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    Ana Frank, la niña judía que escribió un diario sobre el Holocausto

    Su testimonio sigue emocionando al mundo después de siete décadas

    Ana Frank fue una niña judía que murió en un campo de concentración, luego de que ella  y sus padres, junto con miles de judíos fueron objeto del más espantoso genocidio que se recuerde en la historia de la humanidad.

    Su historia hubiera pasado inadvertido para el mundo, si no fuera porque ella mientras permaneció prisionera escribió un  diario que narra los pasajes de su vida y de los prisioneros, que hoy se conserva en un museo que lleva su nombre como un testimonio invalorable.

    Cuando Otto Frank,  volvió a Ámsterdam en junio de 1945, como uno de los pocos sobrevivientes de los campos de concentración nazis, se enteró de que su esposa y sus dos hijas no habían tenido tanta suerte: habían muerto en Auschwitz y en Bergen-Belse, entre febrero y marzo den1945.

    Entre las pocas pertenencias que pudo recuperar, gracias a las personas que los habían ayudado a esconderse hasta que los encontraran los alemanes, estaban los diarios privados de su hija Anne: un testimonio en primera persona de una niña frente a los horrores de la guerra.

    El diario

    Se trataba de cinco cuadernos y varias hojas sueltas escritas a mano que detallaban la vida de una familia judía en Holanda durante la guerra, con hondas reflexiones sobre la vida en medio de la zozobra. Y más adelante, la experiencia de vivir escondidos de los alemanes.

    Siguiendo los deseos de Anne, que soñaba con ser escritora, él ordenó y editó el diario, le hizo algunos cambios de estilo y finalmente logró que una editorial holandesa lo publicara en 1947 con el título de “La habitación de atrás”.

    En cuestión de semanas se convirtió en un fenómeno mundial pronto conocido como “El diario de Anne Frank, que hoy ha sido traducido a 60 idiomas y ha vendido unos 30 millones de ejemplares en el mundo.

    Versiones

    En realidad hay tres versiones del diario. La primera, que los expertos llaman la edición A, reúne las notas desordenadas que comenzó a escribir en un cuaderno que le regalaron cuando cumplió 13 años, en 1942.

    La segunda, que llaman edición B o la original, nació cuando ella escuchó en 1944 en una emisora del gobierno holandés en el exilio que una vez acabara la guerra habría un registro público sobre la ocupación que recibiría cartas, fotografías y diarios.

    Finalmente, cuando su papá revisó el material, decidió unir cosas de la versión A y de la versión B, eliminó las escenas más sexuales y quitó algunos pedazos en los que Anne hablaba mal de algunos compañeros de escondite. Esa es la edición C, la más conocida y la que salió publicada.

    Niña cautivadora

    De hecho, varias personas que la conocieron la recordaron como una niña alegre, cautivadora, bulliciosa, popular y con ansias de dejar huella: “Si resulta que no tengo el talento para escribir libros o artículos de prensa, siempre podré hacerlo para mí, pero quiero lograr más que eso -escribió alguna vez-. No me puedo imaginar viviendo como mi madre, la señora Van Daan y todas las mujeres que hacen su trabajo y son olvidadas. ¡Necesito tener algo más que un esposo e hijos a los que dedicarme!”.

    En esa época ella ya llevaba su diario, en el que escribía de su colegio, de los chicos y de las cosas que normalmente le preocupan a una niña que entra en la adolescencia. Al parecer no tenía consciencia del peligro que corría con el avance de los nazis por Europa. Eso resulta extraño teniendo en cuenta que su familia había tenido que salir de Alemania rumbo a Holanda, huyendo de Hitler, cuando ella tenía 4 años.

    Oculta en un ático

    Eso cambió cuando los nazis invadieron Holanda e intensificaron la persecución a los judíos. Su papá los llevó a un ático escondido en el edificio en donde funcionaba su almacén. Allá tuvo que convivir con él, con su mamá Edith, su hermana Margot, con la familia Van Pels y con Fritz Pfeffer, un amigo de su papá.

    En total ocho personas. Unos empleados de la empresa se ocupaban de darles noticias y de la alimentación, como único contacto con el exterior.

    Allí Anne comenzó a madurar a la fuerza. En sus diarios está claro que se sentía alejada de su mamá, que se acercó mucho a su hermana mayor y que no se llevaba bien con otras personas, como la señora Van Pels o con Pfeffer. Al inicio, además, rehuía la compañía de Peter van Pels, un joven de 16 años que con el tiempo se convirtió en su primer amor.

    Seguramente ella dio los diarios por perdidos, pero los empleados de su padre los rescataron y los guardaron para la posteridad.

    Apresada

    El 4 de agosto de 1944, luego de casi dos años de encierro, un comando nazi los descubrió. Algunos dicen que un grupo de vecinos los delató y otros, que sucedió por casualidad. Los soldados los separaron y los enviaron a distintos campos de concentración.Anne y su hermana estuvieron en Auschwitz y luego llegaron a Bergen-Belsen. Allá no pudo aguantar más: murió de fiebre tifoidea a comienzos de 1945. Unos meses después, los aliados derrotaron a la Alemania nazi.

    Seguramente ella los dio por perdidos, pero los empleados de su padre rescataron sus diarios y los guardaron con cuidado.

