Estamos a pocos días de que la pelota empiece a rodar en la edición número XXIII de la Copa del Mundo. Como hace 56 y 40 años, México volverá a ser sede, esta vez junto con Estados Unidos y Canadá. Dos mundiales inolvidables nos evocan: Brasil 1970 y Argentina 1986. El primero fue el escenario del brillo eterno de Pelé; el segundo, el altar donde Diego Armando Maradona se convirtió en mito.
En 1970, Pelé cerró su campaña gloriosa acompañado de genios como Rivelino, Tostão, Gerson y Jairzinho. Fue el tricampeonato de Brasil, con partidos memorables: Inglaterra-Brasil, Brasil-Perú, Alemania-Italia y la final Brasil-Italia. Aquel torneo nos dejó tres jugadas inmortales que no fueron gol por centímetros: el disparo desde media cancha contra Checoslovaquia, la atajada imposible de Gordon Banks y la genialidad frente a Uruguay. México 70, para muchos entendidos, sigue siendo el mejor mundial de todos los tiempos.
Perú estuvo allí con una generación dorada que eliminó a Argentina en la Bombonera el 31 de agosto de 1969, con un épico 2-2 que dejó fuera a la albiceleste por primera y única vez en la historia.
En 1986, el mundo se rindió ante Maradona. Su “mano de Dios” contra Inglaterra y su conducción mágica hasta la final, donde Argentina venció 3-2 a Alemania con gol de Burruchaga, quedaron inmortalizados en la voz de Víctor Hugo Morales. Pero esa historia no habría sido posible sin la eliminatoria frente al Perú: el Diamante Uribe tuvo en sus pies la clasificación y el Tigre Gareca, con su gol agónico, selló el destino. Maradona nunca olvidó aquella marca histórica de Luis Reyna, que lo anuló en la ida y lo opacó en la vuelta.
Hoy, en 2026, Perú no estará presente —tras su reaparición en Rusia 2018— ni tampoco Italia, ausente por tercera vez consecutiva, siendo el único campeón mundial fuera de la cita.
Este mundial trae la novedad de 48 equipos, muchos de ellos de relleno, aunque estarán todos los campeones, salvo Italia, y los finalistas recientes: Argentina, Francia, Croacia y Marruecos. Será también la despedida de dos gigantes: Lionel Messi, que busca un bicampeonato que no se logra desde 1958-1962, y Cristiano Ronaldo, que con una poderosa Portugal quiere el título que falta en su vitrina.
Mis pronósticos:
Candidatos al título: Argentina, Francia, España y Portugal.
Posibles semifinalistas: Alemania, Inglaterra, Países Bajos, Bélgica, Marruecos, Brasil y Noruega.
Aspirantes a cuartos: Ecuador, Colombia, Croacia, Costa de Marfil, Ghana, Senegal, Uruguay y Suiza.
El torneo arranca el 11 de junio en Ciudad de México con un discreto México-Sudáfrica y cerrará el 19 de julio en Nueva Jersey, donde -me atrevo a decirlo- Portugal levantará la copa.
Habrá 72 partidos en la fase inicial, de los cuales apenas una docena quedarán en la memoria: Brasil-Marruecos, Noruega-Francia, Uruguay-España, Francia-Senegal, Portugal-Colombia, Inglaterra-Croacia, Ecuador-Alemania, Ecuador-Costa de Marfil, Croacia-Ghana, Inglaterra-Ghana, Alemania-Costa de Marfil y Senegal-Noruega.
Luego vendrán los 16avos, cuartos, semifinales y la gran final: 32 partidos de vida o muerte. El fútbol es negocio y la FIFA, una de las corporaciones más poderosas del mundo, ha estirado el torneo con 29 selecciones que poco aportan. Pero, como siempre, la pasión lo salvará.
Habrá calor sofocante, canchas de dudosa calidad y una afición que no siempre acompaña. Sin embargo, millones de fanáticos y turistas harán posible esta fiesta, como lo fue Woodstock en 1969: 39 días de fútbol, fútbol y más fútbol.
Repito mi pronóstico: Cristiano Ronaldo se coronará campeón del mundo, siguiendo la tradición de que no habrá bicampeón, como desde 1958-1962.
Que empiece pronto la fiesta: las interminables horas frente al televisor, las colecciones de figuritas y las charlas apasionadas de los fanáticos del Deporte Rey.



