Memoria compartida de heroísmo y fraternidad
Ricardo Sánchez Serra
El 18 de julio de 2026, el Perú conmemoró con recogimiento el Día de la Solidaridad Ruso-Peruana, fecha instituida en honor a los 22 socorristas soviéticos que entregaron sus vidas en misión humanitaria tras el devastador terremoto de 1970. La ceremonia principal tuvo lugar en la ciudad de Yungay, Ancash, epicentro de la tragedia, donde la delegación de la Embajada de Rusia fue recibida por el alcalde José Romero y autoridades locales.
En el Campo Santo, espacio marcado por la memoria de miles de víctimas, se depositó una ofrenda floral ante la placa conmemorativa dedicada a los caídos en el Atlántico Norte. El acto estuvo cargado de solemnidad y gratitud, evocando la memoria de quienes trajeron esperanza en medio del dolor. Las autoridades locales recordaron que la ayuda soviética fue decisiva: hospitales de campaña, helicópteros Mi-8, brigadas médicas y un contingente juvenil de voluntarios que atendieron a más de 45.000 pacientes, realizaron miles de hospitalizaciones y aplicaron 90.000 vacunas, previniendo epidemias en un contexto de emergencia.
La tragedia del 31 de mayo de 1970, que borró de la faz de la tierra a 250 ciudades y localidades, dejó más de 70.000 muertos y 800.000 damnificados. En Yungay, de sus 25.000 habitantes sobrevivieron apenas 300. Ante esa devastación, la respuesta soviética fue inmediata y solidaria: se levantaron viviendas prefabricadas, se reconstruyeron poblados arrasados y se donaron helicópteros y hospitales de campaña. La ayuda no solo fue material, sino también cultural: el conjunto Amistad ofreció un concierto en Chimbote que reunió a 400.000 personas, llevando consuelo en medio de la tragedia.

Ceremonia conmemorativa en el corazón de Moscú
El Embajador de Rusia en el Perú, Alexey Ushakov, subrayó que aquellos gestos de heroísmo y fraternidad cimentaron una amistad sincera entre Rusia y Perú, que hoy se mantiene como referente de cooperación y humanidad. “Los acontecimientos de aquellos años sentaron una base inquebrantable para las relaciones de amistad y entendimiento mutuo entre nuestros países”, expresó con solemnidad.
Un día antes, el 17 de julio, la memoria se honró también en el Cementerio Novodévichi de Moscú, donde se celebró la ceremonia anual ante el cenotafio erigido en honor a los 22 mártires del Atlántico Norte. El acto contó con la presencia del embajador del Perú en Rusia, Manuel Augusto de Cossío Klüver, funcionarios diplomáticos peruanos, el Representante Especial del Canciller de Rusia para América Latina, Alexander Shchetinin, y familiares de las víctimas.
En su intervención, Shchetinin evocó la magnitud del terremoto de Áncash y la respuesta solidaria soviética, que incluyó hospitales de campaña, toneladas de suministros y brigadas médicas que salvaron miles de vidas. “Los recordamos. Los honramos”, afirmó con solemnidad, subrayando que la memoria de aquellos días sigue viva más de medio siglo después. Recordó también que en el año 2000 varios rescatistas fueron condecorados en Lima con la Orden del Cóndor, una de las más altas distinciones del Perú.
El diplomático ruso propuso además un proyecto conjunto con la Embajada del Perú para recopilar testimonios y documentos que preserven la memoria de la solidaridad ruso-peruana. “Esto nos hace falta hoy, pero estoy seguro de que lo necesitarán aún más quienes nos sucedan”, señaló, destacando la importancia de transmitir a las nuevas generaciones el legado de fraternidad y sacrificio.
La conmemoración del Día de la Solidaridad Ruso-Peruana reafirma que la memoria compartida de sacrificio y entrega trasciende generaciones. Los lazos entre Rusia y Perú se sostienen en el ejemplo eterno de quienes dieron su vida por salvar otras, y en la gratitud de un pueblo que nunca olvidará la mano solidaria tendida en sus horas más oscuras.



