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    EDUCACIÓN: UNA GRAN TAREA PENDIENTE

    Juan Sotomayor

    Hoy que los niveles de aceptación del presidente de la república son bastante favorables, aun cuando ya parece haber tocado techo, se hace más necesario que nunca demostrar resultados concretos en temas de interés general. El discurso anticorrupción debe mantenerse, pero también debe ceder protagonismo ante otros asuntos que demandan atención urgente.

    La educación es uno de ellos y ante el advenimiento del inicio del año escolar, no será difícil recordar que fue el propio presidente quien puso en la primera línea de la agenda el tema de la reforma educativa, el cual fue cediendo paso ante la confrontación política y judicial que hemos presenciado en los últimos meses.

    Es cierto que los resultados tangibles en el nivel educativo no serán visibles en el corto plazo, pero es necesario que el gobierno brinde señales concretas que existe un rumbo marcado y objetivos puntuales por cumplir.

    Mejores remuneraciones para los maestros, mejor infraestructura y equipamiento en los centros educativos de todo el país, un currículo libre de discusiones ideológicas, agilidad en los procesos de matricula y expedición de certificados, así como una política de real apoyo a los mejores alumnos del país son algunas de las medidas y resultados que todos esperamos.

    De otro lado, siendo la deserción escolar uno de los problemas más recurrentes en las zonas de extrema pobreza, será necesario que los programas de apoyo social, especialmente los de carácter alimentario, se articulen con el sistema educativo y no vayan por caminos separados como ocurre actualmente.

    Es cierto que la mejora del sistema educativo exige como primera condición el incremento de mayores recursos para su implementación, y eso sólo es posible a través de una mejora en la recaudación tributaria, pues de lo contrario estaríamos ante la situación de desvestir un santo para vestir otro.  Aquí está el gran reto.

    Un estadista debe convencer a los ciudadanos que la mejora del sistema educativo no sólo es obligación suya. El presidente Vizcarra ha demostrado que tiene la capacidad de conectar con el clamor de la ciudadanía. Si se atreviera a lanzar una gran cruzada nacional por la mejora de las condiciones de la educación en el Perú, metería un gol de media cancha. Este es el momento para empezar.

    Juan Sotomayor

    Hoy que los niveles de aceptación del presidente de la república son bastante favorables, aun cuando ya parece haber tocado techo, se hace más necesario que nunca demostrar resultados concretos en temas de interés general. El discurso anticorrupción debe mantenerse, pero también debe ceder protagonismo ante otros asuntos que demandan atención urgente.

    La educación es uno de ellos y ante el advenimiento del inicio del año escolar, no será difícil recordar que fue el propio presidente quien puso en la primera línea de la agenda el tema de la reforma educativa, el cual fue cediendo paso ante la confrontación política y judicial que hemos presenciado en los últimos meses.

    Es cierto que los resultados tangibles en el nivel educativo no serán visibles en el corto plazo, pero es necesario que el gobierno brinde señales concretas que existe un rumbo marcado y objetivos puntuales por cumplir.

    Mejores remuneraciones para los maestros, mejor infraestructura y equipamiento en los centros educativos de todo el país, un currículo libre de discusiones ideológicas, agilidad en los procesos de matricula y expedición de certificados, así como una política de real apoyo a los mejores alumnos del país son algunas de las medidas y resultados que todos esperamos.

    De otro lado, siendo la deserción escolar uno de los problemas más recurrentes en las zonas de extrema pobreza, será necesario que los programas de apoyo social, especialmente los de carácter alimentario, se articulen con el sistema educativo y no vayan por caminos separados como ocurre actualmente.

    Es cierto que la mejora del sistema educativo exige como primera condición el incremento de mayores recursos para su implementación, y eso sólo es posible a través de una mejora en la recaudación tributaria, pues de lo contrario estaríamos ante la situación de desvestir un santo para vestir otro.  Aquí está el gran reto.

    Un estadista debe convencer a los ciudadanos que la mejora del sistema educativo no sólo es obligación suya. El presidente Vizcarra ha demostrado que tiene la capacidad de conectar con el clamor de la ciudadanía. Si se atreviera a lanzar una gran cruzada nacional por la mejora de las condiciones de la educación en el Perú, metería un gol de media cancha. Este es el momento para empezar.

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