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    Tardía reacción

     

    Columna del director

    Por: Martín Valdivia Rodriguez

    En cualquier lugar decente del mundo, la muerte de 30 bebés prematuros por falta de incubadoras habría motivado la renuncia inmediata no sólo de los funcionarios de rango medio del sector Salud, sino de la propia ministra del sector. Este hecho gravísimo, sin embargo, ha pasado por agua tibia y, como todo lo que sucede en el Perú, no ha pasado absolutamente nada, rompiéndose la soga – como siempre – por la parte más débil.

    ¿Qué nos ha pasado como sociedad que la muerte de 30 criaturas ya ni siquiera nos llama la atención? ¿Estamos tan ocupados en lo nuestro que nos cuesta identificarnos con la pena e impotencia de los padres de esos pequeños que poco o nada pueden hacer para recibir justicia? Que yo sepa nadie ha salido a protestar por este hecho y menos aún se han recibido las renuncias del caso previa sanción administrativa y judicial.

    Lo peor de todo es que los insensibles funcionarios de Salud no compraron las incubadoras por falta de dinero, sino, escúchelo bien, por irregularidades por un millón de soles desviados para comprar… ¡canastas navideñas! Según Contraloría, estos sujetos dilapidaron el dinero en la compra de 1200 tarjetas para “obsequiar” las canastas. Obviamente, en el camino, se quedaron varios miles de soles en los bolsillos de estos malos servidores de Salud.

    Según estadísticas, 125 bebés nacieron prematuros – en lo que va del año – en el Hospital Regional de Lambayeque. Es precisamente en este grupo que se registraron la muerte de los 30 bebés. Este hospital atiende a pacientes no solo de la región Lambayeque, sino también de Piura, Cajamarca, Amazonas y San Martín, convirtiéndose en un nosocomio muy importante para la zona norte del país. Y, aunque suene feo porque todos gozamos los logros de nuestros deportistas, nos parece un despropósito que se gasten millones de soles en unos Juegos Panamericanos que en invertir esos dineros en mejorar la calidad de vida de todos los peruanos.

    Lo del Hospital Regional de Lambayeque es apenas la punta del iceberg de los terribles problemas por los que atraviesa el sector Salud, con hospitales deficientes y médicos mal pagados. Y, repetimos, como siempre sucede en el Perú, nuestras autoridades reaccionan “después de misa”, cuando ya no hay nada que hacer para revivir a esos 30 angelitos. La señora ministra Zulema Tomás, como gran cosa anuncia con bombos y platillos la compra de las incubadoras necesarias para evitar más muertes. Tardía reacción de una ministra que hace rato debió renunciar. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

     

    Columna del director

    Por: Martín Valdivia Rodriguez

    En cualquier lugar decente del mundo, la muerte de 30 bebés prematuros por falta de incubadoras habría motivado la renuncia inmediata no sólo de los funcionarios de rango medio del sector Salud, sino de la propia ministra del sector. Este hecho gravísimo, sin embargo, ha pasado por agua tibia y, como todo lo que sucede en el Perú, no ha pasado absolutamente nada, rompiéndose la soga – como siempre – por la parte más débil.

    ¿Qué nos ha pasado como sociedad que la muerte de 30 criaturas ya ni siquiera nos llama la atención? ¿Estamos tan ocupados en lo nuestro que nos cuesta identificarnos con la pena e impotencia de los padres de esos pequeños que poco o nada pueden hacer para recibir justicia? Que yo sepa nadie ha salido a protestar por este hecho y menos aún se han recibido las renuncias del caso previa sanción administrativa y judicial.

    Lo peor de todo es que los insensibles funcionarios de Salud no compraron las incubadoras por falta de dinero, sino, escúchelo bien, por irregularidades por un millón de soles desviados para comprar… ¡canastas navideñas! Según Contraloría, estos sujetos dilapidaron el dinero en la compra de 1200 tarjetas para “obsequiar” las canastas. Obviamente, en el camino, se quedaron varios miles de soles en los bolsillos de estos malos servidores de Salud.

    Según estadísticas, 125 bebés nacieron prematuros – en lo que va del año – en el Hospital Regional de Lambayeque. Es precisamente en este grupo que se registraron la muerte de los 30 bebés. Este hospital atiende a pacientes no solo de la región Lambayeque, sino también de Piura, Cajamarca, Amazonas y San Martín, convirtiéndose en un nosocomio muy importante para la zona norte del país. Y, aunque suene feo porque todos gozamos los logros de nuestros deportistas, nos parece un despropósito que se gasten millones de soles en unos Juegos Panamericanos que en invertir esos dineros en mejorar la calidad de vida de todos los peruanos.

    Lo del Hospital Regional de Lambayeque es apenas la punta del iceberg de los terribles problemas por los que atraviesa el sector Salud, con hospitales deficientes y médicos mal pagados. Y, repetimos, como siempre sucede en el Perú, nuestras autoridades reaccionan “después de misa”, cuando ya no hay nada que hacer para revivir a esos 30 angelitos. La señora ministra Zulema Tomás, como gran cosa anuncia con bombos y platillos la compra de las incubadoras necesarias para evitar más muertes. Tardía reacción de una ministra que hace rato debió renunciar. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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