5 de junio de 2026

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Aníbal Quiroga: “Sánchez es un retroceso en democracia y economía y pone en riesgo al país”

Aníbal Quiroga: “Sánchez es un retroceso en democracia y economía y pone en riesgo al país”

El plan de gobierno de JPP está parchado e improvisado y su equipo es el regreso de los muertos vivientes de la época de Castillo

Por: Valeria Ponce

El abogado constitucionalista, Aníbal Quiroga León, reconocido como uno de los principales referentes del derecho procesal constitucional en el país, analiza en esta entrevista el peso legal del voto en la segunda vuelta electoral del 7 de junio y advierte sobre los riesgos institucionales que, a su juicio, representaría un gobierno de izquierda para el Perú.

– En el actual escenario electoral, con una diferencia estrecha entre candidatos, ¿cómo impacta legalmente el voto viciado o en blanco sobre el candidato que lidera las preferencias?

Lo que ocurre es que históricamente en el Perú el voto viciado y en blanco nunca ha superado el 20%. Es una estadística natural porque la gente viaja, se enferma o simplemente no puede ir ese día. Cuando hay una diferencia fuerte entre los candidatos, eso no tiene mayor impacto. Cuando la diferencia es estrecha, como ahora y como en los últimos tiempos, sí tiene una significación importante. Así ocurrió con Castillo, donde el voto ausente en Lima facilitó su triunfo, dado que la diferencia entre Castillo y Keiko Fujimori en aquel momento no superaba los 100 000 votos. La regla es esta: cuanta más distancia hay entre los candidatos, el voto blanco o viciado no tiene un impacto importante; cuanta más cercanía estadística existe, sí tiene una significación que puede definir las elecciones.

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– ¿Existe un riesgo real de retroceso para el estado de derecho según el resultado de estas elecciones?

Sí, claro. La opción de Sánchez es un deyabú de Castillo, implica retroceder en todo el ámbito económico, poner en riesgo al país y, sobre todo, poner sobre la mesa el riesgo de una Asamblea Constituyente que no está en la Constitución. Si usted se da cuenta, Castillo repitió ese sonsonete y lo único que generó fue incertidumbre en la sociedad, poniendo en riesgo las inversiones porque todo el mundo se plantaría a ver qué pasa si habrá un cambio o no en la Constitución. Eso ya ocurrió en Chile hace poco y felizmente el referéndum rechazó el intento de reforma constitucional.

– ¿Cuál de las dos opciones favorece, desde un punto de vista técnico y legal, un modelo de estabilidad para el Perú?

Contestaré al revés, claramente la opción de Sánchez es un retroceso. El tema de la Asamblea Constituyente, el tema de la izquierdización del país. Su plan de gobierno está parchado e improvisado, y sus asesores se fueron sumando en el camino. Es como el regreso de los muertos vivientes de la época de Castillo. La opción de Keiko Fujimori es, de alguna manera, mantener el statu quo y tratar de mejorar lo que tenemos, sin cambiar el modelo económico, y trabajar en superar los problemas de seguridad, informalidad, atraso y las carencias que tiene el país. Uno apuesta por la continuidad del modelo tratando de mejorarlo; el otro apuesta por un retroceso absoluto y por refundar el país sobre la base de no se sabe qué. Los modelos en ese caso son Bolivia, Venezuela y Nicaragua.

– ¿Hay elementos institucionales que garanticen estabilidad democrática con alguna de estas opciones?

No hay una fórmula mágica. Pero claramente con la opción de Sánchez no hay ni paz, ni tranquilidad, ni democracia. No solo por los rasgos de improvisación, sino por los socios, por un lado, congresistas de Movadef, y por otro, su aliado principal, que es Antauro. No se sabe cómo puede haber paz y seguridad con Antauro al costado de Sánchez.

– ¿Qué criterio debería guiar al ciudadano al momento de decidir su voto?

Primero que nada, contrastar lo que dicen los candidatos y pensar en uno mismo, en su familia y en el desarrollo que le espera como ciudadano. Por alguna razón simbólica, la segunda vuelta cae el Día de la Bandera. Entonces, hay que pensar tanto en el bienestar de la familia como en el bienestar colectivo del país.

– ¿Es irresponsable que candidatos que perdieron en primera vuelta llamen al voto en blanco o viciado?

Sí, me parece una irresponsabilidad que los candidatos que han perdido llamen al voto blanco o viciado. Una cosa es que la persona tenga el derecho a votar en blanco o viciar su voto, y otra cosa es que un candidato que participó en la primera vuelta, que rogó y suplicó porque votaran por él, al no tener el favor del electorado, llame a la ausencia masiva o al vicio masivo. Eso me parece hasta inmoral. La situación ahora es complicada para el país, nuevamente muestra un país fragmentado y polarizado entre dos opciones muy extremas en donde la situación del país cambiaría dramáticamente entre una opción y la otra.

– Las últimas encuestas muestran un aumento del voto viciado. ¿Debería el ciudadano decidir ya o esperar hasta el último momento?

El ciudadano va a tener que decidir en el momento que le corresponda hacerlo. Algunos con formación política deciden antes, otros en el camino y otros en la cola. Pero también es responsabilidad del candidato ganar ese voto, porque la elección es un tema de convencimiento. No se puede cargar toda la responsabilidad sobre el ciudadano. El candidato tiene la obligación de persuadir y llamar para sí al voto de los indecisos y de quienes piensan votar en blanco.

– Más allá de los riesgos, ¿hay algo positivo que destacar de estas elecciones?

Es una tautología. Ya el hecho de tener elecciones es positivo. Lamentablemente hay zonas en el mundo donde no las hay, o están amañadas, como en Venezuela, o viciadas. De alguna manera, como ya se ha hecho costumbre, nos parece natural el recambio constitucional y la alternancia del poder, y eso de por sí es un valor democrático muy importante. Lo segundo, el hecho de mantener una misma Constitución por 30 años, que la izquierda dice que es malo, es al contrario, totalmente bueno, porque implica institucionalidad, democracia, solidez y madurez como país y como sociedad. Y, en tercer lugar, el voto es igual para todos, el voto del campesino, el voto del pescador, el voto del obrero, el voto del empresario, el del banquero. Todos valen exactamente lo mismo el 7 de junio. Es la reunión democrática más pura que puede haber, donde se decide el destino del país.

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