Entre el voto racional o el hepático

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Por: Jorge B. Hugo Álvarez / Perú: ¿Tiene futuro como nación?
Jorge B. Hugo Álvarez 

Por: Jorge B. Hugo Álvarez
Un cachupín de ofertas políticas tratando de captar el voto ciudadano. Los postulantes al  Congreso de la República no convencen. La gran mayoría, recurren a un discurso soso, populista e irreverente. Si tan solo pudiéramos percibir en algunos de ellos, un nivel muy alto de realismo, creatividad y contenido racional, otra sería la historia del Parlamento Nacional. Sin embargo, es más de lo mismo. Pase usted, mi estimado lector, una radiografía a todos los candidatos al Congreso de la República de todas las Organizaciones Políticas; hallará más de una sorpresa indeseable (gentes de mucho dinero y de pocos sesos). Vil dinero para postular en un número atractivo. Algo que no acepté y renuncié por dignidad a esa Organización Política. Pero, no se trata de una cuestión personal, sino de una cuestión de interés general.

Ocurre que el soberano-pueblo recurrirá a desgano, fastidiado o quizás irritado a emitir su voto. Nada de ello ocurriría, si las organizaciones políticas hubieran optado por elecciones internas limpias y no truchas. Se trata de los mismos partidos, las mismas caras o tal vez unos que otros rostros nuevos pero. Se pone entredicho, el mismo discurso e espíritu orgánico de aquel partido que lo cobijó.  Ayer obstruyendo, hoy y mañana también. Sucede que, en política, nada se da por casualidad sino por causalidad. No obstante, tenemos que votar. Tal vez con un ojo vigilante o con la nariz tapada o quizás emitiendo tu voto de protesta. Igual acude a las urnas y vota con sentido racional y no hepática.

El Parlamento Nacional no puede ser el ágora para los mercachifles del poder. Tampoco el Aula Magna para los negocios a través de la política o para componendas al servicio del empresariado nacional o empresas extranjeras, como solía ocurrir. Es tiempo de poner en cuestionamiento la dimensión de los anti-valores de políticos y empresarios vivarachos que financiando candidaturas o a partidos políticos angurrientos nos alejan de los nobles ideales de la democracia. El Parlamento Nacional es el alma o el espíritu generoso del pueblo y, parla, exigiendo grandes debates que versen sobre el interés general. Entonces, se entiende que la cuestión crítica al Parlamento responde a la crisis de la democracia parlamentaria como sostuvo, en su tiempo, Karl Schmitt. El jurista alemán criticó el parlamento para liquidarlo, nosotros para modificarlo y mejorarlo.

Tenemos que abarcar con nuestras miradas el vasto y la peligrosa posibilidad de unarepresentación parlamentaria mediocre. Tampoco queremos una de grandes luminarias de narices respingadas. Simplemente, abogamos por gentes honestas, inteligentes, con visión de país, tolerancia, racionalidad, sensibilidad social etc. Nada resulta más indignante tolerar aquel patrañero que funge de político honesto, sin serlo. Debemos tener presente que la  política castrada de lo esencial de su filosofía moral, pierde sentido y convierte a estos candidatos en almas vacías de amor por el País. No será necesario insistir en todos los argumentos que aconsejan adoptar una actitud de prudente reserva,

(*) Abogado penalista- Analista político