Por un voto consciente e informado

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Juan Sotomayor

Por: Juan Sotomayor / Ayer fue el último día en que se permitió la difusión de encuestas relacionadas a las elecciones congresales extraordinarias del próximo domingo 26 de enero. Al menos eso dice la legislación electoral vigente en el país. Los medios de comunicación formales dejarán de hacer mención pública a encuestas sobre intención de voto, pero la intención de la norma que prohíbe dicha difusión, estará muy lejos de cumplirse.

Ya en el 2019 la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política ha manifestado que esta prohibición es ineficiente, toda vez que por medio de las redes sociales y de manera “privada”, las encuestas siguen circulando; hecho que genera situaciones de desigualdad en el manejo de información relevante, en función de la posibilidad de acceder al internet, sea económica, generacional o derivada de la ubicación de las personas en ámbitos urbanos o rurales.

La objeción no es nueva y trae como propuesta que la difusión pueda realizarse sin restricciones hasta 24 horas antes de los comicios, tal como ocurre en muchos países de larga tradición democrática. Ello ayudaría también a que las encuestadoras formales tengan mayor rigurosidad para realizar sus investigaciones, puesto que la diferencia de siete días de silencio obligatorio, siempre es un pretexto para justificar pronósticos alejados de la realidad.

Como si fuera poco, esta prohibición también promueve la proliferación de encuestas falsas, creadas con la única finalidad de confundir al electorado y sacar del camino a partidos y candidatos con altas posibilidades de ganar en las urnas. Evidentemente, en el anonimato y con el apoyo de la tecnología, es muchísimo más fácil difundir sondeos sin sustento.

La proliferación de encuestas bambas va acompañada de una intensa campaña de ataques orientados a desacreditar la honorabilidad de los candidatos con mayores posibilidades. La conocida guerra sucia. Aquí también ayuda el anonimato, la asombrosa rapidez de las comunicaciones, la desinformación del electorado y la imposibilidad de discernir con la misma rapidez qué parte de lo que se afirma es cierta y qué parte no lo es.

Queda poco tiempo. Hagamos lo posible por ejercer nuestro derecho al voto, de manera informada y consciente, sin dejarnos llevar por mentiras y ataques sin fundamentos. El país lo necesita.