Focos de enfermedades y muerte en las ciudades

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El curso de los ríos que cruzan Lima ha sido convertido en botaderos de basura, sin contar los que han sido improvisados en otros lugares, y como tales son fuente permanente de infecciones y vulnerabilidad del bienestar humano.

Es triste decirlo pero los ríos de nuestra costa son gigantescos botaderos de basura, contaminando no sólo sus aguas, sino el propio entorno en el que viven quienes recurren a estas prácticas de manera constante. Sólo en las cuencas de los ríos Rímac y Chillón se han identificado 60 puntos utilizados como botadores de residuos sólidos. En Lima y Callao se encuentran 51 de ellos, señaló la Autoridad Nacional del Agua (ANA), entidad adscrita al Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri). El tema pasa no sólo porque el tirar basura de manera indiscriminada genera polos de infección de decenas de enfermedades, sino que también aumenta la vulnerabilidad de las viviendas aledañas al cauce ante crecidas. La basura arrojada por años afecta el discurrir natural del agua generando desbordes masivos en ápocas de crecida, poniendo en riesgo a la propia población que genera este caos. Si se pone obstáculos al río, éste buscará la manera más rápida de seguir discurriendo.

Según la ANA, los distritos con más botaderos son Lurigancho-Chosica (13), Ventanilla (8), seguidos por el Callao con tres botaderos. La ANA es la entidad encargada de ejercer de manera exclusiva “acciones de control, supervisión, fiscalización y sanción para asegurar la calidad del agua en sus fuentes naturales y en la infraestructura hidráulica pública”. No obstante, son los gobiernos locales o regionales los encargados de adoptar las acciones de limpieza en el cauce.

 

Son ilegales

Un botadero de residuos sólidos es un espacio físico dónde se realiza su disposición final sin ningún tipo de control, los residuos dispuestos no se compactan ni cubren diariamente y eso produce olores desagradables, gases y líquidos contaminantes, además propician que vectores como perros, ratas, gallinazos y porcinos, encuentran alimento sin mucho esfuerzo. Es importante precisar que los botaderos no están permitidos por ley”, señala en un artículo Alberto Huiman Cruz, ingeniero magíster en Ciencias Ambientales de la Pontificia Universidad Católica.

Los botaderos se agravan e intensifican con el crecimiento de la población y la calidad de los residuos dispuestos que varía en función de los productos que consumen las personas. En el Perú, los botaderos municipales suelen albergar residuos sólidos recolectados como parte de su competencia y, también, residuos de origen hospitalario, que se caracterizan por su peligrosidad y constituyen un factor de alto riesgo para las personas dedicadas a la segregación informal (en algunos casos con la anuencia municipal, y otros con total impunidad) por contacto con la piel, inhalación del polvo o ingestión accidental.

Finalmente, existen viviendas circundantes y otras que se construyen sobre anteriores botaderos, ocasionando que la población local quede expuesta indirectamente a los contaminantes filtrados.

De otro lado, la diferencia entre los residuos controlados y los residuos efectivamente recolectados, resulta del hecho que una parte de los residuos recolectados por los camiones municipales, no terminan en los rellenos sanitarios sino en estos botaderos. El interés de los recolectores de basura radica en que venden sus residuos a los dueños de los botaderos o a los recicladores. Gracias a esta compensación financiera, los recolectores de basura toleran un salario muy bajo. Los recicladores, por su parte, obtienen un beneficio de esta operación segregando, lavando y después revendiendo los productos reciclables (plásticos, metales, cartones). Los residuos restantes son enterrados, quemados, o evacuados hacia los ríos, los humedales o el océano.

 

Cambiando paradigmas

Según un informe del Instituto Integración, solo uno de cada cuatro peruanos conoce a dónde van los residuos que genera al día. Las opciones son dos: un botadero o un relleno sanitario. Como dijimos, el botadero es un lugar de disposición final ilegal de la basura, que genera impactos negativos y focos infecciosos para la salud de las personas, la calidad del agua, el suelo y el aire.

En cambio, un relleno sanitario es una infraestructura que tiene las condiciones técnicas para la disposición de residuos sólidos, que evitan un impacto negativo tanto en la salud como en el ambiente. Según el último informe de fiscalización ambiental del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), en el Perú se cuenta con 12 rellenos sanitarios que funcionan correctamente, lo que supone un déficit para los más de 30 millones de habitantes del territorio nacional.

Para salvaguardar la salud de la población, la legislación exige a los gobiernos locales aprobar un plan de cierre de los botaderos que se encuentren en su jurisdicción. Sin embargo, el OEFA indica que hasta el momento hay deficiencia en este tema, pese a que en otros relacionados a la gestión y manejo de residuos sólidos se ha avanzado en los últimos años.

Según el Ministerio del Ambiente, el 73% de los residuos sólidos que generamos son aprovechables. Sin embargo, el 80% de la basura es destinada a los botaderos y un 14.8% se destina a la quema o incineración, según data de INEI. Sin embargo, un estudio de la Oefa arroja que existen 1585 botaderos de basura en el país, de los cuales el 98% debe ser clausurado. Solo un 2% puede convertirse en relleno sanitario. Estos 1585 botaderos representan 1973 hectáreas de tierras degradadas.