Un encuentro que refleja la hospitalidad qatarí y su vocación de diálogo
Por Ricardo Sánchez Serra
La diplomacia también se construye en los pequeños grandes gestos. Una invitación a compartir, una conversación entre amigos, un encuentro sin solemnidades excesivas y la voluntad de estrechar vínculos pueden decir tanto como una declaración oficial. El Cóctel de Camaradería ofrecido por la Embajada del Estado de Qatar en Lima, a iniciativa del embajador Abdulla bin Jassim Al-Zeyara, constituye precisamente una hermosa expresión de esa tradición.
La cita, celebrada el miércoles 16 de septiembre en la terraza Nau del Hotel InterContinental de Miraflores, reunió a invitados en un ambiente de cordialidad y fraternidad, reflejando una de las características que distinguen a la cultura qatarí: la importancia concedida a la hospitalidad, al encuentro personal y a la construcción de relaciones basadas en el respeto y la confianza.

No se trata solamente de una costumbre social. En el caso de Qatar, la hospitalidad y el diálogo forman parte también de una concepción más amplia de sus relaciones internacionales. El país ha convertido la mediación, los buenos oficios y la solución pacífica de controversias en pilares de su política exterior. El artículo 7 de la Constitución qatarí establece expresamente el principio de promover la paz y la seguridad internacionales mediante la solución pacífica de las controversias.
Esa vocación ha llevado a Qatar, durante las últimas dos décadas, a desempeñar papeles de mediación en conflictos y crisis de distinta naturaleza, procurando mantener abiertos los canales de comunicación incluso entre actores enfrentados. Su diplomacia sostiene que hablar con las partes no significa necesariamente compartir sus posiciones, sino conservar la posibilidad de encontrar caminos hacia un entendimiento.
Es, quizá, una de las particularidades más interesantes de la diplomacia qatarí: no cerrar puertas.

Embajadores César Herrera (Rep. Dominicana), Octavio Ferreira (Paraguay), Flora Venegas, Abdulla Al Zeyara (Qatar) y Newel Settouti (Argelia)
En un mundo donde las diferencias políticas, religiosas, económicas y geopolíticas parecen multiplicarse, mantener abierto un canal de diálogo puede convertirse en un instrumento de enorme valor. Qatar ha participado en procesos relacionados con Afganistán, Gaza, Yemen, Líbano, Sudán y otros escenarios, con resultados y grados de avance diversos. Su Ministerio de Relaciones Exteriores señala que desde 2004 sus esfuerzos de mediación han incluido ceses del fuego, intercambios de prisioneros, liberación de rehenes, diálogos nacionales, solución de disputas fronterizas y acuerdos humanitarios.
Uno de los ejemplos más conocidos fue la facilitación de las conversaciones entre Estados Unidos y los talibanes que culminaron con el acuerdo de Doha de febrero de 2020. Más recientemente, Qatar ha continuado participando junto con otros actores internacionales en esfuerzos diplomáticos relacionados con Gaza y otros conflictos.
Por eso, un encuentro como el organizado en Lima adquiere una dimensión que va más allá de lo protocolar.

Embajadores Sabine Bloch (Alemania), András Beck (Hungría), Iakovos Iakovidi (Grecia), Ek-on Khunacharoen (Tailandia) y Deema Asfouri (Palestina)
La camaradería es, en cierto modo, la versión humana de la diplomacia. Antes de sentarse a negociar, los Estados necesitan conocerse; antes de alcanzar acuerdos, necesitan escucharse; y antes de superar una diferencia, necesitan conservar algún espacio de confianza.
La recepción qatarí transmite justamente ese mensaje.
En la diplomacia, los grandes acuerdos suelen ser el resultado visible de conversaciones que comenzaron mucho antes, quizá en una recepción, alrededor de una mesa, durante un café o en un encuentro informal. Allí nacen muchas veces las confianzas que posteriormente permiten abordar asuntos más complejos.
Qatar parece comprender bien esa lógica.
Su política exterior se presenta oficialmente como independiente, flexible y orientada al diálogo, la diplomacia preventiva, los buenos oficios y la mediación. En palabras de funcionarios qataríes, la mediación requiere acceso, confianza y perseverancia; no consiste en imponer una solución, sino en preservar la posibilidad de que las propias partes puedan alcanzarla.
Y esa filosofía también se percibe en Lima.

Embajador de Rusia, Aleksei Ushakov y embajador de Qatar, Abdulla Al Zeyara
El embajador Abdulla bin Jassim Al-Zeyara, al extender esta invitación a representantes de distintos ámbitos y embajadores, ofreció algo más que un cóctel: un espacio para encontrarse, conversar y fortalecer puentes.
En tiempos de polarización internacional, cuando el diálogo muchas veces es sustituido por la descalificación y la negociación por la confrontación, resulta especialmente valioso que existan países que reivindiquen la conversación como instrumento de política exterior.
La noche qatarí en Lima fue, así, una celebración de la amistad, pero también una pequeña lección diplomática: la paz necesita interlocutores, la confianza necesita encuentros y la fraternidad necesita espacios donde las personas puedan mirarse y escucharse.

Embajador Jorge Raffo, secretario general de la Cancillería, embajador catarí Abdulla Al Zeyara y Ricardo Sánchez Serra

Embajador de Argentina, Samuel Ortiz Basualdo y de Qatar, Abdulla Al Zeyara

Embajadores Ahmad Irham bin Ikmal Hisham (Malasia), Pedro Bravo, encargado de Negocios de Indonesia Ichsan Firdaus y embajadora de Tailandia, Ek-on Khunacharoen.



