15 de mayo de 2026

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Por: Ricardo Sánchez Serra / Zelensky desenmascarado: la voz de su exvocera revela al dictador oculto

Ricardo Sánchez Serra

La entrevista de Yulia Méndel, exvocera de Volodímir Zelensky, en el programa de Tucker Carlson, fue un terremoto político que Occidente prefirió silenciar. No se trató de rumores externos ni de propaganda rusa: fue la voz de quien estuvo en el círculo íntimo del presidente entre 2019 y 2021, acompañándolo en viajes internacionales y reuniones privadas.

Méndel, hoy residente entre Kiev -creo que si regresa allí la apresan- y Varsovia, lanzó acusaciones demoledoras que en las redes sociales se difundieron con fuerza, mientras los grandes medios y las cúpulas de gobierno las pasaron por agua tibia, como si se quisiera que nadie se enterara.

Lo que dijo no admite ambigüedades. Denunció que Zelensky gobierna como un dictador, asegurando que “envía a sus críticos al frente como castigo”. Lo describió como un actor sin empatía: “es un actor increíble, puede mostrar empatía frente a las cámaras, pero en privado se convierte en un oso grizzly que destruye a las personas”.

Añadió que “todo lo que dice Zelensky son mentiras o manipulaciones”, reforzando la idea de un cabecilla que vive de la ficción y la propaganda. Y estremeció a la audiencia con una frase que revela su estrategia de comunicación: “necesito la propaganda de Goebbels. Necesito miles de bustos parlantes con la propaganda de Goebbels”. Finalmente, relató episodios que apuntan a un consumo habitual de cocaína, señalando que Zelensky se encerraba en el baño antes de entrevistas y salía “como otra persona, lleno de energía”.

Estas acusaciones no son aisladas. El consumo de cocaína era un secreto a voces en Kiev y en el mundo, por sus cambios bruscos de ánimo y testimonios de quienes lo vieron en clubes nocturnos. La referencia a Goebbels se conecta con homenajes oficiales a Stepán Bandera y con la integración a las FFAA del Batallón neonazi Azov, señalado por su brutalidad.

El envío de críticos al frente se suma a las levas forzadas e impopulares que han generado protestas y caos social. Y la persecución a la Iglesia Ortodoxa vinculada a Moscú, con cierres de templos y procesos contra sacerdotes, refuerza la imagen de represión.

Las repercusiones internacionales fueron inmediatas. En Rusia, los medios estatales masificaron la entrevista como prueba de corrupción y nazismo en Kiev. En Estados Unidos, la aparición en Tucker Carlson reforzó la narrativa de sectores republicanos que cuestionan la ayuda multimillonaria a Ucrania y alimentó el debate político sobre la conveniencia de seguir respaldando a Zelensky. En Europa, aunque los grandes medios fueron circunspectos, las acusaciones -fuertes en redes sociales- alimentaron la fatiga de guerra y abrieron un debate cada vez más incómodo sobre la legitimidad de continuar apoyando a un cabecilla cuya imagen democrática se erosiona día tras día.

Pero lo más grave es que Zelensky gobierna con un mandato vencido. De acuerdo con la Constitución ucraniana, su periodo presidencial ya expiró, y al mantenerse en el poder sin elecciones se convierte en un presidente ilegítimo, un dictador que se aferra al cargo bajo el pretexto de la guerra. Esa condición lo coloca en abierta contradicción con los principios democráticos que dice defender y que Occidente insiste en sostener.

 

El mito roto y la verdad desnuda

Como advirtió Henry Kissinger en su célebre reflexión sobre el poder: “Los líderes que se aferran a la guerra para sostener su legitimidad terminan siendo devorados por ella”. La revelación de Méndel confirma que Zelensky no es el héroe que se quiso vender, sino un actor que interpreta un papel mientras detrás del telón se muestra como un gobernante represivo, manipulador y adicto a la propaganda.

Hoy, los escépticos tienen frente a sí la evidencia: Zelensky es un presidente con mandato vencido, un dictador disfrazado de actor, vicioso y vengativo, sostenido por una narrativa que se derrumba.

Y cuando la voz de su propia exvocera lo desenmascara, ya no queda espacio para la duda: el mito se ha roto y el mundo debe reconocer quién es realmente Volodímir Zelensky. No es el héroe que Occidente quiso vender, sino un villano, un gobernante malvado, comparable a los más odiados de la historia, como Hitler, Ceaușescu o incluso Nerón, que confundieron la política con la actuación y el poder con la venganza, dejando tras de sí un legado de ruina y deshonra.

 

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