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Lunes, Noviembre 30, 2020

Señales de una III Guerra Mundial

A la muerte del general Soleimani por un dron estadounidense y la respuesta iraní de bombardear dos bases militares de EE.UU no han sido seguidas de confrontaciones mayores. La señal de una guerra total es por ahora una interrogante.

Finalmente, parece haber prevalecido la cordura. Al menos hasta ahora. Hace dos días, Java Zarif, canciller iraní, afirmó que Teherán no busca la escalada ni la guerra. Ayer, Donald Trump aseguró que Estados Unidos no quiere utilizar sus misiles. Acá termina una ronda de interacción. Comenzó con una escalada de Trump al asesinar al general Qassem Soleimani y siguió con la retaliación de Irán al atacar dos bases norteamericanas en Irak.

La respuesta de Irán podría haber sido mucho peor, más si se confirma que las bajas fueron prácticamente inexistentes. Irán necesitaba, al mismo tiempo, responder públicamente para calmar a los clérigos y a la sociedad y evitar la escalada hacia una guerra.

Al lanzar sus misiles a Irak, Teherán envió la señal a Estados Unidos de que está en condiciones de responder, pero no fue una señal lo suficientemente costosa para Washington como para impulsarlo a escalar.

 

Espada de Damocles

 

El país del Golfo Pérsico posee más de 500.000 militares en servicio activo, incluidos los 125.000 miembros de las Guardias Revolucionarias de élite, según un informe emitido el año pasado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos. Pero las sanciones y restricciones internacionales a las importaciones de armas han dificultado que Irán desarrolle o compre equipos más sofisticados.

Para compensar el desequilibrio, Irán ha organizado respuestas “asimétricas”: misiles balísticos, drones mortíferos y una red de aliados con milicias en Irak, Siria, el Líbano y Yemen, entre otros; el objetivo es infligir daño y evitar el campo de batalla tradicional.

“Desde una perspectiva militar convencional, serían completamente arrasados”, dijo un excomandante militar británico que pidió no ser identificado debido a la delicadeza del asunto. “Su Ejército convencional -continúo- es muy, muy escaso, bastante viejo y desactualizado. Han gastado todo su dinero en capacidades de ataque asimétrico. En ese sentido, están muy bien preparados”.

 

Hasta ayer, esta estrategia había impedido un conflicto directo con Estados Unidos pese a la escalada de las tensiones.Arabia Saudita, rival de Irán en la región, fue testigo en primera persona del daño que pueden causar los ataques con misiles y drones: recibió el año pasado un ataque a sus instalaciones petroleras que redujo a la mitad la producción y suprimió el 5 % de la oferta mundial de crudo.

Irán ha construido la mayor reserva de misiles balísticos en Oriente Medio. Algunos se basan en los diseños Scud, más antiguos y muy utilizados, con un alcance de al menos 750 kilómetros. Otros, diseñados con similitudes al No Dong de Corea del Norte, pueden alcanzar hasta 2.000 kilómetros y llegar hasta Israel o el sudeste de Europa, según un informe de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos del año pasado.

Las Guardias Revolucionarias cuentan con una flota de lanchas rápidas armadas con misiles y con submarinos enanos que pueden desplegar contra buques militares estadounidenses o petroleros. Esto les da el poder de interrumpir el flujo de petróleo en aguas del Golfo Pérsico. “Si miras los barcos, tanques y aviones de combate, Irán parece muy débil. Pero si te fijas en los misiles antibuque, misiles balísticos, vehículos aéreos no tripulados y cosas así, entonces parece mucho más capaz”, dijo Jeremy Binnie, editor de Oriente Medio y África para el Jane’sDefenseWeekly.

La flota de vehículos aéreos no tripulados (UAV, por sus siglas en inglés) de Irán puede usarse para vigilancia, pero también admiten explosivos. “En el Golfo Pérsico, Irán no necesita tener grandes barcos, no le hacen falta fragatas y destructores. Las lanchas rápidas y los botes con cañones y misiles pueden hacer el trabajo”, dijo Hossein Aryan, analista militar que sirvió 18 años en la marina de Irán antes y después de la Revolución Islámica de 1979.

Los líderes de Irán han prometido represalias contundentes por la muerte de Qassem Soleimani, un héroe nacional para muchos iraníes, aunque los Gobiernos occidentales lo consideraban una figura peligrosa.

Más de 5.000 soldados estadounidenses están en Irak junto con otras fuerzas extranjeras como parte de una guerra y  coalición que ha entrenado y apoyado a las fuerzas de seguridad iraquíes contra la amenaza de los combatientes de Estado Islámico.

El Ejército estadounidense también tiene soldados en bases de Kuwait, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, que alberga la base aérea Al-Udeid, la instalación militar estadounidense más grande de la región. Baréin aloja la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos.

El grupo libanés Hezbolá, junto con un puñado de las milicias iraquíes estrechamente aliadas con Irán, ya se ha comprometido a vengarse de las fuerzas estadounidenses por la muerte de Soleimani. A todas luces, el desequilibrio de fuerzas es inmenso. Pero eso no evita que el panorama se vuelva cada vez más complejo.

