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Martes, Diciembre 1, 2020

Por: Ángel Delgado Silva / Las elecciones como trampa política

Por: Ángel Delgado Silva / Las razones para intitular el presente artículo no expresan un sentimiento anti-eleccionario, claro está. Ni siquiera pretende ser una admonición en pro de la exigencia de parámetros de corrección política, que derroten a las acostumbradas prácticas trapaceras. Considero, a pesar de su peso específico, que debiéramos esforzarnos para superar la atención excesiva hacia las vicisitudes cotidianas y los incidentes anecdóticos que impregnan inexorablemente a toda contienda electoral. Más bien estimo, la utilidad de poner énfasis en reflexionar a conciencia, sobre las particularidades de los comicios que se avecinan, en el momento actual. Sólo así nos aproximaremos a develar los intrincados giros en la coyuntura y comprender su temerario derrotero.

Ha devenido en un lugar común, el admitir que este proceso electoral será atípico, en la medida que se distancia y distingue de las características, circunstancias y consecuencias conocidas por todos. En efecto, pareciera una verdad incontestable. Pero en qué sentido lo es, constituye una interrogante sin respuesta satisfactoria. Se hace menester abordar este reto pendiente, aunque sea provisionalmente.

Resulta paradójico que estas elecciones operen como el principal soporte de razonabilidad política, que aseguran a Vizcarra en el poder. ¿Cómo es posible?. Porque ilusiona a la gente con la pronta terminación de su mandato y el final de su gobierno inepto, abusivo y corrupto. Por eso, un grueso sector poblacional, incluso adversando al vizcarrismo, sea contrario a la vacancia presidencial a cargo de un Congreso, que tampoco es de confiar. “Es mejor que termine” –dicen muchos. “Después del 28 de julio del año que viene, habrá tiempo para enjuiciarlo y que pague sus culpas delictivas” –agregan.

Las elecciones convocadas para el 11 de abril próximo son, también la mejor coartada de Vizcarra ante la opinión mundial. Toda la retahíla de fracasos, actos prepotentes, transgresiones a la legalidad, robos, sobornos y demás crímenes que su gobierno ha cometido, deberán tolerarse …. “porque está por irse” –se cree.

Pero no se percibe es que las mismas elecciones pueden convertirse en el campo de maniobra para que Vizcarra consiga la impunidad y su nefasto régimen pueda perpetuarse con otros rostros. No es ilógico pensar que estrechándose el cerco en su redor, por un lado y contando aún con el inmenso poder presidencial, por el otro, disponga de los recursos del Estado: financieros, logísticos, administrativos, policiales, servicios de inteligencia, prensa comprada, organismos electorales, etc., para manipular los resultados electorales.

Es fácil imaginar al Presidente apoyando con todo a sus candidatos títeres, aquellos que se disputan el delfinado hediondo, a cambio que estos le aseguren cuidarle las espaldas, mediante una impunidad ignominiosa. De ser así, las elecciones ya no serán una salida democrática a la crisis y al autoritarismo vizcarrista, sino todo lo contrario. Es imprescindible que los demócratas estemos vigilantes y no sucumbamos ante la trampa continuista y perversa, así se disfrace de atavíos eleccionarios.

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

Por: Ángel Delgado Silva / Las razones para intitular el presente artículo no expresan un sentimiento anti-eleccionario, claro está. Ni siquiera pretende ser una admonición en pro de la exigencia de parámetros de corrección política, que derroten a las acostumbradas prácticas trapaceras. Considero, a pesar de su peso específico, que debiéramos esforzarnos para superar la atención excesiva hacia las vicisitudes cotidianas y los incidentes anecdóticos que impregnan inexorablemente a toda contienda electoral. Más bien estimo, la utilidad de poner énfasis en reflexionar a conciencia, sobre las particularidades de los comicios que se avecinan, en el momento actual. Sólo así nos aproximaremos a develar los intrincados giros en la coyuntura y comprender su temerario derrotero.

Ha devenido en un lugar común, el admitir que este proceso electoral será atípico, en la medida que se distancia y distingue de las características, circunstancias y consecuencias conocidas por todos. En efecto, pareciera una verdad incontestable. Pero en qué sentido lo es, constituye una interrogante sin respuesta satisfactoria. Se hace menester abordar este reto pendiente, aunque sea provisionalmente.

Resulta paradójico que estas elecciones operen como el principal soporte de razonabilidad política, que aseguran a Vizcarra en el poder. ¿Cómo es posible?. Porque ilusiona a la gente con la pronta terminación de su mandato y el final de su gobierno inepto, abusivo y corrupto. Por eso, un grueso sector poblacional, incluso adversando al vizcarrismo, sea contrario a la vacancia presidencial a cargo de un Congreso, que tampoco es de confiar. “Es mejor que termine” –dicen muchos. “Después del 28 de julio del año que viene, habrá tiempo para enjuiciarlo y que pague sus culpas delictivas” –agregan.

Las elecciones convocadas para el 11 de abril próximo son, también la mejor coartada de Vizcarra ante la opinión mundial. Toda la retahíla de fracasos, actos prepotentes, transgresiones a la legalidad, robos, sobornos y demás crímenes que su gobierno ha cometido, deberán tolerarse …. “porque está por irse” –se cree.

Pero no se percibe es que las mismas elecciones pueden convertirse en el campo de maniobra para que Vizcarra consiga la impunidad y su nefasto régimen pueda perpetuarse con otros rostros. No es ilógico pensar que estrechándose el cerco en su redor, por un lado y contando aún con el inmenso poder presidencial, por el otro, disponga de los recursos del Estado: financieros, logísticos, administrativos, policiales, servicios de inteligencia, prensa comprada, organismos electorales, etc., para manipular los resultados electorales.

Es fácil imaginar al Presidente apoyando con todo a sus candidatos títeres, aquellos que se disputan el delfinado hediondo, a cambio que estos le aseguren cuidarle las espaldas, mediante una impunidad ignominiosa. De ser así, las elecciones ya no serán una salida democrática a la crisis y al autoritarismo vizcarrista, sino todo lo contrario. Es imprescindible que los demócratas estemos vigilantes y no sucumbamos ante la trampa continuista y perversa, así se disfrace de atavíos eleccionarios.

(*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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