    Su testimonio sigue emocionando al mundo después de siete décadas

    Ana Frank fue una niña judía que murió en un campo de concentración, luego de que ella  y sus padres, junto con miles de judíos fueron objeto del más espantoso genocidio que se recuerde en la historia de la humanidad.

    Su historia hubiera pasado inadvertido para el mundo, si no fuera porque ella mientras permaneció prisionera escribió un  diario que narra los pasajes de su vida y de los prisioneros, que hoy se conserva en un museo que lleva su nombre como un testimonio invalorable.

    Cuando Otto Frank,  volvió a Ámsterdam en junio de 1945, como uno de los pocos sobrevivientes de los campos de concentración nazis, se enteró de que su esposa y sus dos hijas no habían tenido tanta suerte: habían muerto en Auschwitz y en Bergen-Belse, entre febrero y marzo den1945.

    Entre las pocas pertenencias que pudo recuperar, gracias a las personas que los habían ayudado a esconderse hasta que los encontraran los alemanes, estaban los diarios privados de su hija Anne: un testimonio en primera persona de una niña frente a los horrores de la guerra.

    El diario

    Se trataba de cinco cuadernos y varias hojas sueltas escritas a mano que detallaban la vida de una familia judía en Holanda durante la guerra, con hondas reflexiones sobre la vida en medio de la zozobra. Y más adelante, la experiencia de vivir escondidos de los alemanes.

    Siguiendo los deseos de Anne, que soñaba con ser escritora, él ordenó y editó el diario, le hizo algunos cambios de estilo y finalmente logró que una editorial holandesa lo publicara en 1947 con el título de “La habitación de atrás”.

    En cuestión de semanas se convirtió en un fenómeno mundial pronto conocido como “El diario de Anne Frank, que hoy ha sido traducido a 60 idiomas y ha vendido unos 30 millones de ejemplares en el mundo.

    Versiones

    En realidad hay tres versiones del diario. La primera, que los expertos llaman la edición A, reúne las notas desordenadas que comenzó a escribir en un cuaderno que le regalaron cuando cumplió 13 años, en 1942.

    La segunda, que llaman edición B o la original, nació cuando ella escuchó en 1944 en una emisora del gobierno holandés en el exilio que una vez acabara la guerra habría un registro público sobre la ocupación que recibiría cartas, fotografías y diarios.

    Finalmente, cuando su papá revisó el material, decidió unir cosas de la versión A y de la versión B, eliminó las escenas más sexuales y quitó algunos pedazos en los que Anne hablaba mal de algunos compañeros de escondite. Esa es la edición C, la más conocida y la que salió publicada.

    Niña cautivadora

    De hecho, varias personas que la conocieron la recordaron como una niña alegre, cautivadora, bulliciosa, popular y con ansias de dejar huella: “Si resulta que no tengo el talento para escribir libros o artículos de prensa, siempre podré hacerlo para mí, pero quiero lograr más que eso -escribió alguna vez-. No me puedo imaginar viviendo como mi madre, la señora Van Daan y todas las mujeres que hacen su trabajo y son olvidadas. ¡Necesito tener algo más que un esposo e hijos a los que dedicarme!”.

    En esa época ella ya llevaba su diario, en el que escribía de su colegio, de los chicos y de las cosas que normalmente le preocupan a una niña que entra en la adolescencia. Al parecer no tenía consciencia del peligro que corría con el avance de los nazis por Europa. Eso resulta extraño teniendo en cuenta que su familia había tenido que salir de Alemania rumbo a Holanda, huyendo de Hitler, cuando ella tenía 4 años.

    Oculta en un ático

    Eso cambió cuando los nazis invadieron Holanda e intensificaron la persecución a los judíos. Su papá los llevó a un ático escondido en el edificio en donde funcionaba su almacén. Allá tuvo que convivir con él, con su mamá Edith, su hermana Margot, con la familia Van Pels y con Fritz Pfeffer, un amigo de su papá.

    En total ocho personas. Unos empleados de la empresa se ocupaban de darles noticias y de la alimentación, como único contacto con el exterior.

    Allí Anne comenzó a madurar a la fuerza. En sus diarios está claro que se sentía alejada de su mamá, que se acercó mucho a su hermana mayor y que no se llevaba bien con otras personas, como la señora Van Pels o con Pfeffer. Al inicio, además, rehuía la compañía de Peter van Pels, un joven de 16 años que con el tiempo se convirtió en su primer amor.

    Seguramente ella dio los diarios por perdidos, pero los empleados de su padre los rescataron y los guardaron para la posteridad.

    Apresada

    El 4 de agosto de 1944, luego de casi dos años de encierro, un comando nazi los descubrió. Algunos dicen que un grupo de vecinos los delató y otros, que sucedió por casualidad. Los soldados los separaron y los enviaron a distintos campos de concentración.Anne y su hermana estuvieron en Auschwitz y luego llegaron a Bergen-Belsen. Allá no pudo aguantar más: murió de fiebre tifoidea a comienzos de 1945. Unos meses después, los aliados derrotaron a la Alemania nazi.

    Seguramente ella los dio por perdidos, pero los empleados de su padre rescataron sus diarios y los guardaron con cuidado.

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