Diplomáticos con la maleta llena de esperanza
Por: Ricardo Sánchez Serra
La residencia de la Nunciatura Apostólica en Lima se convirtió en escenario de uno de esos encuentros donde la diplomacia deja de ser protocolo para transformarse en amistad, gratitud y afecto humano. Convocados por el nuncio apostólico, monseñor Paolo Gualtieri, decenas de embajadores, miembros de organismos internacionales y autoridades peruanas se reunieron para dar la bienvenida a nuevos representantes diplomáticos, despedir a quienes concluyen su misión y expresar reconocimiento a quienes han servido al país desde la Cancillería.
La ceremonia estuvo marcada por sentimientos encontrados: la alegría de recibir a nuevos miembros de la comunidad diplomática y la nostalgia de despedir a quienes, después de años de trabajo y convivencia, dejan el Perú llevando consigo una parte de su historia.
Monseñor Gualtieri dio la bienvenida al nuevo viceministro de Relaciones Exteriores, Eric Anderson Machado, así como a los nuevos embajadores, entre ellos los representantes de Rusia, Qatar y Malta, deseándoles éxito en sus responsabilidades y una fructífera misión en tierra peruana.
Al mismo tiempo, expresó el agradecimiento del cuerpo diplomático al vicecanciller saliente, Félix Denegri, al embajador de Suiza, Paul Garnier, al embajador de Israel, Eran Yuvan y a la embajadora de Costa Rica, Flora Venegas Corrales, quien además culminó su gestión como secretaria del cuerpo diplomático.
DIPLOMACIA
El discurso del nuncio apostólico fue uno de los momentos más significativos de la jornada. Más allá de los cargos y las representaciones oficiales, reflexionó sobre la esencia misma de la diplomacia.
Agradeció especialmente a Flora Venegas por su intensa colaboración y recordó que las relaciones diplomáticas no se construyen únicamente sobre documentos, tratados o intereses de Estado, sino sobre vínculos humanos auténticos. «Una buena relación humana a veces vale más que muchos tratados de derecho internacional y de geopolítica», afirmó.
Para el representante de la Santa Sede, la verdadera diplomacia nace de la capacidad de escuchar, comprender y tender puentes incluso entre naciones que mantienen posiciones distintas. Destacó que el diálogo, el consenso y el respeto mutuo siguen siendo las herramientas más eficaces para resolver diferencias y construir paz.
Con una imagen que conmovió a los presentes, definió a los diplomáticos como «hombres y mujeres con la maleta llena de esperanza», una expresión que resumió el espíritu de la reunión y que acompañó toda la ceremonia como un hilo conductor.
«Los diplomáticos son, por excelencia, hombres y mujeres de relaciones; sobre todo, relaciones de esperanza», señaló.
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GRATITUD
El vicecanciller saliente, Félix Denegri, agradeció emocionado las muestras de afecto recibidas. En breves pero sentidas palabras reiteraron su deseo de que el Perú continúe siendo un país comprometido con la paz, la estabilidad y el orden. «Nosotros en el Perú deseamos paz; la paz trae estabilidad, la estabilidad trae orden y el orden trae protección», expresó.
También agradeció la permanente colaboración del cuerpo diplomático durante su gestión, destacando el apoyo recibido para impulsar diversos proyectos de política exterior.
Uno de los discursos más emotivos fue el de la embajadora de Costa Rica, Flora Venegas Corrales. Hablando «desde el corazón», como ella misma anunció, recordó que su estancia en el Perú fue mucho más que una misión diplomática. «Ha sido un espacio de aprendizaje, de encuentros, de amistad y de crecimiento personal», afirmó.
Agradeció las conversaciones francas, el apoyo mutuo y el espíritu de solidaridad que caracterizó la convivencia entre los miembros del cuerpo diplomático. Señaló que se lleva el recuerdo de una comunidad que supo cultivar la cercanía, la confianza y el entendimiento en tiempos en los que esos valores son más necesarios que nunca.
