Causó una crisis terrible en la agricultura, hambre en el corto plazo y un éxodo masivo del campo a la ciudad, afirma
Por: Valeria Ponce
Lucas Ghersi Murillo, abogado constitucionalista, analista de políticas públicas y docente de análisis económico del derecho en diversas universidades, es uno de los principales referentes del liberalismo clásico en el Perú. En esta entrevista, al cumplir 57 años de la promulgación de la Ley 17716, brinda un demoledor balance histórico sobre el impacto de la llamada reforma agraria y advierte sobre el riesgo de repetir esos errores.
– ¿Cuánto tiempo perdió el Perú a causa de la reforma agraria y cuál fue su costo real?
En el año 2008-2009, el Perú llegó a tener el mismo PBI per cápita que antes de la reforma agraria. Es decir, el Perú perdió décadas con las políticas del gobierno militar. Recién en el año 2009 alcanzó el mismo PBI que en los años 60, antes de la reforma. Perdió en los años 70, perdió en los años 80, y le tomó todos los 90 y todos los 2000 recuperarse. En total, el Perú perdió 40 años. De no haber sido por la reforma agraria, quizás hoy seríamos ya un país desarrollado.
– Desde su perspectiva económica, ¿cómo cambió al Perú la Ley 17716?
La reforma agraria fue un suceso de dimensiones catastróficas que cambió el Perú para siempre. Antes de ella, el país no era tan centralizado, había diversas ciudades, diversas regiones productivas. La reforma causó una crisis terrible en la agricultura, hambre en el corto plazo y un éxodo masivo del campo a la ciudad. Todo el crecimiento desordenado de Lima, las invasiones, la informalidad, la vivienda precaria, todo eso se produce en gran medida como consecuencia de la reforma agraria. Es la principal razón por la cual el Perú se urbanizó tan rápido y de forma tan desordenada. De no haber existido, Lima tendría quizás 6 o 7 millones de habitantes, y las ciudades del interior tendrían más población. La reforma agraria es la causa principal de la hipercentralización del Perú.
Además, le hizo un daño enorme a la agricultura porque creó el minifundio, y con minifundio no se puede producir. Arruinó a las élites regionales, los hacendados de cada provincia tuvieron que venirse a Lima y se perdió mucho capital humano en las regiones. Hay personas que perdieron todo y hasta el día de hoy no les pagan. El pago de los bonos de la reforma agraria sigue discutiéndose en instancias judiciales. Hay una serie de mitos sobre maltratos y atrocidades cometidas por los hacendados. Algunos casos pudieron haber sido reales, pero la solución no era la expropiación masiva sin indemnización. Fue una política mal ejecutada.
Hay además un dato histórico que debe conocerse, fue Estados Unidos quien promovió la reforma agraria en el Perú. En los años 40 y 50, Washington quería impulsarlas en todo el mundo. Tras la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, promovió una reforma agraria en Japón y también en varios países de América Latina. Durante el primer gobierno de Belaunde llegaron asesores estadounidenses con ese objetivo. Fue Velasco quien la radicalizó después, pero la idea venía de antes.
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— ¿Cuál fue la medida más destructiva del gobierno de Velasco, más allá de la reforma agraria?
La estatización de las empresas nacionales y la prohibición de importaciones. En el Perú se prohibió el ingreso de productos del exterior, lo que encareció todo. Eso permitió que algunos empresarios peruanos se hicieran millonarios, pero a costa del sufrimiento del pueblo, a través de monopolios protegidos por el Estado. Fue un mercantilismo con probable corrupción de por medio. Una política dañina y nociva. La gran tragedia es que, pese a todo lo que ha pasado, todavía hay un sector muy importante que cree en el estatismo y el socialismo. Hay mucho trabajo por hacer para enfatizar los errores de la ideología socialista.
— Velasco gobernó sin Parlamento y expropió los medios de comunicación. ¿Por qué hay sectores que aún lo reivindican?
Obviamente fue un dictador. Deportó arbitrariamente a opositores políticos, tanto de derecha como de izquierda, incluyendo periodistas como Arturo Salazar Larraín. Fue una dictadura total. Además, Velasco era aliado de la Unión Soviética y estuvo cerca de provocar una guerra con Chile. Fue el propio Ejército el que le dio un golpe de Estado para impedir ese conflicto. Hizo una política errática.
La gente de izquierda extrema quisiera reivindicar su figura, pero eso revela que, en el fondo, no son demócratas. Su ídolo máximo es un dictador. Ese es el problema.
— ¿A qué se debe que la izquierda peruana siga siendo electoralmente competitiva?
Creo que se debe a que la derecha no ha dado una lucha ideológica en los colegios ni en las universidades. Los izquierdistas controlan el sistema educativo y la narrativa en el Perú. Pero también es una autocrítica necesaria, la derecha no ha sabido defenderse ni hablarle a la gente. Ha tenido demasiados fracasos ideológicos.
— Hay políticos que proponen recuperar tierras o ampliar comunidades campesinas. ¿Es populismo electoral o hay un riesgo real de reversión?
La izquierda extrema es enemiga del desarrollo y quiere destruir todo lo que existe. Ya ha causado un daño enorme a la economía y ha hecho prácticamente imposible la inversión minera formal en el Perú. El siguiente objetivo de la izquierda radical es destruir la agricultura formal. Si uno mira el mapa de pobreza del Perú, el distrito con menos pobreza es Ica, precisamente el lugar donde hay más agricultura moderna y formal. Lo que buscan es hacerle daño a eso, destruir el poco progreso que nos queda.
— ¿Qué hubiera sido del Perú si la tierra se hubiera titulado individualmente a los campesinos?
Es imposible saber qué hubiera pasado exactamente, pero los hechos son claros, perdimos 40 años. El gobierno militar nos trajo 11 años de dictadura, y tras ella, la democracia siguió condicionada por la ideología militar. Recién a partir de los años 90 comenzaron los cambios. De no haber habido dictadura militar, probablemente no habría existido el terrorismo, ni la hiperinflación. Fue un daño absolutamente brutal para el Perú.
— ¿Seguimos viviendo, sin saberlo, dentro de una estructura heredada de la reforma agraria?
No, eso sería exagerado. Se crearon cooperativas, se socializó la tierra, pero muchas de esas cooperativas fracasaron. Hoy tenemos, sobre todo en la Costa, un sector agrario muy productivo con empresas modernas. En la Sierra, en cambio, persiste en muchos lugares una agricultura de subsistencia, mucha gente produce apenas lo suficiente para comer, con poco excedente. Hay mucha agricultura que no está todavía modernizada, es un sector donde hay que trabajar mucho más.



