Quienes estuvimos en la Semana del Clima de Nueva York vimos a un Ministerio del Ambiente que hizo muy bien su trabajo. El ministro del ambiente y su equipo técnicamente bien preparado, presentaron el Paquete País, construido junto a seis gobiernos regionales amazónicos. También defendieron una NDC con 150 medidas y una meta de 179 MtCO₂e al 2035, y buscaron financiamiento para que la conservación deje de ser discurso y llegue a los territorios. El Perú habló con voz técnica, seria y articulada con las regiones. Felicito al MINAM por ello.
Pero mientras en Nueva York se hablaba de bosques, en Montevideo se juzgaba al Perú por no protegerlos. El 24 y 25 de septiembre, la Corte Interamericana celebró por primera vez una audiencia contra el Estado peruano por poner en riesgo la vida de un pueblo en aislamiento: los Mashco Piro. La CIDH otorgó medidas cautelares en 2007 y emitió su informe de fondo en 2022. Ante el incumplimiento del Estado, remitió el caso a la Corte en 2024. Son casi veinte años de concesiones forestales, minería ilegal y tala ilegal sobre un territorio que el propio Estado reconoció. Y la categorización de la Reserva Territorial Madre de Dios como Reserva Indígena sigue pendiente desde 2014, pero los protocolos de protección siguen ausentes. Ahí está mi preocupación. El pedido de facultades legislativas del gobierno plantea modificar la Ley de Áreas Naturales Protegidas. También pone en discusión la restricción de la Ley 28736 sobre el aprovechamiento de recursos en reservas indígenas. Recordemos lo básico. El artículo 68 de la Constitución obliga al Estado a promover la conservación de la diversidad biológica y de las áreas naturales protegidas. El Convenio 169 de la OIT y la Ley 29785 exigen consulta previa ante medidas que afecten derechos colectivos, y un decreto legislativo no es excepción. Los pueblos en aislamiento no pueden ser consultados como los demás: decidieron no ser parte de nuestra sociedad. Por eso rige el principio de no contacto, y su protección debe ser intangible, no negociable por trámite.
Latour nos enseñó que la naturaleza también exige representación política. Los Mashco Piro no se sentarán en ninguna mesa de diálogo; su silencio es su decisión y su derecho. Arendt diría que el primer derecho es el derecho a tener derechos. Con cada norma que firmamos, se lo garantizamos o se lo negamos.
El Perú no puede hablar con dos voces: una que pide fondos para los bosques en Nueva York y otra que los abre por decreto en Lima. Pido coherencia. Que el MINAM, que tan bien nos representó, sea el primero en defender la intangibilidad de las ANP y las reservas indígenas dentro del Consejo de Ministros. Y que la Corte IDH haga justicia para los Mashco Piro, los Yora, los Amahuaca y todos los PIACI. Quiero aprovechar para agradecer la sabiduría ancestral que cura que sana que nos da vida, especialmente a Manari Ushigua líder indígena, sanador tradicional (akameno) y defensor de la selva de la Nación Sápara en la Amazonía, por enseñarme lo importante de la vida, de nuestra naturaleza y el deber moral de defenderla.
Cuidar el planeta empieza por no destruir a quienes mejor lo han cuidado. Gracias por leerme.
(*) Abogada Constitucionalista



