Por: Dennis Falvy // El fin justifica los medios

por | Dic 28, 2023 | Opinión

Entre las cosas que leo cotidianamente, son los escritos de mi amigo Sandro Pucci que es uno que escribe sobre política y a alto nivel. Me ha sorprendido su última nota, que me he permitido colocarla en casi su totalidad, pues bien vale la pena leerla.

Empieza Sandro señalando una traducción del texto original e interpretación del texto del capítulo XVIII del tratado político del siglo XVI “Il Principe”, obra original del historiador, diplomático y teórico político italiano Niccolo dei Machiavelli: “En las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Que trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo solo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan, sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse.”

Machiavelli no era un estratega político simplemente, o un maquinador tenebroso como se le suele pintar hoy. Primero que nada, era un historiador, diplomático y teórico político, un prolífico autor entre cuyos mayores méritos se incluye el documentar prolija y acuciosamente lo que había funcionado y no a aquellos que gobernaban y batallaban en el siglo XVI que le tocó vivir, así como en épocas anteriores, sacando en ello patrones de conducta individuales y colectivas pertenecientes a pueblos, comarcas y reinos.

Así como su rol ha sido tergiversado y malinterpretado de forma arbitraria, he de decir también lo ha sido en gran medida su obra.

¿Quién no ha oído la máxima tristemente célebre que se le atribuye: “El fin justifica los medios”? Máxima que, como en el caso de las ideas de otros, a saber, Marx, a saber, Nietzsche, es utilizada para justificar toda clase de barbaridades. Esto les servirá a algunos para desembarazarse de las culpas de sus acciones, pero para el observador objetivo, el que mira la obra de Machiavelli bajo la lupa de su rol de historiador, la verdadera interpretación de sus palabras inmediatamente salta a foco de entre la niebla de las interpretaciones ladinas de los que ya sabemos: “En la historia, los fines siempre han terminado justificando los medios…”

En este diciembre 2023, en nuestro Perú, país que está formado a la vez por múltiples Perú que cohabitan en un mismo territorio geográfico, en las circunstancias tan convulsionadas que nos encontramos, circunstancias plagadas de tantos intereses personales, gremiales, partidarios, intereses que, en buena cuenta, nacen de organizaciones mafiosas o seudo-mafiosas, un personaje como Niccoló dei Machiavelli no nos vendría nada mal. Es decir, alguien que pueda poner los acentos sobre las íes y arriesgarse a proponer el o los derroteros necesarios para salir, hoy, en forma contundente de esta crisis que venimos divisando desde septiembre.

Descontado está que cualquier salida de esta crisis debería ser siempre apelando lo más posible a la Constitución. Pongo énfasis en la frase “lo más posible” ya que, a juzgar por los resultados, últimamente las cosas se han venido sucediendo bastante alejadas de lo Constitucional y, sobre todo, de los Principios y Valores Universales, que son, a fin de cuentas, aquellos que deberíamos tener como marco de comportamiento social y político, ya que desde luego somos (o queremos serlo…) una sociedad que aspira a ser ejemplo de algo más que una “republiqueta bananera”, como antiguamente se les llamaba a los países tercermundistas que no habían alcanzado el desarrollo económico, ético y educativo exigido por los países del primer y segundo mundo.

Este año 2024 no se pinta con buen término y, si nos apegamos al análisis hecho en septiembre, el siguiente, el 2025, tampoco pinta mejor para nadie.

Superficialmente, parece una guerra entre “derecha bruta y achorada” y una “izquierda caviar y pro-terruca”. La verdad es que hoy, la guerra es entre los que “hacen los huecos y aquellos que se dedican a parcharlos”.

Todos piensan y por ende están muy atentos a que es necesario que las cosas sucedan para que tomemos acción: espero a que vengan a abrir el hueco para activar mi función de parcharlo. De esa forma esperamos a que los jueces, fiscales o policías suelten delincuentes, criminales, narcos, etc., para entonces activar a los “parchadores de huecos…”, es decir sometemos a disciplina o echamos a esos malos elementos, como siempre, post facto. De la misma manera, esperamos a que llegue diciembre para comenzar a hacer los trabajos de descolmatación de ríos [es decir retirar la sedimentación o el material sólido que transportan las corrientes de agua hacía los ríos], de quebradas, los trabajos de protección de pueblos, etc, a la espera de un fenómeno de El Niño que, suave o fuerte, viene causando estragos desde hace miles de años. Entonces, llegado diciembre, activamos a los “parchadores de huecos…”, es decir, a la carrera y sin ningún criterio, y con mucha corrupción también, se trata de hacer en un mes lo que se debió hacer en un año. Esperamos a que la gente salga a las calles con violencia, reclamando algo que pudimos resolver semanas, meses o años antes, para entonces, activar a los “parchadores de huecos…”, cuando resulta más eficaz adelantarse a la crisis para neutralizarla antes de que nazca.

Lo que no nos damos cuenta por estar fijos en la idea facilista “derecha bruta y achorada” y/o “izquierda caviar y pro-terruca” es que, en realidad, solo existen los que se dedican a hacer los huecos —y que son de cualquier tendencia dentro del espectro binario derecha-izquierda al que nos gusta reducir la política— y aquellos que inmediatamente salen a tapar el hueco. Lo que ocurre es que nosotros, los espectadores, no nos damos cuenta de que ambos no solo trabajan para la misma empresa familiar llamada “Tu rompes y yo reparo”, sino que nos están haciendo el juego a todos ya que, siendo todos de la misma empresa, suelen coincidir en “misión, objetivo y visión”, al menos en lo que a esa empresa corresponde, porque, claro, ¿qué son las insignificantes diferencias izquierda-derecha cuando a ellos les conviene?

Y es así como terminamos como comenzamos: “En las acciones de los hombres, y particularmente de los príncipes, donde no hay apelación posible, se atiende a los resultados. Que trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque como ya señalé el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo solo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse.”


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