Un antes y un después del coronavirus como lección para nuestra esconomía

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Jorge B. Hugo Álvarez
Jorge B. Hugo Álvarez

Por: Jorge B. Hugo Álvarez / Un antes y un después a partir del Coronavirus aflorará con cierto espanto e ironía en la lógica fundamentalista de ese pensamiento económico impuesta a  nuestra Nación. Los altaneros gurús de nuestra economía erraron en la ilusa idea de una prosperidad sostenible sólo a partir de una economía exportadora primaria, poco diversificado y de poco valor agregado. El Coronavirus hirió de muerte el mercado internacional: China, EE.UU. España, etc. nuestros principales mercados. El comercio exterior decae; remontarlas tomará algo de tiempo. Otra cosa hubiera sido, si hubiéramos diversificado nuestra producción con valor agregado y tecnológico, fortaleciendo nuestro mercado interno. Lo dejado de exportar lo hubiera asimilado las necesidades de un mercado interno fuerte o más o menos fuerte. Imaginamos producir: Antibióticos, medicinas, aparatos de asistencia respiratorias, celulares, vehículos, tractores, camiones, televisores, etc. Nada de eso ocurrió; entonces debilitados en el sector externo e interno, se impone la imperiosa necesidad del sacrificio y la sumatoria de esfuerzos de todos los peruanos, para sacar adelante al País.

Entonces, ya no puede haber espacios para una cansina mirada del pesimismo, tampoco para agoreros del mal. Es una cuestión de vida o muerte salvar nuestra economía porque de otro modo, esa realidad cruel y dura nos envolverá en las vorágines de la violencia y el caos fundadas en las pasiones derivadas de la necesidad absoluta. Entonces, algo de lo que se debió hacer y no se hizo, será el punto de reflexión en la historia social y económica de los peruanos. Para entonces, habremos derrotado al Coronavirus y, con ella desde luego, repensar nuestra concepción sobre las libertades, la economía, salud, educación y seguridad ciudadana. Tendremos a futuro que revalorar nuestro mercado interno frente a circunstancias adversas externas.

Hay una extraordinaria bravura, ciclópeo de una firme disciplina, belleza, verdad y honestidad, que se constituyen en el arte y el valor más sólido que puede abrigar un peruano para hacer posible superar lo imaginable. En lo imaginable está, el establecer nuevas bases para nuestra economía nacional después del Coronavirus. En ella, cada peruano merecerá un lugar o un espacio laboral con dignidad, donde pueda gozar del fruto de su trabajo, poseyendo lo necesario y algo de lo placentero. Por fortuna, ese vasto campo de reflexión, cobra mayor relevancia en la ruta indispensable hacia el desarrollo económico, social y financiero de nuestra Nación. Para entonces el Coronavirus será un triste testimonio o un recordar de lo insensato que puede resultar la acción u omisión del hombre. Tal vez emerja una pasión erecta, cuando volcadas nuestras miradas, comprendamos cual águilas blancas de montañas que, mirando lejos o más allá de nuestras narices, podemos elevarnos hacia valores superiores de trabajo, emprendidurismo, honradez, decencia, verdad. Hay muchos espacios libres para surcar, crear riquezas en el campo abierto de nuestra imaginación.

No hay lugar para la indiferencia o la frialdad pasmosa de narices respingadas o rostros compungidos. El hambre y la miseria no nos pueden matar.

(*) Abogado penalista- Analista político