A la muerte del general Soleimani por un dron estadounidense y la respuesta iraní de bombardear dos bases militares de EE.UU no han sido seguidas de confrontaciones mayores. La señal de una guerra total es por ahora una interrogante.

Finalmente, parece haber prevalecido la cordura. Al menos hasta ahora. Hace dos días, Java Zarif, canciller iraní, afirmó que Teherán no busca la escalada ni la guerra. Ayer, Donald Trump aseguró que Estados Unidos no quiere utilizar sus misiles. Acá termina una ronda de interacción. Comenzó con una escalada de Trump al asesinar al general Qassem Soleimani y siguió con la retaliación de Irán al atacar dos bases norteamericanas en Irak.

La respuesta de Irán podría haber sido mucho peor, más si se confirma que las bajas fueron prácticamente inexistentes. Irán necesitaba, al mismo tiempo, responder públicamente para calmar a los clérigos y a la sociedad y evitar la escalada hacia una guerra.

Al lanzar sus misiles a Irak, Teherán envió la señal a Estados Unidos de que está en condiciones de responder, pero no fue una señal lo suficientemente costosa para Washington como para impulsarlo a escalar.

 

Espada de Damocles

 

El país del Golfo Pérsico posee más de 500.000 militares en servicio activo, incluidos los 125.000 miembros de las Guardias Revolucionarias de élite, según un informe emitido el año pasado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos. Pero las sanciones y restricciones internacionales a las importaciones de armas han dificultado que Irán desarrolle o compre equipos más sofisticados.

Para compensar el desequilibrio, Irán ha organizado respuestas “asimétricas”: misiles balísticos, drones mortíferos y una red de aliados con milicias en Irak, Siria, el Líbano y Yemen, entre otros; el objetivo es infligir daño y evitar el campo de batalla tradicional.

“Desde una perspectiva militar convencional, serían completamente arrasados”, dijo un excomandante militar británico que pidió no ser identificado debido a la delicadeza del asunto. “Su Ejército convencional -continúo- es muy, muy escaso, bastante viejo y desactualizado. Han gastado todo su dinero en capacidades de ataque asimétrico. En ese sentido, están muy bien preparados”.

 

Hasta ayer, esta estrategia había impedido un conflicto directo con Estados Unidos pese a la escalada de las tensiones.Arabia Saudita, rival de Irán en la región, fue testigo en primera persona del daño que pueden causar los ataques con misiles y drones: recibió el año pasado un ataque a sus instalaciones petroleras que redujo a la mitad la producción y suprimió el 5 % de la oferta mundial de crudo.

Irán ha construido la mayor reserva de misiles balísticos en Oriente Medio. Algunos se basan en los diseños Scud, más antiguos y muy utilizados, con un alcance de al menos 750 kilómetros. Otros, diseñados con similitudes al No Dong de Corea del Norte, pueden alcanzar hasta 2.000 kilómetros y llegar hasta Israel o el sudeste de Europa, según un informe de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos del año pasado.

Las Guardias Revolucionarias cuentan con una flota de lanchas rápidas armadas con misiles y con submarinos enanos que pueden desplegar contra buques militares estadounidenses o petroleros. Esto les da el poder de interrumpir el flujo de petróleo en aguas del Golfo Pérsico. “Si miras los barcos, tanques y aviones de combate, Irán parece muy débil. Pero si te fijas en los misiles antibuque, misiles balísticos, vehículos aéreos no tripulados y cosas así, entonces parece mucho más capaz”, dijo Jeremy Binnie, editor de Oriente Medio y África para el Jane’sDefenseWeekly.

La flota de vehículos aéreos no tripulados (UAV, por sus siglas en inglés) de Irán puede usarse para vigilancia, pero también admiten explosivos. “En el Golfo Pérsico, Irán no necesita tener grandes barcos, no le hacen falta fragatas y destructores. Las lanchas rápidas y los botes con cañones y misiles pueden hacer el trabajo”, dijo Hossein Aryan, analista militar que sirvió 18 años en la marina de Irán antes y después de la Revolución Islámica de 1979.

Los líderes de Irán han prometido represalias contundentes por la muerte de Qassem Soleimani, un héroe nacional para muchos iraníes, aunque los Gobiernos occidentales lo consideraban una figura peligrosa.

Más de 5.000 soldados estadounidenses están en Irak junto con otras fuerzas extranjeras como parte de una guerra y  coalición que ha entrenado y apoyado a las fuerzas de seguridad iraquíes contra la amenaza de los combatientes de Estado Islámico.

El Ejército estadounidense también tiene soldados en bases de Kuwait, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, que alberga la base aérea Al-Udeid, la instalación militar estadounidense más grande de la región. Baréin aloja la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos.

El grupo libanés Hezbolá, junto con un puñado de las milicias iraquíes estrechamente aliadas con Irán, ya se ha comprometido a vengarse de las fuerzas estadounidenses por la muerte de Soleimani. A todas luces, el desequilibrio de fuerzas es inmenso. Pero eso no evita que el panorama se vuelva cada vez más complejo.

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