“Takiyninchi” o cantares del Perú profundo

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Ugo Carrillo Cavero

Antropólogo y cantautor quechuablante”, Ugo Carrillo Cavero, publica monumental obra sobre la memoria musical de los Inkas

POR: VÍCTOR ALVARADO

El cantar kechwa, a diferencia del cliché que lo moteja de triste o llorón, es fundamentalmente alegre, festivo, carnavalesco, de múltiples géneros y subgéneros musicales, como lo sustenta uno de sus más acérrimos difusores, el apurimeño Ugo Carrillo Cavero,  poeta, cantautor, cantante quechuahablante y antropólogo, hijo del distrito de Anccohuayllo, autor de la monumental investigación “Takiyninchi” (“Nuestro cantar”), recientemente puesta en circulación.

En verdad, se trata de una obra ambiciosa, nunca antes emprendida, de más de 800 páginas, que reúne 510 canciones, al decir de Neil Palomino Gonzales, el primer prologuista: “un cancionero de oro, de los ritmos y melodías más clásicas y originales de la nación andina”; y de Marcela Cornejo Díaz: la segunda prologuista: “una memoria que reúne los cantos indígenas y mestizos con una enorme capacidad resiliente frente a la violencia estructural ejercida por el poder político y económico”.

Entrevistamos a Ugo Carrillo, estas son sus respuestas:

¿Qué te ha inspirado a realizar esta gigantesca investigación y compilación del cantar andino o kechwa?

En mi condición de cantante, cantautor e investigador, me he impuesto la misión de participar activamente en la difusión y reflexión de la música tradicional peruana, con la ambición de que en este Bicentenario de la Independencia Nacional, los pueblos de arriba y abajo, las mujeres y hombres runas de todas las sangres, nos conozcamos más y nos respetemos más, tejiendo como en la ronda original del wayno y el changanakuy, la afirmación y el intercambio amoroso de nuestros valores culturales.

PIONEROS

¿Asumes que esta investigación es una respuesta al desafío asumido por José María Arguedas de reivindicar y revelar las profundidades del canto andino?

Sin duda, José María Arguedas es el iniciador de esta gran gesta, a la que pertenece su primer registro titulado “Canto kechwa” (1938), y al que se añaden “Canto de Amor”, una compilación y traducción del kechwa al castellano de cien takis del sacerdote católico Jorge Lira (1956) y el trabajo de los hermanos Rodrigo, Edwin y Luis Montoya Rojas titulada “La sangre de los cerros” (Urqukunapa yawarnin”), publicada en 1987. Arguedas tenía la convicción de que su trabajo de revelaciones del kantar qechwa, fundado en nuestra riqueza cultural milenaria, tendría seguidores  y premonitorimente advirtió: “Ya ya saldrá por allí algún mestizo que nos de todo un libro de las canciones satíricas y alegres de la sierra”.

Sin duda eres uno de los mestizos anunciados por Arguedas ¿Cómo defines el cantar andino o kechwa reivindicado en tu obra?

La mejor definición, que hacemos nuestra, es la que hizo José María Arguedas, al proclamar que: “El kechwa y nuestros cantos son la expresión legítima del hombre de esta tierra, del hombre como criatura de este paisaje y de esta luz. Con el kechwa se habla en forma profunda, se describe y se dice el alma de esa luz y de ese campo, como belleza y resistencia”.

AVANCES

¿Cuánto has avanzado en esta investigación y compilación del canto kechwa?

En mi libro “Takiyninchi”” he reunido 510 canciones de de hasta 28 géneros y subgéneros musicales andinos, de las cuales 300 son kechwas y los restantes mestizos, entre ellos: waynos y qashwas en kechwa (festividades  agrícolas o rurales), carnavales, wayllachas, zafacasas, santiagos, toriles, mulizas, yaravíes, harawis, tristes y pechadas, y marchas, despachos, waylarsh y waynos mestizos en kechwa y castellano, que nuestros abuelos cantaron con amor, con el subrayado de que es aún una compilación incompleta.

Háblanos de la herencia oral musical que ha nutrido tu investigación y recopilación concretada en esta monumental obra.

Mi primera gran fuente oral es sin duda mi madre Vilma Cavero, una soprano que cantaba en la iglesia en Andahuaylas y tenía un rico repertorio musical de canciones antiguas kechwas, que gracias a ella no se perdieron y yo supe guardar y cultivar y ahora difundir.

FUENTES

¿En qué otras fuentes orales has fundado tu trabajo de investigación y recopilación?

La gran mayoría son de fuentes orales anónimas, vienen de los tiempos antiguos y se trata de recogerlas y sistematizarlas como he pretendido hacerlo. De la infinidad de difusores debo mencionar uno en particular, el gran arpista y cantante quechua invidente, apodado Ynola, abreviatura de “Y no la mires”, que coincidentemente apellidaba Mires, un auténtico haravicus ya desaparecido  que ofrecía su repertorio pueblo por pueblo, secundado por tres mujeres que lo cuidaban y asistían en su trabajo de artista popular.

Tenemos entendido de  que es un personaje de película. Cuéntenos.

Ynola estaba prendado sin ser correspondido de una mujer apodada la “miskicha” (dulcesita), conviviente de un japonés dueño de un restaurante, de nombre Hamada Abe y apodado “Shinzo”. Ella tenía un amante, un tal Amancio, al que Ynola lo llamaba en sus canciones “el diablo negro”, porque supuestamente tenía un pacto con Abe, ya que se servía “chupe inca” en casa de este. Más aún, Ynola jugaba con su nombre y le decía en su canto: “Shinzo Hamada Abe”(sin su amada ave).

META

¿Arguedas conoció a Ynola?

No conoció a este gran poeta y cantante kechwa, yo tampoco lo conocí, solo he recogido parte de su repertorio.

¿Hacia qué metas te encaminas con tu gran trabajo de compilador del canto qechwa?

Hacia la elaboración del gran repertorio del canto qechwa, más aún del gran repertorio de la música popular nacional, no solo andina, sino costeña y amazónica, que estoy seguro se hará realidad cuando tengamos un gobierno que represente verdaderamente al pueblo.