8 de setiembre de 2026

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Por: Bruno de Ayala Bellido / Israel y Turquía: ¿rumbo a una nueva guerra en Medio Oriente?

Bruno de Ayala Bellido

Medio Oriente parece no tener derecho al descanso. Cuando todavía las guerras contra el terrorismo, Irán, Hamás y Hezbolá mantienen a la región en permanente tensión, aparece un nuevo peligro: un eventual enfrentamiento directo entre Israel y Turquía.

Y esta vez no estamos hablando de dos actores menores. Estamos hablando de Israel, una potencia militar y tecnológica, y Turquía, miembro de la OTAN, con uno de los ejércitos más poderosos de la región. Un enfrentamiento entre ambos podría incendiar todo el tablero de Medio Oriente.

El hombre que ha elevado considerablemente la temperatura es Recep Tayyip Erdoğan. El presidente turco ha acusado reiteradamente a Israel de poner en peligro la estabilidad regional y llegó a afirmar que los ataques israelíes contra Siria y Líbano también amenazan a Turquía.

Pero Israel no parece dispuesto a aceptar amenazas.

Benjamin Netanyahu respondió con la contundencia que caracteriza su política de seguridad: Erdoğan, dijo, es un “dictador antisemita” que apoya a Hamás y pretende trasladar su confrontación con Israel al territorio sirio. Netanyahu fue todavía más claro: Israel no tolerará una expansión militar turca hacia el sur de Siria.

Aquí está el verdadero problema.

Siria puede convertirse en el nuevo campo de batalla indirecto entre Ankara y Jerusalén. Turquía pretende mantener y ampliar su influencia sobre el territorio sirio, mientras Israel considera que cualquier despliegue militar que acerque fuerzas turcas a sus fronteras constituye una amenaza estratégica.

Israel ya ha demostrado que no esperará sentado a que esa amenaza se consolide. El ataque israelí contra una base militar siria en agosto fue interpretado precisamente como una advertencia a Ankara.

¿Significa esto que estamos ante una guerra inevitable?

No necesariamente. Y aquí aparece una diferencia fundamental: una cosa es la guerra verbal y otra una guerra entre dos Estados con enormes capacidades militares.

Turquía sabe que atacar directamente a Israel podría desencadenar una crisis internacional de dimensiones imprevisibles. Israel, por su parte, sabe que un enfrentamiento abierto con Turquía tendría consecuencias mucho mayores que sus actuales operaciones contra organizaciones terroristas o contra las estructuras militares iraníes.

Pero nadie debería subestimar el peligro.

El problema no es solamente Erdoğan o Netanyahu. El verdadero peligro está en una escalada accidental: un avión derribado, un ataque mal interpretado, tropas turcas e israelíes enfrentándose en Siria o una operación que produzca víctimas de ambos países.

Israel tiene derecho a defender su seguridad. Y precisamente porque Israel conoce perfectamente la amenaza que significa permitir que fuerzas hostiles se acerquen a sus fronteras, difícilmente aceptará que Siria se convierta en una plataforma militar turca.

Erdoğan puede elevar el tono, amenazar y acusar. Pero Israel ha demostrado durante décadas que cuando considera que su existencia está en juego, actúa.

Por eso, más que preguntar si Israel y Turquía quieren una guerra, habría que preguntarse quién será capaz de detenerla antes de que una chispa en Siria convierta nuevamente a Medio Oriente en un polvorín.

Porque esta vez el enemigo podría no ser Hamás, Hezbolá o Irán.

Esta vez podría ser un miembro de la OTAN.

(*) Analista internacional

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