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    Respeto y protección legal para la Policía

    Por: Juan Sotomayor
    La inseguridad ciudadana es uno de los problemas que más preocupa a los peruanos. Se trata de un tema muy complejo que debe ser enfrentado desde diferentes ámbitos. Uno de ellos es el de la protección al policía, principal protagonista de la lucha diaria contra la delincuencia.

    Son frecuentes los casos de policías detenidos y enjuiciados por abatir delincuentes en pleno ejercicio de sus funciones. Es evidente que estas situaciones afectan la moral institucional de la PNP y en situaciones concretas, es comprensible que los efectivos policiales duden en sus intervenciones, ante el temor no sólo de ser procesados, sino también por el vejamen que eso significa para ellos y para sus familias.

    También vemos muchas imágenes de agresiones a policías en los últimos tiempos: jóvenes ebrios, choferes que no quieren ser intervenidos,invasores o manifestantes exaltados, familiares de delincuentes que buscan evitar la captura de sus “angelitos”. La más reciente, una mujer que cachetea a un comisario. Imágenes que nos indignan por un momento, pero que de tanto repetirlas sin ver sanciones ejemplares, terminan insensibilizándonos o, peor aún, causando gracia o mofa.

    Hablemos claro. Si es grave cometer delitos, mucho más grave es hacerle daño a quienes lo combaten. Y se le hace daño a la Policía agrediéndola físicamente, pero también abandonándola legalmente incluso cuando se le pretende desacreditar generalizando el accionar de algunos pocos malos elementos que perjudican su imagen institucional.

    Por su parte, el Poder Judicial debería revisar la decisión de calificar como falta y no como delito los insultos, empujones, escupitajos y jalones de uniforme a los policías. Sin descuidar la proporcionalidad de las penas, el propio Estado a través de sus jueces y tribunales, debería contribuir a empoderar e inspirar el respeto que merecen los efectivos policiales.

    Ser policía en nuestros tiempos es una de la labores más difíciles e incomprendidas. Si de veras queremos recuperar el principio de autoridad y la sensación de seguridad en nuestras ciudades, debemos revertir la sensación que la justicia se aplica siempre en beneficio de los delincuentes y no de quienes los combaten. Ya es tiempo que a la policía se le respete y se le proteja de verdad.

    Por: Juan Sotomayor
    La inseguridad ciudadana es uno de los problemas que más preocupa a los peruanos. Se trata de un tema muy complejo que debe ser enfrentado desde diferentes ámbitos. Uno de ellos es el de la protección al policía, principal protagonista de la lucha diaria contra la delincuencia.

    Son frecuentes los casos de policías detenidos y enjuiciados por abatir delincuentes en pleno ejercicio de sus funciones. Es evidente que estas situaciones afectan la moral institucional de la PNP y en situaciones concretas, es comprensible que los efectivos policiales duden en sus intervenciones, ante el temor no sólo de ser procesados, sino también por el vejamen que eso significa para ellos y para sus familias.

    También vemos muchas imágenes de agresiones a policías en los últimos tiempos: jóvenes ebrios, choferes que no quieren ser intervenidos,invasores o manifestantes exaltados, familiares de delincuentes que buscan evitar la captura de sus “angelitos”. La más reciente, una mujer que cachetea a un comisario. Imágenes que nos indignan por un momento, pero que de tanto repetirlas sin ver sanciones ejemplares, terminan insensibilizándonos o, peor aún, causando gracia o mofa.

    Hablemos claro. Si es grave cometer delitos, mucho más grave es hacerle daño a quienes lo combaten. Y se le hace daño a la Policía agrediéndola físicamente, pero también abandonándola legalmente incluso cuando se le pretende desacreditar generalizando el accionar de algunos pocos malos elementos que perjudican su imagen institucional.

    Por su parte, el Poder Judicial debería revisar la decisión de calificar como falta y no como delito los insultos, empujones, escupitajos y jalones de uniforme a los policías. Sin descuidar la proporcionalidad de las penas, el propio Estado a través de sus jueces y tribunales, debería contribuir a empoderar e inspirar el respeto que merecen los efectivos policiales.

    Ser policía en nuestros tiempos es una de la labores más difíciles e incomprendidas. Si de veras queremos recuperar el principio de autoridad y la sensación de seguridad en nuestras ciudades, debemos revertir la sensación que la justicia se aplica siempre en beneficio de los delincuentes y no de quienes los combaten. Ya es tiempo que a la policía se le respete y se le proteja de verdad.

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