El Perú es un país mágico e impredecible, una nación de enormes contrastes y profundas desigualdades que, sin embargo, podría estar frente a una oportunidad histórica. Después de años de inestabilidad política, presidentes que no concluyen sus mandatos y una permanente confrontación entre los poderes del Estado, el país tiene la posibilidad de contar con un gobierno que disponga de cinco años para ejecutar un plan de reformas y devolver la predictibilidad que tanto necesita la economía.
Ese será, probablemente, el mayor desafío de Keiko Fujimori. En su cuarto intento alcanza la Presidencia con una experiencia política que pocos dirigentes peruanos poseen. Llega después de haber enfrentado años de confrontación política, investigaciones judiciales y más de quinientos días de prisión preventiva injusta, una medida cuya proporcionalidad fue ampliamente debatida.
El lema de su campaña, «Perú con Orden», resume la principal demanda de los ciudadanos. La inseguridad se ha convertido en la mayor preocupación nacional y exige respuestas firmes, eficientes y dentro del marco constitucional. El fortalecimiento de la Policía Nacional, la recuperación del principio de autoridad, el control de la inmigración ilegal, el combate frontal contra las organizaciones criminales, el uso intensivo de tecnología y una profunda reforma del sistema de justicia constituyen algunos de los principales ejes de su programa de gobierno.
Pero el orden no puede limitarse únicamente a la seguridad. También debe traducirse en crecimiento económico, generación de empleo y ejecución de obras públicas. El Perú mantiene un enorme déficit en infraestructura educativa, sanitaria, vial e hídrica. Miles de comunidades continúan esperando una posta médica, una carretera, un reservorio, un puente o un colegio digno.
En ese aspecto, el nuevo gobierno tendrá que apoyarse decididamente en la inversión privada, impulsar las Asociaciones Público-Privadas y fortalecer mecanismos como Obras por Impuestos para acelerar la ejecución de proyectos que el Estado, por sí solo, ha demostrado ser incapaz de desarrollar con eficiencia. La simplificación administrativa, la digitalización del Estado, la reducción de la burocracia y el destrabe de las inversiones forman parte de los compromisos contenidos en el plan de gobierno de Fuerza Popular.
Tan importante como gobernar será comunicar. Ningún gobierno puede permitirse administrar únicamente desde Palacio de Gobierno. El contacto permanente con las regiones, la presencia en las zonas más alejadas y la capacidad de explicar las decisiones públicas serán elementos indispensables para mantener la legitimidad política durante los próximos cinco años.
En materia económica, el reto consiste en recuperar tasas de crecimiento superiores al 5 %, reducir progresivamente el déficit fiscal, ampliar la base tributaria sin aumentar la carga sobre quienes ya cumplen con sus obligaciones, atraer nuevas inversiones y devolver al Perú el liderazgo económico que alguna vez tuvo en América Latina. Ese es precisamente uno de los objetivos planteados en el programa económico de Fuerza Popular.
No obstante, el camino no estará libre de obstáculos. El eventual impacto del fenómeno de El Niño, la criminalidad organizada, la debilidad institucional y la polarización política representan amenazas reales que exigirán liderazgo, capacidad técnica y firmeza.
Keiko Fujimori no tendrá margen para el error. Después de cuatro candidaturas presidenciales, la ciudadanía evaluará su gestión con una exigencia mucho mayor que la aplicada a cualquier otro presidente reciente. Si logra devolver seguridad, estabilidad económica y crecimiento sostenido, también podrá modificar la percepción histórica que una parte importante del país mantiene sobre el fujimorismo.
(*) Analista internacional