Por su parte, el embajador de Suiza, Paul Garnier, recordó que él y su familia regresan a su país con una profunda gratitud por los años vividos en el Perú. «Nos vamos con esperanza, pero también con muchos recuerdos y mucho calor humano», señaló.
Evocó los paisajes peruanos, su cultura, su gastronomía y las experiencias acumuladas durante su misión. Destacó además los avances de las relaciones bilaterales entre Suiza y el Perú y expresó un especial reconocimiento a la Cancillería peruana, a la que calificó como una institución ejemplar.
El embajador israelí Eran Yuvan también compartió sentimientos similares. Señaló que, tras cuatro años de permanencia en el Perú, él y su familia regresan a su país con emociones encontradas: la alegría del retorno y la tristeza de dejar una nación que se convirtió en parte de sus vidas.
Deseó al Perú paz, seguridad, estabilidad y prosperidad, agradeciendo a cada uno de los colegas diplomáticos por su amistad, cooperación y consejo durante estos años.
NUEVA ETAPA
El nuevo viceministro de Relaciones Exteriores, Eric Anderson Machado, recogió el espíritu de cercanía que caracterizó toda la ceremonia.
Destacó la importancia de fortalecer no solo las relaciones institucionales entre la Cancillería y el cuerpo diplomático, sino también los vínculos personales que permiten encontrar soluciones, impulsar iniciativas y construir confianza.
Recordó con afecto su larga amistad con Félix Denegri y reconoció la labor realizada por su antecesor para fortalecer la imagen y el trabajo de Torre Tagle.
Asimismo, reiteró que las puertas de la Cancillería permanecerán siempre abiertas para los representantes extranjeros acreditados en el país.
FRATERNIDAD
Uno de los momentos más inspiradores estuvo a cargo de Paula López, esposa del embajador de España, quien reflexionó sobre el papel de la diplomacia en un mundo marcado por la incertidumbre, las divisiones y los conflictos.
Inspirada por los mensajes del Santo Padre, señaló que la humanidad atraviesa un tiempo en el que predominan las heridas, los resentimientos y las fracturas sociales, por lo que consideró indispensable recuperar la cultura del encuentro.
Invitó a dejar atrás las historias de dolor que dividen a personas, familias y naciones para abrir espacio al perdón, la misericordia y la reconciliación. «Todos tenemos una tarea diplomática, pero también una tarea espiritual», afirmó.
Destacó que la construcción de un mundo más humano exige poner la mirada en los más vulnerables y trabajar desde la generosidad y la fraternidad. En ese contexto, resaltó la labor solidaria que vienen realizando las esposas de los embajadores a través de iniciativas benéficas destinadas a apoyar a los sectores más necesitados del Perú.
Sus palabras aportaron una dimensión profundamente humana al encuentro y recordaron que la diplomacia no solo conecta gobiernos, sino también corazones.
AMISTAD Y ESPERANZA
Antes de concluir la ceremonia, monseñor Gualtieri invitó a todos los presentes a participar en la próxima Santa Misa en la Catedral de Lima y en la recepción con motivo del Día del Papa, destacando la necesidad de manifestar afecto y cercanía hacia un líder espiritual que, en tiempos de fragmentación e incertidumbre, continúa promoviendo el diálogo, la reconciliación y la esperanza.
La reunión concluyó con un cálido ágape, entre abrazos, fotografías, recuerdos compartidos y promesas de reencuentro.
Mientras algunos iniciaban una nueva misión y otros preparaban las maletas para regresar a sus países, quedó la certeza de que la verdadera diplomacia trasciende los cargos y los destinos.
Porque, como recordó el nuncio apostólico, los diplomáticos son hombres y mujeres que recorren el mundo llevando consigo una maleta llena de esperanza. Y esa esperanza, cultivada en la amistad, el respeto y el servicio, fue la gran protagonista de una jornada que nadie olvidará fácilmente.




