Después del anuncio del secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, sobre la incorporación del Perú al denominado “Escudo de las Américas”, surge una interrogante inevitable: ¿qué implica para nuestro país formar parte de una iniciativa impulsada por la primera potencia mundial cuando Washington y Pekín se encuentran enfrascados en una creciente disputa comercial, tecnológica y geopolítica?
El “Escudo de las Américas” busca fortalecer la cooperación regional frente al narcotráfico, el crimen organizado y otras amenazas transnacionales. Y hasta ahí, bienvenido sea. El Perú atraviesa una grave crisis de seguridad. Organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y el tráfico de armas actúan con una capacidad que muchas veces parece superar la respuesta del Estado.
Si esta iniciativa permite acceder a mayor inteligencia, tecnología, capacitación y cooperación policial y militar, el Perú tiene mucho que ganar. La inteligencia es hoy una de las principales armas contra el crimen organizado y nuestras fuerzas del orden necesitan herramientas modernas para enfrentar estructuras criminales cada vez más sofisticadas.
Ese es el lado A.
Pero existe un lado B, mucho más delicado: la dimensión geopolítica.
Estados Unidos busca fortalecer su presencia en América Latina frente al creciente peso económico y estratégico de China. Y el Perú ocupa una posición particularmente sensible en ese tablero.
Aquí Lima tiene que actuar con inteligencia, pero también con personalidad propia.
China es nuestro principal socio comercial desde 2014 y el intercambio bilateral alcanzó aproximadamente US$41.000 millones en 2024. Además, la presencia de capitales chinos se ha consolidado en sectores estratégicos de nuestra economía. Diversos estudios estiman la inversión china acumulada en el Perú en decenas de miles de millones de dólares.
El mejor ejemplo es Chancay. El megapuerto, cuya operación comercial comenzó en 2024, puede convertir al Perú en un importante centro logístico del Pacífico sudamericano y fortalecer nuestra conexión con los mercados asiáticos.
Pero aquí aparece la gran paradoja: el Perú necesita a China y también necesita a Estados Unidos.
Necesitamos la inversión, infraestructura, comercio y acceso al gigantesco mercado asiático que representa China. Pero también necesitamos inversión estadounidense, tecnología, cooperación en seguridad y acceso a uno de los mercados más importantes del mundo. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, vigente desde 2009, demuestra la profundidad de esa relación.
Por eso sería un grave error convertir nuestra política exterior en una elección entre Washington y Pekín.
El Perú no tiene que escoger entre el águila y el dragón. Tiene que negociar con ambos.
Si Estados Unidos quiere invertir en infraestructura, energía, minería, tecnología, seguridad o telecomunicaciones, bienvenido.
Si China quiere invertir en puertos, minería, energía, infraestructura, logística o industria, también bienvenido.
Que inviertan.
Que compitan.
Que generen empleo, tecnología y desarrollo.
Pero existe una condición fundamental: que sea Lima, y no Washington ni Pekín, quien determine qué necesita el Perú.
La política exterior peruana debe ser pragmática, soberana y orientada al interés nacional. Tener una relación estratégica con Estados Unidos no significa romper con China. Y mantener excelentes relaciones comerciales con China tampoco significa alejarnos de Washington.
Al contrario: la rivalidad entre las dos superpotencias puede convertirse en una oportunidad histórica para el Perú, siempre que sepamos jugar nuestras cartas.
El Perú no debe convertirse en una pieza sacrificable del tablero geopolítico mundial. Debe convertirse en jugador.
Porque mientras Estados Unidos y China se disputan el liderazgo del siglo XXI, nosotros debemos conseguir que esa competencia se traduzca en inversión, infraestructura, tecnología, empleo y crecimiento.
No se trata de elegir entre Estados Unidos y China. Se trata de que ambos entiendan que el Perú tiene intereses propios y suficiente personalidad para defenderlos.
(*) ANALISTA INTERNACIONAL



