carmen en Cusco, a la Virgen del Rosario en Cajamarca, a la Virgen de Guadalupe en Ayacucho, a la Virgen de la Asunción en Ancash, o a la Virgen de la Natividad en Huancavelica?

¿Que se prohíban las procesiones del Señor de los Milagros en Lima, del Señor de Luren en Ica, del Señor de Muruguay en Áncash, del Señor del Mar en el Callao y Chimbote, del Señor de Huanca en Cusco, del Señor de Locumba en Tacna, del Señor de Cachuy en Cañete, del Señor de Mayo en Huánuco, del Señor de la Justicia en Junín, o del Señor de la Columna en Lambayeque? Estas manifestaciones de fe son el corazón espiritual del Perú.

¿Y acaso podremos aceptar que se prohíban los rezos a Santa Rosa de Lima, patrona del Perú y de América, y a San Martín de Porres, símbolo de fraternidad y caridad universal? Ellos son parte inseparable de nuestra identidad cristiana y de nuestra historia.

La historia enseña que numerosos movimientos de inspiración socialista o comunista, como la de Juntos por el Perú, han utilizado reformas constitucionales para perpetuarse en el poder. Los casos de Venezuela y Nicaragua son ejemplos evidentes de sistemas donde la alternancia democrática fue sustituida por proyectos políticos de larga duración. Los peruanos tienen el derecho y la obligación de preguntarse si desean correr ese riesgo.

Asimismo, resulta legítimo observar con preocupación los vínculos ideológicos que diversos sectores de la izquierda latinoamericana mantienen con organizaciones como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, cuya agenda política trasciende las fronteras nacionales. El Perú necesita un gobierno comprometido exclusivamente con los intereses de los peruanos y no subordinado a proyectos ideológicos continentales.

Quienes promueven modelos estatistas suelen presentar promesas atractivas, pero la realidad demuestra que el exceso de intervencionismo termina desalentando la inversión, reduciendo la creación de empleo y generando inflación. Las consecuencias las sufren principalmente los sectores más pobres, precisamente aquellos a quienes se dice defender. Venezuela constituye la prueba más dramática: millones de ciudadanos se han visto obligados a abandonar su país en busca de oportunidades y libertad.

Los peruanos queremos un futuro diferente. Queremos un país donde nuestros hijos puedan progresar, emprender, trabajar y vivir en libertad. Queremos instituciones fuertes, respeto a la propiedad privada, seguridad jurídica y una economía capaz de generar oportunidades para todos. Pero, sobre todo, anhelamos seguir elevando nuestras oraciones a las santas advocaciones de la Virgen María y a nuestros santos, y caminar con devoción junto a los Cristos que recorren nuestras calles en procesión. Porque en esas plegarias y pasos está la raíz viva de nuestra fe, la llama de nuestra esperanza y la esencia más profunda de nuestra identidad como pueblo creyente.

Si aman a María, no voten por la persecución

Todavía existe un importante porcentaje de electores indecisos. Ellos deben pensar no solo en economía o seguridad, sino en la fe que nos sostiene como nación. Si aman a Jesús y a María, si veneran al Señor de los Milagros, al Señor de Luren, al Señor de Huanca, al Señor de Cachuy, al Señor de Muruguay, a la Virgen de Chapi, a la Virgen de la Puerta, a la Virgen de la Candelaria, a la Virgen del Carmen o a la Virgen de Guadalupe, deben saber que su libertad religiosa está en juego.

La elección es clara: Cristo o la Pachamama; libertad o persecución; fe viva o silencio en las catacumbas.

Qué paradoja tan dolorosa sería que, teniendo al Papa León XIV —hijo del Perú, que ama entrañablemente a nuestra patria y la bendice con su magisterio—, los católicos y cristianos peruanos fueran perseguidos en su propia tierra. Sería como negar la raíz espiritual que nos une a Cristo y a María, y arrancar del corazón del Perú su identidad más sagrada.

Si se impone la ideología de Juntos por el Perú, se apagará la voz de nuestras oraciones y se intentará arrancar del alma del pueblo peruano la fe en Cristo y la veneración a María. Defender nuestra religión es defender nuestra identidad, nuestra esperanza y nuestro destino eterno.

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