Un filósofo alemán, planteó una incómoda verdad irritante, pero profundamente cierta. Él sentenció que, si matas una alimaña, eres un héroe, pero si matas a una mariposa, mansa paloma en el argot peruano, eres un malvado. La MORAL tiene criterio estético pero limitado espacio para hacer un análisis un poco más profundo a partir de esa brutal reflexión.
Aplicada a la política, esta idea permite entender una realidad frecuente: muchas veces no importa tanto lo que se hace, sino a quién se le hace y quién lo hace. La valoración moral deja de ser universal y se convierte en una herramienta de conveniencia ideológica.
En el Perú, esta lógica puede observarse en ciertos sectores de la izquierda radical y la llamada caviarada. Según sus críticos, estos grupos no juzgan las acciones por criterios objetivos, sino por la identidad política de quienes las ejecutan. Sus aliados son presentados como víctimas o luchadores sociales; sus adversarios, como responsables de todos los males.
Un ejemplo es la interpretación de la violencia terrorista que sufrió el país desde la década de 1980. Sendero Luminoso y el MRTA dejaron miles de muertos y heridas profundas en la sociedad peruana. Sin embargo, diversos sectores promovieron expresiones como “conflicto armado interno”, reemplazando la palabra terrorismo y modificando la percepción pública de los hechos.
De esta manera, algunos responsables de la violencia fueron retratados como actores políticos motivados por ideales sociales, mientras que policías y militares que combatieron el terrorismo fueron frecuentemente asociados a imágenes de represión y abuso. Sin negar que existieron excesos que debían investigarse, esta visión sostiene que se ignoró el sacrificio de quienes defendieron a la población y al Estado de derecho.
La misma lógica se aprecia en el debate sobre los derechos humanos. Cuando existen denuncias contra gobiernos o instituciones que enfrentan a grupos criminales, determinados sectores exigen sanciones inmediatas. Sin embargo, cuando las violaciones ocurren en regímenes afines ideológicamente, como Cuba, Venezuela o Nicaragua, las críticas suelen ser más moderadas o incluso inexistentes.
Frente a este escenario, quienes defienden la libertad, la democracia y el respeto a las instituciones deben reconocer que han permitido que otros construyan gran parte del relato político y moral del país. Como consecuencia, se ha consolidado una visión donde los hechos importan menos que la narrativa utilizada para describirlos.
Esta misma moral estética selectiva, la comprobamos hace unas semanas, cuando López Aliaga denuncia el fraude y las estrategias ilegales e inconstitucionales que aplicó ONPE y JNE para sacarlo de la primera vuelta electoral; Roberto Sánchez que negaba cualquier fraude, hoy en la segunda vuelta electoral se niega a aceptar la derrota y reclama fraude, irregularidades e ilegalidades. Los resultados de la segunda vuelta, como verán, no son fraudulentos, pero quien los denuncia es ¿Alimaña Moral o Mansa Paloma Inmoral?
Esa inmensa mayoría silenciosa que tiene el Peru y que con su esfuerzo diario es dueño de la verdad, tiene que eliminar y desaparecer la moral inmoral y el monopolio de las Mansas Palomas Rojas, que no predican ni actúan bajo parámetros de honor y justicia. ¡Ahí Vamos y veremos!
(*) Teniente General FAP



